Amigos Dipleros, leyendo un poco ( o como dicen por alli web-eando ) encontre este texto y lo comparto con ustedes
Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las nubes insecticidas.
Como el número de las hormigas es una cifra que tiende constantemente a crecer, al cabo de un tiempo hay tantas hormigas bajo tierra que es preciso ampliar los hormigueros. Las galerías se expanden, se entrecruzan, terminan por confundirse en un solo Gran Hormiguero bajo la dirección de una sola Gran Hormiga. Por las dudas, las salidas al exterior son tapiadas a cal y canto. Se suceden las generaciones. Como nunca han franqueado los límites del Gran Hormiguero, incurren en el error de lógica de identificarlo con el Gran Universo.
Pero cierta vez una hormiga se extravía por unos corredores en ruinas, distingue una luz lejana, unos destellos, se aproxima y descubre una boca de salida cuya clausura se ha desmoronado. Con el corazón palpitante, la hormiga sale a la superficie de la tierra. Ve una mañana. Ve un jardín. Ve tallos, hojas, yemas, brotes, pétalos, estambres, rocío. Ve una rosa amarilla. Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después, relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata de explicarles lo que ha visto, grita: ¨Arriba...luz...jardín...hojas...verde...flores...¨ Las demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la hormiga ha enloquecido y la matan.
(Escrito por Pavel Vodnik un día antes de suicidarse. El texto de la fábula apareció en el número 12 de la revista Szpilki y le valió a su director, Jerzy Kott, una multa de cien znacks.)
Marco DENEVI
Escritor argentino, aportó dos atributos a la novelística de su país: ingenio y humor. Nacido en Buenos Aires, estudió la carrera de derecho, pero nunca ejerció la abogacía. Su descripción de los ambientes de esta ciudad son verdaderas joyas de clásico realismo y tienen como máximo exponente a su novela: Rosaura a las diez (1955), adaptada al cine en 1957 por el director argentino Mauro Soffici. Otras obras suyas de ficción son: Falsificaciones (1965) y Un pequeño café (1968). Denevi escribió también numerosos cuentos, uno de ellos trascendental, Ceremonia secreta (1960), adaptado también al cine en 1968 por el director estadounidense Joseph Losey e interpretado por Robert Mitchum, Elizabeth Taylor y Mia Farrow. Denevi ha sido además dramaturgo, con piezas como Los expedientes (1957) y El cuarto de la noche (1962), antólogo de sus propios textos, guionista de cine y televisión, y colaborador del periódico La Nación con artículos sobre la actualidad argentina.