Fue en los tiempos de la crisis del 2001, que los obispos de Argentina invitaron a rezar por el país y, para eso, propusieron una oración. El texto caló hondamente en muchas personas y comunidades que lo adoptaron dentro de sus rezos habituales. En nuestra parroquia, por ejemplo, lo sumamos al cancionero y lo utilizamos en fiestas patrias, jornadas electorales u otras ocasiones especiales. La oración es muy bella, con una serie de pedidos e imágenes claras y concretas que nos invitan al diálogo y al encuentro. Al comienzo, luego de invocar a Jesús como Señor de la historia, dice “nos sentimos heridos y agobiados”.
La oración nació en un momento de crisis muy profunda y creo que en esos tiempos de comienzo de siglo nadie dudaba que el agobio era generalizado. A partir de ese momento, muchas veces me he preguntado si era bueno que cada vez que rezáramos por la patria repitiéramos esa idea de estar heridos y agobiados. ¿No vendrían tiempos mejores? ¿No llegaría el momento en que pudiéramos rezar por el país sin estar en una crisis? Repetir siempre esas palabras, ¿no era una manera de no valorar los avances, pasos o cambios?
A lo largo de la historia reciente del país, hubo momentos en que algunos pensaron que estábamos mejor, pero otros opinaban que estábamos peor. Luego se invirtió y estos pensaron que era un buen momento y los otros decían lo contrario. En tiempos difíciles algunos creen que estamos mal pero vamos bien, y otros aseguran que el camino nos lleva a situaciones cada vez peores. ¿Quién tiene razón? Cada uno tendrá su opinión y propuesta… pero tristemente sigue siendo realidad que volvemos a experimentar la herida y el agobio…
Por eso, al recordar esas palabras, me vuelve a resonar la invitación que Jesús nos hace:
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11, 28).
Experimentar el agobio nos hace destinatarios especiales de estas palabras de Jesús, es una ocasión propicia para acercarnos confiados a su presencia. Hoy me pregunto qué significará esto para el país. Podríamos pensar que tenemos que confiar en Él y creer firmemente que no nos va a abandonar. Seguro… pero Jesús no va a suplantar nuestro lugar y nuestra tarea. Él no va a resolvernos los conflictos y los problemas. Tal vez, acercarnos a Jesús, hoy más que nunca, significa volver a mirar la realidad como Él la mira, elegir sus valores y prioridades, privilegiar a los que Él privilegia…
Jesús no tuvo una mirada ingenua ni poco pensante. Tuvo opiniones fuertes y claras, por eso lo mataron. Pero nunca cayó en la descalificación del otro, en la agresión o en la incapacidad de encontrarse. Tuvo palabras durísimas contra los fariseos, pero los visitaba en sus casas y compartía la mesa con ellos. Cada una de sus acciones se basaba en la convicción de que no hay personas de más en este mundo, nadie sobra, todos tenemos un valor infinito porque somos hijos amados del Padre, que hace salir el sol sobre buenos y malos. Por eso, aquellos que tienen su vida más amenazada, por pobreza, enfermedad o marginación, serán siempre sus privilegiados.
Que en este tiempo, podamos volver a mirar a Jesús para seguir encontrando juntos el modo de construir una patria de hermanos. Tal vez algún día, esa frase de la oración por la patria será solo un recuerdo de épocas difíciles…
P. Willy