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¿por qué hay que tomárselo en serio?
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Lunes, 15/03/2010
¿por qué hay que tomárselo en serio?
La vida puede ser un valle de lágrimas, como decía Santa Teresa de Jesús o una apasionante aventura si se mira desde el prisma del humor. “Si puedes reírte de lo que te ocurre, podrás sobrevivirlo”, dice el actor Bill Cosby. Psicólogos y psicoterapeutas nos ayudan a desentrañar los beneficios del humor.

Cuentan que el director y actor italiano Roberto Benigni leyó hace años una biografía de Trotsky en la que narraba que mientras esperaba a que Stalin diera la orden para su fusilamiento, escribió: “La vida es maravillosa”. A partir de esta idea, Benigni rodó una de las películas más optimistas y vitalistas de la historia del cine: La vida es bella.
En ella, el propio Benigni daba vida a Guido, un judío italiano que utiliza el humor como arma para defenderse contra el terror, el miedo y la desesperación. Internado junto a su hijo en un campo de concentración, para preservar al pequeño de tanto horror y de una realidad que de otro modo sería física y psicológicamente insoportable de vivir, le introduce, a través del humor, en un mundo paralelo, transformando la cruda realidad en un divertido juego. La finalidad: proteger la inocencia del niño y mostrar que, incluso en los momentos de mayor dolor y opresión, la vida puede seguir siendo fascinante.
Ninguna otra película ha demostrado como ésta lo que psiquiatras, psicólogos y especialistas llevan años confirmando: que hay que tomarse en serio el humor. “Se trata de un estado de ánimo que no empeora las situaciones –señala la doctora Ángeles Rubio Gil, profesora de Psicología en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y autora del libro Cuando la vida nos lo pone difícil (Amat Editores)–. Una actitud positiva, humorística, presupone que antes que dejarnos vencer por la adversidad, somos capaces de mirarla con cierta distancia, incrementando la autoestima. También la mayor serenidad disminuirá los pensamientos obsesivos, las preocupaciones innecesarias, permitiéndonos ver mejor la salida del problema. Además, la alegría hará que nuestra compañía sea más deseable para las personas del entorno, a la vez que contribuirá a incrementar las posibilidades de apoyo y ayuda. Sobre todo, el buen humor nos permite aprender a relativizar la gravedad de las situaciones, a dar a cada dificultad una medida más exacta y la posibilidad, nada desdeñable, de desdramatizar. Porque como dice el escritor y pensador armenio Gurdjieff, “los hechos no nos afectan por lo que son en sí mismos, sino por lo que pensamos acerca de ellos”.

Técnica mental

Y sin embargo, a pesar del valor terapéutico del humor, el ser humano va perdiendo la capacidad de reír a medida que va envejeciendo. Numerosos estudios relacionados con el tema demuestran que mientras que un niño pequeño puede reír hasta 300 veces al día, un adulto lo hace de media, tan sólo unas 60 veces. “A partir de los 6 años empezamos ya a perder la risa. ¿Por qué? Porque nos enseñan a ver la vida desde un prisma muy trágico. No digo serio, porque seriedad y alegría pueden ser compatibles. Lo que no es compatible es tristeza y seriedad. Y, sin embargo, nosotros lo confundimos y aprendemos a ver las cosas desde ópticas más desagradables. La sociedad lo que nos hace es que seamos inseguros. La forma de ser inseguros es ser triste y la tristeza es el primer paso de cualquier enfermedad, tanto física como mental”, explica el psicólogo clínico José Elías, autor de Guía práctica de la risoterapia (Orión). Elías fue el pionero en España en la utilización de la risoterapia como técnica mental para el desarrollo personal y profesional, una técnica que importó directamente de Nepal. “Tras acabar la carrera de psicología –cuenta el experto–, una de las cosas de las que me di cuenta era de que todas las técnicas que en aquel momento había eran tristes, serias. Fueron los lamas tibetanos los que me enseñaron que hay que reírse de dos cosas importantes: primero, de nuestras capacidades limitadas, porque así las relativizas, las reduces y las puedes afrontar, y en segundo lugar, de la vida, que es una tragicomedia. Ya lo decía Herman Hesse: “La vida es un juego.?Si no juegas, no vas a ganar”.

Actitud positiva

Tener sentido del humor no significa que se tenga que ir contando chistes a todas horas o imitando a nuestro cómico favorito por los despachos, ni pretender ser graciosos continuamente. Es más bien una actitud positiva ante las cosas, como sostiene Carlos Alemany, Catedrático de la Universidad Pontificia Comillas y precursor de la Primera Jornada de Humor, Psicología y Psicoterapia que en 2003 se celebró en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. “Nos ayuda a trascender la realidad, se basa en el doble juego de palabras, en tomarse en broma realidades profundas. No se trata del humor irónico y muy negativo que se utiliza para ridiculizar o para denigrar, sino del que te permite tener una visión trascendente y positiva de las cosas que incluye tus meteduras de pata, tus fracasos, tus errores”, sostiene el catedrático.

El humor cura

Es una magnífica vía para expresar sentimientos y emociones que en un momento determinado no sabemos cómo comunicar. También ayuda a los niños más tímidos y reservados a socializarse y, en ocasiones, hasta podemos utilizarlo como una herramienta para salir de ciertas dificultades que se nos pueda presentar. A esto el psicólogo y dibujante Ángel Rodríguez Idígoras en el libro El valor terapéutico del humor (Desclée de Brouwer) añade: “Favorece la adaptación al cambio, es muy valioso cuando se trata de defenderse de una crítica o una ofensa que desafía el equilibrio emocional, puede ayudar a prevenir conflictos”.
Hace unos años, el hotel Hesperia de Madrid organizó un casting para seleccionar a su personal. Contrataron los servicios de un profesor de teatro y sometieron a los candidatos a pruebas para comprobar cuál era su respuesta. “Les hicimos simular situaciones reales e irreales para hacernos una idea de su talante y ver si en momentos de estrés podían solucionar el asunto pacíficamente y una sonrisa. Aunque después hubo otras pruebas más convencionales, la valoración del sentido del humor era condición indispensable para acceder a las siguientes”, explicó el director general, Ton Lodder. El humor en el trabajo empieza a apreciarse cada día más, porque se ha demostrado que ayuda a distender el ambiente laboral y mejoran las relaciones interpersonales.
Y tiene un gran poder curativo. La relación entre el carácter taciturno y la enfermedad la tenía clara, hace mucho tiempo Galeno, que averiguó que las mujeres con temperamento melancólico tenían más probabilidades de padecer tumores mamarios que las jocosas. “Las personas tristes y demasiado serias son más propensas a los catarros que las alegres, el vínculo entre carencia de humor y patología está más que demostrado”, explica Rodríguez Idígoras.

Alegría y salud

Por eso, por sus beneficios balsámicos: cada vez son más los hospitales, como el de San Rafael, la Paz o el del Niño Jesús en Madrid que cuentan con los servicios de payasos profesionales para paliar el malestar que ocasiona la estancia de los más pequeños en los centros hospitalarios, cuando no para acelerar la recuperación de los enfermos.
Hay que aprender a reírse y a ver la vida bajo el prisma del humor, como invita el escritor boliviano Eduardo Galeano: “El humor tiene la capacidad de devolverte la certeza de que la vida merece la pena.?Y uno se salva a veces, por el chiste, por el mágico sonido de la risa, que puede no ser tu risa; por la escondida capacidad de tomarte el pelo, de verte desde fuera y reírte de ti mismo. Creo que eso es lo que me ha salvado a mí”.


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