Meditación zen, sin libros, cursos, mantras, imágenes... O palabras. Sólo el compromiso de citarse con uno mismo. En estos tiempos de búsqueda espiritual, maestros de diversas disciplinas se están convirtiendo en guías hacia el autoconocimiento, la templanza y aceptación frente a las adversidades y el gozo de nuestra verdadera naturaleza. Senpo Oshiro es un monje que acompaña en el sendero del aquí y el ahora.
Descendiente de japoneses, es monje budista de la Escuela Soto Zen de Japón (fundada en el siglo XIII por Dogen Zenji), la más extendida del budismo Zen japonés. Empezó a meditar en 1987 en el dojo (lugar de práctica) del Jardín Japonés porteño y visitó como laico monasterios de Brasil y de Japón.
Después de 15 años de trabajo en empresas dejó la profesión de sistemas y, en 2004, tomó los preceptos de monje novicio de la escuela Soto Zen en el monasterio de Shogoji (fundado en el 1338), en Kumamoto, Japón. Allí, en lo profundo en la montaña, sin electricidad, gas ni teléfono, estudió el noviciado por tres años. Al finalizar su formación monástica se dedicó a enseñar y practicar en templos y centros Zen de Sudamérica, regresando a Japón todos los años como instructor en los retiros del monasterio de Shogoji.
¨Para ser monje -explica- es preciso tener un maestro ya que las enseñanzas se transmiten de maestro a discípulo. El orienta y señala el camino. Pero es cada uno quien debe andarlo. Y comienza aquí, ahora. Hay que descubrirlo teniendo el coraje de salir del pequeño yo. Es un proceso de toda la vida, siempre se aprende.¨
De ademanes pausados, comenta que para superar la negatividad hay que realizar cada acto con conciencia completa, parados en el presente sin preocuparse por el pasado ni angustiarse por el mañana. Lo que existe es este ahora, lo que hacemos momento a momento. Acota que muchas veces los sentimientos o las ideas nos hacen sentir en un infierno y otras en un paraíso.
¨A veces estamos atrapados en emociones o pensamientos. No hay que escaparles ni perseguirles: sólo reconocer la realidad tal cual es. Es el principio para aceptar, que no implica resignación.¨ Agrega que con una visión amplia y abierta, ¨un problema puede no ser tan grave como prejuzgábamos y hasta tendrá un aspecto positivo. Igual sucede con lo opuesto. En el monasterio aprendí a agradecer las dificultades, de ellas recibí las mayores enseñanzas.¨
Con una sonrisa que no lo abandona, acota que muchas veces los sentimientos o las ideas nos hacen sentir en un infierno y otras en un paraíso. Recomienda no engancharse con el murmullo de la mente o las emociones que perturban o distraen. ¨Como las nubes –compara-, los pensamientos vienen y se van, pero no los aferramos. Dejamos que fluyan y se vayan con todo lo accesorio, así como en la meditación.¨
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