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Viento
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Jueves, 31/03/2011
Viento
El segundo día tuvimos una lucha a muerte con una sombrilla. Al punto que Vane misma llegó a reírse. Para colmo en la playa no había a quién pedirle ayuda porque los seres humanos más próximos estaban por lo menos a mil metros, contra el viento, y se los veía como una tribu de beduinos entre las ráfagas oscuras de la arena que se levantaba del suelo.
- Al menos ellos hicieron su carpa - dijo Juan, envidioso, interrumpiendo su escasa colaboración en el desplegado de la sombrilla.
Fue cunando la sombrilla se nos escapó de las manos, arrancada por la fuerza del ciclón. Rebotó cuatro o cinco veces antes de, en dos segundos, alejarse casi media cuadra.
- ¡Correla, pelotudo! - gritó la Negra. Yo traté de quitarme la arena de las manos ardidas.
- Correla vos... me atreví a decir -. Mirá si me voy a poner a correrla...
Terminamos llevando las reposeras y los bolsos hasta la plataforma de cemento del parador del viejo. Nos sentamos allí, como refugiados kurdos, algo ateridos, cuidando de que no se volaran las ojotas, más reparados del viento.
- Veinte pesos nos costó esa sombrilla.
- Para que la querés, Vane, si no hay sol.



en ¨Bahía Desesperación¨, ¨El Rey de la Milonga y Otros Cuentos¨, Roberto Fontanarrosa, 2005


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