Estrés de fin de año: qué nos llevamos de la pandemia 2020

Por
buenapraxis
Domingo, 13/12/2020
Cuando el año pasado escribí el artículo ¨Estrés de fin de año. Balance emocional y físico¨, comenté acerca de que había un estrés mitigado que lo traemos de nuestros orígenes biológicos limitado a los mecanismos de acción y reacción para preservarnos de una situación de riesgo o alarma.
El estrés nocivo, que enferma, es el que se da de manera permanente, en nuestra ¨alocada¨ vida diaria especialmente en las grandes urbes asociadas a situaciones económicas, de inseguridad y socio-familiares que nos llevan a una permanente descarga de hormonas como catecolaminas y cortisol que desembocan en enfermedades cardiovasculares, oncológicas y psicosociales entre otras.
Este año que estamos por terminar ha sido un emblema del stress permanente. Una larga cuarentena para preservarnos del contagio del virus COVID 19, teniendo que incorporar a nuestras vidas ciertos hábitos como el distanciamiento social, el uso de tapabocas y la permanente higiene de manos y vestimenta.
Algo que nuestra especie humana desde sus ancestros la ha caracterizado es vivir en comunidad. A partir de allí hemos desarrollado costumbres como compartir una mesa, diversiones, estudio, trabajos e incluso sepultar a nuestros queridos difuntos.
Lo ¨virtual¨ en un principio fue una linda novedad. El ¨Home Office¨ pasó de ser un ¨Qué bueno está esto. Estoy distendido en casa hasta en pijamas¨ a un ¨No me aguanto más no estar con mis compañeros¨ y hasta ¨Ya no soporto a mi familia¨.
La expectativa acerca de ¨Cuándo se va a terminar esto¨; ¨Las complicaciones para salir de vacaciones¨; ¨Ni siquiera nos podremos juntar para las Fiestas de fin de año¨ genera emociones encontradas que pasan por un amplio abanico de sensaciones cuyos extremos van desde la obsesión del miedo al contagio hasta la rebeldía del ¨A mí nada me va a pasar o que todo es un gran invento¨.
Así llegamos al fin del 2020. Cada uno sabrá cómo se siente y qué expectativas tendrá para el 2021.
Y aquí juega un rol central nuestro nivel de ¨resiliencia¨. Recordemos que este término se refiere a la capacidad de transformar una situación negativa en un aprendizaje para transformarla en experiencias de crecimiento y madurez.
Personalmente soy un convencido de que ¨nada pasa porque sí¨. Quizás la Humanidad estaba necesitando un freno para darse cuenta que el individualismo a nada nos lleva. Que nos necesitamos mutuamente. Aprender a confiar y buscarnos más unos a otros.
Que somos ¨frágiles¨ y que un diminuto virus puede acabar con la vida. La muerte nos golpeó de cerca a todos… quizás nos pueda eso llevar a valorar más la Vida, cada momento. No vivir tanto con el reloj y sí más con el corazón. Vivir menos con la tecnología y sí más con nuestros oídos y gestos para hacer bien al otro y a uno mismo.
Ser más Humanos y menos Robóticos... Aprender a gozar y valorar lo que tengo y lo que soy. Aprender a reconocer en el otro lo bueno y aceptar lo que no es y creo que debería ser y no malgastar energía en que sea como yo quiero que sea.
Muchos aprenderán del 2020... otros seguirán igual, inmersos en sus problemas muchas veces inventados o generados por la imprudencia, el egoísmo o el materialismo irracional.
Autor: Dr. Miguel Carlos Sangiovanni (M.N. 78.412 // M.P. 222789)
Máster en Hipertensión Arterial y Mecánica Vascular de DIM Centros de Salud

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