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Caminos que se cruzan
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Viernes, 02/02/2018
Caminos que se cruzan
Siempre me pareció muy linda la letra de una canción que dice:
“Hay caminos que se juntan como los hay paralelos, por si alguien me necesita los que se cruzan prefiero, al encontrarse los nuestros pudimos fundar un sueño”
. Me gusta porque tiene la sencillez de lo real. Es verdad que hay caminos que corren paralelos todo el tiempo: personas con las que no entramos en contacto, que no conocemos, que no compartimos nada. Tal vez viven cerca y no tenemos nada en contra de ellas, pero simplemente no tuvimos la oportunidad de encontrarnos. En cambio con otros, nuestros caminos se han cruzado, porque somos familia, porque fuimos al colegio juntos, porque tenemos intereses en común. Cuando se cruzan los caminos, nacen los sueños.
Pero me gusta que se hable de caminos que se cruzan, y no que se unen o se funden. Porque no siempre encontrarse quiere decir caminar juntos todo el tiempo. A veces compartimos un tiempo, una búsqueda, un proyecto, y después nuestros rumbos se separaron. No necesariamente porque haya habido un conflicto, sino simplemente porque fuimos tras distintos horizontes. Incluso con quienes compartimos más intensamente, tal vez hay aspectos de su vida en los que no estamos presentes. Son sendas que se cruzan y se separan todo el tiempo.
Cuando en la comunidad pensábamos en algo para pedirle a la Virgen en este tiempo, creímos que era necesario que Ella nos diera “un corazón libre para acompañarnos en nuestro caminar”. ¿Por qué un corazón libre?
Un corazón libre para aceptar con serenidad que los caminos de los demás son distintos de los nuestros. Esto requiere sabiduría, paciencia y generosidad. Un camino distinto no quiere decir necesariamente malo. Sólo que va por otro lado. Incluso a veces para llegar al mismo destino. Por eso es necesario no imponer ni controlar.
Un corazón libre para comprender que aunque nuestros caminos sean diferentes, tal vez podemos acompañarnos un tramo. Como cuando nos desviamos de nuestra vuelta a casa para ir junto a un amigo que va para otro lado. “Te acompaño unas cuadras y después vuelvo”, decimos. Qué lindo que fuera esa nuestra actitud en la vida. Saber “desviarnos y perder un poco el tiempo” para estar al lado del que está más solo y necesita una mano.
Un corazón libre para saber que no somos los dueños de los que están a nuestro lado. Y por eso hay que saber dejarlos en libertad, no atarlos con condiciones ni presiones, sino soltar con la generosidad del que no quiere poseer egoístamente. Seguramente es uno de los desafíos más grandes para los padres y madres: dejar que sus hijos e hijas tomen vuelo y vayan para donde ellos quieran.
Un corazón libre para dejarnos cuestionar por los que caminan a nuestro lado, para revisar una y otra vez si el camino es el correcto, para saber cambiar de rumbo a tiempo, aceptando que estábamos equivocados, pidiendo perdón y recomenzado.
Un corazón libre para celebrar cada encuentro, cada cruce de senderos, cada abrazo y cada despedida. Por eso, los invitamos a todos a participar de las fiestas patronales. Es un lindo momento para cruzar nuestros caminos y refundar nuestro sueño. Los esperamos!
P. Willy


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