La anestesia veterinaria: un arte adaptado a cada especie (por Víctor Madera)

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victormadera1
Miercoles, 21/01/2026
Cuando pensamos en anestesia, solemos imaginar quirófanos humanos, monitores y médicos especializados. Sin embargo, en la veterinaria la anestesia representa un desafío aún mayor, ya que no se aplica a una sola especie, sino a una enorme diversidad de animales con anatomías, metabolismos y comportamientos muy distintos. Anestesiar a un perro no tiene nada que ver con anestesiar a un gato, un caballo, un ave o un reptil, y ahí es donde la anestesia veterinaria se convierte en una verdadera combinación de ciencia, experiencia y observación.
La anestesia veterinaria tiene como objetivo principal eliminar el dolor, la conciencia y el movimiento durante procedimientos quirúrgicos o diagnósticos. Para lograrlo, el veterinario debe elegir fármacos adecuados, calcular dosis precisas y monitorear constantemente al paciente. A diferencia de los humanos, los animales no pueden comunicar cómo se sienten, por lo que el profesional debe interpretar señales fisiológicas como la frecuencia cardíaca, la respiración, la temperatura corporal y los reflejos.
Uno de los mayores retos es que cada especie metaboliza los anestésicos de forma distinta. Por ejemplo, los gatos tienen una capacidad limitada para procesar ciertos fármacos en el hígado, lo que los hace más sensibles a algunas sustancias. Los perros, en cambio, suelen tolerar una mayor variedad de anestésicos, pero su respuesta puede variar mucho según la raza, la edad y el estado de salud. Un bulldog no se anestesia igual que un galgo, debido a diferencias en su anatomía respiratoria y composición corporal.
En animales grandes como los caballos o el ganado, la anestesia implica riesgos adicionales. Su peso y tamaño hacen que el manejo físico sea complicado, y el simple hecho de que un caballo se caiga al inducir la anestesia puede causar lesiones graves. Además, estos animales son muy sensibles a los cambios en la presión sanguínea y en la oxigenación, por lo que muchos procedimientos se realizan con anestesia parcial o sedación profunda en lugar de anestesia general completa.
El caso de los animales exóticos es aún más complejo. Aves, reptiles y pequeños mamíferos tienen metabolismos extremadamente rápidos o, en el caso de los reptiles, dependientes de la temperatura ambiental. Un reptil anestesiado en un ambiente frío puede tardar horas en despertar, mientras que un ave puede entrar en paro respiratorio si no se controla con precisión. Por eso, la anestesia en estos animales requiere conocimientos muy especializados y equipos adaptados.
En los últimos años, la anestesia veterinaria ha avanzado enormemente. El uso de anestesia inhalatoria más segura, monitores multiparámetro y mejores protocolos de analgesia ha reducido significativamente los riesgos. Además, hoy se da mucha importancia al manejo del dolor postoperatorio, entendiendo que el bienestar animal no termina cuando acaba la cirugía.
En conclusión, la anestesia veterinaria es mucho más que “dormir” a un animal. Es una disciplina compleja que exige conocimiento profundo de fisiología, farmacología y comportamiento animal. Cada paciente es único, y cada especie presenta desafíos distintos. Gracias a estos avances, hoy en día es posible realizar procedimientos cada vez más seguros, mejorando la calidad de vida y el bienestar de los animales que dependen del cuidado veterinario.
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