Diciembre

Por
lourdes
Lunes, 03/12/2018
Comenzamos el último mes del año, y para comenzar esta reflexión los invito a hacer un pequeño ejercicio. Piensen un momento en diciembre e imaginen con qué palabras, sensaciones o imágenes lo asocian. Fíjense las primeras que vengan, sin mucho pensar…
Tal vez aparecieron algunas de estas: fin de año, cansancio, fiestas, actos, festejos, despedidas, pan dulce, paz, brindis, regalos, familia, stress, comida, conflictos, calor, unión… por lo menos estas son algunas de las que me surgieron a mí. Suele ser un mes muy cargado, con muchas actividades y reuniones. Parece que todos tenemos que juntarnos o vernos “antes de fin de año”, como si se terminara el mundo y no el año. Incluso puede ser un tiempo conflictivo socialmente. Desde el fatídico 2001 se mira diciembre como un mes peligroso, propenso a desbordes o estallidos. Y en medio de todo esto ¡celebramos Navidad! Por eso quiero proponer que traslademos la Navidad a otra época del año más tranquila (¿qué les parece agosto? Incluso hace frío y la comida repleta de calorías sería más acorde). Además quedaría separada del año nuevo (eso de hacer dos fiestas grandes con una semana de diferencia…).
Obviamente la propuesta es un chiste y tiene más de ridículo que de posible. Pero quisiera que notemos que muchas veces sentimos que la Navidad viene en un tiempo poco indicado. Y a esto hay que sumar que nuestros tiempos personales a veces no son los más propicios para celebrar: justo en estos días que tengo tanto para hacer, justo ahora que estoy de duelo por alguien que me falta, justo este año que tengo tan poca plata, justo en este tiempo en que a Dios lo tengo medio olvidado, justo cuando estamos peleados en la familia… siempre parece estar pasando algo que nos impide celebrar plenamente la Navidad.
Pero pensemos en la primera Navidad, en el nacimiento de Jesús. También ese fue un tiempo poco oportuno: sus padres eran una pareja de recién casados, estaban fuera de su hogar, ni siquiera habían conseguido un alojamiento adecuado…¿justo ahí tuvo que nacer? Pero creo que justamente esa es una de las claves más importantes de esta fiesta: Dios viene a irrumpir en medio de nuestra vida, entre tantas cosas que nos distraen y nos confunden. Y quiere decirnos que Él quiere caminar con nosotros, acompañarnos en nuestras alegrías y tristezas, tirar con nosotros del carro y compartir la mesa y la fiesta. Celebrar la Navidad es celebrar al Emanuel, al “Dios con nosotros”, al que encontramos a la vuelta de la esquina, en medio de las tareas cotidianas y en cada persona con la que nos cruzamos.
Por eso, celebrar la Navidad en medio de los líos de diciembre es creer que Dios siempre irrumpe en medio de lo cotidiano. Es asumir el desafío de descubrirlo escondido y manifiesto a la vez: como un niño recién nacido y envuelto en pañales recostado en un pesebre. El niño es pequeño y exige atención para no pasar de largo sin verlo, pero el pesebre está abierto a todos, esperando que entremos para encontrarnos. Que Jesús nos regale estar atentos a su llegada, que se hace realidad todos los días. Que vivamos un diciembre en paz y una feliz Navidad!
p. Willy

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