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La sociedad de los poetas muertos
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Jueves, 04/10/2018
La sociedad de los poetas muertos
No sé si recuerdan esta película. Se estrenó hace casi 30 años y en su momento causó bastante sensación. Narra la historia de un profesor de literatura en un colegio tradicional de fines de los años 50. Su modo de enseñar es bastante poco tradicional, porque su deseo es que sus alumnos puedan acercarse, a través de la poesía, a otro modo de ver el mundo. Yo recuerdo que en su momento la vi y me gustó bastante. No sé si habrá resistido el paso del tiempo (no todas las películas lo hacen), pero hace poco y un poco por casualidad, volví a ver una escena.
El profesor quiere hablarles de una poesía y de una expresión latina: “Carpe diem” (que significa algo así como “aprovecha el día”). Para hacerlo, los lleva al corredor del colegio donde se encuentran una serie de vitrinas con las fotos de los antiguos egresados. Los invita a acercarse y ver sus rostros de cerca, a sentir su parecido con ellos ya que en la foto tenían la misma edad de los alumnos, sus mismos deseos, conflictos y necesidades. Seguro que estaban llenos de esperanzas de hacer cosas grandes. Pero, ¿lo habrán logrado? ¿habrán aprovechado el momento oportuno? Porque en ese momento todos ellos ya están muertos. Por eso, para el profesor, el mensaje de las antiguas generaciones es: “aprovechen el día”, porque pronto su vida habrá pasado.
Volví a ver esta escena trabajando el libro del Eclesiastés que estuvimos meditando en los encuentros bíblicos de septiembre. Este hermoso libro del Antiguo Testamento nos presenta como pocos la fragilidad de la vida. Su frase cabecera, que suele ser casi lo único recordado de este texto es: “Vanidad de vanidad, todo es vanidad”. Para el autor, la vida es vana como el humo, liviana como un soplo. Por eso se recuerda con mucha crudeza que el fin de todos los humanos es la muerte. Pero este no es el único mensaje del libro. A lo largo del texto se repite un estribillo que con palabras parecidas repite una misma idea:
“Come tu pan con alegría y bebe tranquilamente tu vino, porque a Dios ya le agradaron tus obras. Que tu ropa sea siempre blanca y nunca falte el perfume en tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, mientras dure esa vana existencia que Dios te concede bajo el sol” (Ecle 9,7-9).
Si Eclesiastés nos recuerda la certeza de la muerte también, como pocos otros textos, nos invita a disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas de la vida.
Creo que no es casual que en ambos casos estén unidas estas dos ideas: la muerte y el disfrute. Parece que una reclama la otra, o son las dos caras de la misma moneda. En nuestra cultura muchas veces se niega uno de los polos: para disfrutar no hay que pensar en lo frágil de la vida, porque “si pensás demasiado te amargás”…o si no, se vive muy conscientes de lo pasajero y por eso se sospecha del disfrute y del gozo (a veces la religiosidad es presentada así). Sin embargo los sabios de todos los tiempos son los que pudieron vivir ambos polos a la vez. Sin ir más lejos, es lo que hacen muchos enfermos que, ante la incertidumbre acerca de su vida, aprenden a disfrutar del día a día, valorando lo que antes se vivía indiferentemente.
No esperemos a estar enfermos, disfrutemos hoy de las cosas simples que Dios nos regala cada día.


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