Bomberos

Por
roceccotti
Miercoles, 02/03/2011
Sólo había la muchacha andando a su lado, con su rostro que brillaba como la nieve al claro de luna, y Montag comprendió que estaba meditando las preguntas que él le había formulado, buscando las mejores respuestas.
- Bueno - dijo ella por fin -, tengo diecisiete años y estoy loca. Mi tío dice que ambas cosas van siempre juntas. Cuando la gente te pregunta la edad, dice, contesta siempre: diecisiete años y loca. ¿Verdad que es muy agradable pasear a esta hora de la noche? Me gusta ver y oler las cosas y, a veces, permanecer levantada toda la noche andando, y ver la salida del sol.
Volvieron a avanzar en silencio y, finalmente, ella dijo con tono pensativo:
- ¿Sabe? No me causa ningún temor.
Él se sorprendió.
- ¿Por qué habría de causarlo?
- Le ocurre a mucha gente. Temer a los bomberos, quiero decir. Pero, al fin y al cabo, usted no es más que un hombre...
En aquel momento, Clarisse McClellan dijo:
- ¿No le importa que le haga preguntas? ¿Cuánto tiempo lleva trabajando de bombero?
- Desde que tenía veinte años, ahora hace ya diez años.
- ¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?
Él se echó a reír.
- ¡Está prohibido por la ley!
- ¡Oh! Claro...
- Es un buen trabajo. El lunes quema a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner, convirtiéndolos en ceniza y, luego, quema las cenizas. Éste es nuestro lema oficial.
Siguieron caminando y la muchacha preguntó:
- ¿Es verdad que, hace mucho tiempo, los bomberos apagaban los incendios en lugar de provocarlos?
- No, las casas han sido siempre a prueba de incendios. Puedes creerme. Te lo digo yo.
- ¡Es extraño! Una vez, oí decir que las casas se quemaban por accidente y hacían falta bomberos para apagar las llamas.
Montag se echó a reir.
de Fahrenheit 451, Ray Bradbury, 1953

Por
roceccotti