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¿Libres o sueltos?
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Domingo, 04/03/2018
¿Libres o sueltos?
Recuerdo que hace algunos años, se lanzó una campaña de misión para jóvenes con esta pregunta: ¿libres o sueltos? El objetivo era provocar la reflexión sobre lo que significaba la libertad, especialmente entre los jóvenes, ya que suele ser un bien muy valorado por ellos. La pregunta me pareció interesante, y me hizo pensar en su momento y me sigue haciendo pensar hoy… ¿cuál es la diferencia entre estar suelto y ser libre? ¿cualquier libertad es válida?
Cuando comenzamos el tiempo de Cuaresma, muy cerquita de las fiestas patronales, todavía teníamos muy fresco el pedido que le hicimos a María en ese día: un corazón libre para acompañarnos en el camino. Por eso nos pareció que este tiempo de preparación hacia la Pascua era una buena oportunidad para reflexionar sobre la libertad. Porque estoy seguro que Jesús nos quiere libres. Así lo afirma con fuerza San Pablo:
“Para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gal 5,1)
Pero, ¿en qué sentido? ¿libres de qué? Y sobre todo, ¿libres para qué?
A lo largo de estos domingos, tal vez fuimos descubriendo que no todas las ideas de libertad que tenemos son las de la libertad cristiana. A veces deseamos una libertad que es puro egoísmo: hacer lo que queremos, sin importarnos los que tenemos a nuestro lado, sin percibir si los lastimamos, los molestamos o los perjudicamos. A veces confundimos la libertad con el aislamiento: nos imaginamos que lo ideal sería estar en una isla desierta, sin que nadie nos reclame, nos pida algo o nos moleste con su necesidad. A veces mezclamos la libertad con la soberbia y, defendiendo nuestras opiniones o nuestros modos de vida, nos volvemos impermeables a los cuestionamientos y dejamos de estar abiertos a la novedad que nos traen los otros. Por eso, no toda las ideas de libertad nos hacen mejores personas y mejores cristianos.
Por eso San Pablo continúa su reflexión diciendo:
“Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales, háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor” (5,13).
Creo que la gran libertad que nos viene a regalar Jesús, es la liberación del egoísmo. Aquel que vive preso de sus propios caprichos y deseos, aquel que no puede dejar un poco de lado su necesidad aunque se da cuenta de que hay otro que necesita más, aquel que no puede percibir que hay otros alrededor y que sus acciones los influyen… ese es el que vive esclavo, esclavo de sí mismo, esclavo de individualismo. No puede elegir, porque eligen sus caprichos.
Es sorprendente que San Pablo asocie la libertad con el servicio. Pareciera que son dos caminos contrapuestos. Pero no es así para que el que vive la libertad cristiana: el objetivo de la vida nueva que nos trae el Resucitado es que dejando atrás las esclavitudes que nos gobernaban, podamos entregar nuestra vida en el servicio generoso a los hermanos. Así lo vivió Jesús, que como gesto supremo de su libertad y de su amor, aceptó donar su propia vida para el bien de todos. Atado en la cruz, sin poder moverse ni huir, es el más libre de todos, ya que como bien lo había dicho: “nadie me quita la vida, la doy para recobrarla” (Jn 10,18). Que la próxima celebración de la Pascua nos confirme en el deseo de ser cada día más libres, y por eso, cada día más servidores de los hermanos. ¡Feliz Pascua!
P. Willy


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