Los neandertales y los homínidos no estuvieron tan separados como se pensaba, sino que se entrecruzaron frecuentemente, y esto pudo suponer el fin de la especie neandertal. Estas son las conclusiones de un trabajo publicado recientemente en la revista Journal Human Ecology por científicos de las universidades de Arizona y Colorado.
Durante la Edad de Hielo, los grupos humanos empezaron a desplazarse largas distancias para buscar alimento, y esto favoreció los encuentros sexuales entre los neandertales y los Homo sapiens. Como resultado, los neandertales fueron ¨absorbidos¨ genéticamente y su población se extinguió. Como indica Michael Burton, de Arizona, ¨este grupo fue víctima de su propio éxito¨, ya que al adaptarse al cambio climático provocaron su propia desaparición. Estas conclusiones dan la vuelta a las teorías clásicas que afirman que los humanos modernos desplazarían a los neandertales por tener una inteligencia superior.
Modelos informáticos predictivos
El estudio se ha basado en modelos informáticos que documentan los recorridos que habrían realizado 1.500 generaciones de homínidos como respuesta al cambio climático. Aunque los resultados son controvertidos, ya que no se ha encontrado en toda Eurasia ningún yacimiento con restos de las dos especies, esta nueva herramienta abre un prometedor campo en el desarrollo de modelos predictivos sobre el futuro impacto de los seres humanos sobre su entorno.
¿Neandertales entre nosotros?
Los Neandertales podrían seguir entre nosotros, al menos en nuestro ADN, según revela un nuevo estudio realizado por un equipo de antropólogos de la Universidad de Nuevo México. Un análisis genético de 1.983 sujetos procedentes de África, Asia, Europa, América y Oceanía revela que especies de homínidos extintos como Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis se cruzaron con nuestros antepasados al menos en dos ocasiones. Y que algunos de sus genes permanecen todavía hoy en nuestro genoma.
Las variaciones encontradas en 600 secuencias cortas del ADN conocidas como microsatélite, unos marcadores que funcionan como “huellas dactilares genéticas”, apuntan a que el primer cruce importante entre nuestros ancestros y otras especies se produjo en el Mediterráneo hace 60.000 años, después de abandonar África. El segundo encuentro ocurrió en Asia oriental en torno a 45.000 años atrás.
Los hallazgos han sido presentados en la Reunión anual de la Asociación Americana de Antropólogos Físicos, que se acaba de celebrar en Albuquerque. La comunidad científica está pendiente ahora de que se publiquen los resultados con detalle en una revista científica.