Cambio climático y salud animal: El avance silencioso de nuevas enfermedades hacia el norte (por Víctor Madera)

Por
victormadera1
Lunes, 24/08/2026
Cuando hablamos de cambio climático, lo habitual es pensar en el deshielo de los polos, las olas de calor extremas o la escasez de agua. Sin embargo, hay una consecuencia directa del aumento global de las temperaturas de la que rara vez se habla en los informativos, pero que afecta de lleno a nuestras mascotas: el desplazamiento geográfico de parásitos y vectores infecciosos.
En las clínicas veterinarias estamos observando un fenómeno sin precedentes. Enfermedades que hace un par de décadas se consideraban exclusivas de climas tropicales o estrictamente mediterráneos están cruzando fronteras y asentándose en regiones donde antes ni existían. ¿El motivo principal? Los inviernos son cada vez más suaves y las temperaturas medias anuales más altas, creando el hábitat perfecto para que insectos y parásitos expandan sus dominios.
1. El nuevo mapa de la Leishmaniosis y el mosquito flebótomo
Durante años, la leishmaniosis canina era una preocupación casi exclusiva para los propietarios que vivían o viajaban a la mitad sur de la península ibérica o zonas de costa. Hoy en día, la realidad climática es completamente distinta.
• La expansión hacia el norte: El flebótomo —el mosquito transmisor de este protozoo— ha encontrado en el centro, norte e incluso en zonas de alta montaña un clima cada vez más cálido y propicio para su supervivencia y reproducción.
• El cambio en las pautas clínicas: Lo que antes era una prevención estacional en verano ahora se está convirtiendo en un protocolo de protección anual. Los veterinarios nos vemos obligados a recomendar collares repelentes, pipetas y vacunaciones preventivas en regiones del norte donde antes los veterinarios rara vez diagnosticaban un caso autóctono.
2. Vectores emergentes: garrapatas resistentes y nuevos parásitos
Las garrapatas son otro claro termómetro del cambio climático. Su ciclo biológico se ve acelerado por el calor y la humedad persistente, lo que significa que ya no mueren o seletargan durante los inviernos fríos como solían hacerlo antes.
• Prolongación de la temporada de riesgo: La "temporada de garrapatas" ha dejado de existir; ahora es prácticamente continua durante todo el año.
• Nuevas patologías hemáticas: Esto no solo incrementa el número de parásitos en el medio ambiente, sino que favorece la llegada de especies de garrapatas exóticas y la propagación de enfermedades graves que transmiten, como la anaplasmosis, la babesiosis o la ehrlichiosis, complicando los cuadros clínicos que tratamos en consulta.
3. El gusano del corazón (Dirofilariosis) y las zonas húmedas
La dirofilariosis cardiorrespiratoria es otra patología claramente vinculada al agua estancada y a los mosquitos culícidos. A medida que las lluvias torrenciales estivales y los cambios en los regímenes hídricos alteran el entorno, las zonas húmedas se expanden o se desplazan.
• Riesgo en nuevas áreas: Los perros que viven en zonas de interior o del norte peninsular que antes estaban libres de este parásito hoy se enfrentan a un riesgo real debido a la proliferación de mosquitos adaptados a estos nuevos microclimas urbanos y rurales.
Conclusión: La medicina veterinaria ante el reto climático
El cambio climático no es solo un problema ambiental abstracto; es un desafío clínico diario. Como veterinarios, nuestro papel ya no consiste únicamente en curar enfermedades locales, sino en anticiparnos a un escenario cambiante donde la medicina preventiva se convierte en el mejor escudo para proteger la salud de nuestros animales.
Adaptar las pautas de desparasitación, concienciar sobre la importancia de la prevención durante todo el año y entender que el clima ya no es el que era son pasos fundamentales para garantizar el bienestar de nuestras mascotas frente a esta nueva realidad global.
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