Vaciar la casa

Por
lourdes
Martes, 07/03/2017
Tal vez muchos hemos tenido la experiencia de tener que vaciar una casa. Por una mudanza, por un cambio, porque fallecieron los que vivían en ella… hay que hacer esa tarea que requiere paciencia, dedicación y esmero. Hay que revisar todo, separar lo que nos vamos a llevar y lo que no queremos. Esto último hay que decidir si le sirve a alguien, si se puede donar o vender, o si simplemente hay que tirarlo. Por muy ordenados que hayan sido los dueños de casa, siempre hay muchísimas cosas para tirar: papeles, frascos, cartones, libros viejos, casetes o discos que ya ni podemos escuchar, botellas y descartables varios, controles remotos de equipos que se rompieron… tantas cosas guardadas por si servían en algún momento o porque daba lástima tirar. Cuantos más años se vivieron en ese lugar y cuanto más grande era la casa, más se juntó y se guardó. Y es que si somos sinceros con nosotros mismos, ¿quién puede decir que no tiene cosas inútiles guardadas por ahí? Por eso, cada tanto hacer un profundo orden y limpieza no viene nada mal…
Nuestra vida también es una casa, en la que vamos guardando nuestras experiencias, en la que se acumulan nuestras costumbres y en la que atesoramos nuestros afectos. ¿También en la vida será necesaria la limpieza y el orden? Seguro que sí. Pero todos sabemos que el orden es una de esas cosas que solemos dejar para el día de mañana, para después, para cuando haga menos calor o para cuando venga el tiempo lindo, para las vacaciones o para cuando empiece el año. Nunca parece ser el momento adecuado. Por eso la Iglesia, en su sabiduría milenaria, nos regala tiempos especiales para ordenar nuestra vida. Y en estos días hemos iniciado uno de ellos: el tiempo de Cuaresma.
Todo camino tiene sentido desde la meta que se quiere alcanzar, porque si no sabemos a dónde queremos ir, difícilmente podamos avanzar. En la Cuaresma nuestro objetivo es claro: la vida nueva. La fiesta de la Resurrección de Jesús es el punto en el horizonte hacia el que nos encaminamos. Así como celebraremos la nueva vida del crucificado, así queremos renovar la nuestra, muriendo a todo lo que no nos deja vivir en plenitud y alegría. Porque la historia de la Pascua nos recuerda que lo nuevo brota cuando se muere a lo viejo. El crecimiento pascual es siempre un proceso de muerte para la vida. Si queremos la vida, tendremos que enfrentarnos con el desafío de morir a lo que no nos hace vivir como hijos de Dios.
Por eso la Cuaresma se parece a vaciar una casa. Se trata de darse tiempo para revisar, para mirar, para detenerse frente a lo que vemos todos los días, y preguntarnos: ¿yo quiero esto para mi vida? ¿esto lo quiero conservar?. Y si descubrimos que hay rencores, enojos, malos hábitos, actitudes o egoísmos que no queremos seguir conservando, este es el tiempo para deshacernos de ellos.
Vaciar la casa es una tarea tan grande que difícilmente se pueda hacer solo. Necesitamos de otros que nos ayuden. Las transformaciones en la vida tampoco se hacen solos. Por eso el camino de Cuaresma lo recorremos juntos, ayudándonos unos a otros, alentándonos con nuestra oración, haciendo crecer nuestra caridad y celebrando los pasos de crecimiento que podamos dar. La tarea es mucha y es seria… pero la vida nueva de la Pascua es el mejor aliento para emprenderla.
P Willy

Por
lourdes