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Fiestas Patronales
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Lunes, 30/01/2017
Fiestas Patronales
La alegría del encuentro

Muchas veces he escuchado a abuelas y abuelos hacer el mismo comentario: la visita de los nietos les proporciona una doble alegría, cuando llegan y cuando se van!! Más allá de la broma, es verdad que los niños quieren jugar, correr, no son muy amigos del silencio, ni se conforman con una sola actividad. Siempre quieren jugar un rato más, hacerlo otra vez o continuar con aquello que los ha divertido. Por algo la naturaleza es sabia y da los hijos a cierta edad. Los abuelos, después del torbellino de la visita, quedan con la casa un tanto revuelta, la heladera medio vacía y bastante agotados… pero con el corazón contento. Bien vale la pena el desorden y el cansancio, porque más allá de todo, lo que queda es la alegría del encuentro.
Hay comidas que nos dejan un cierto sabor en la boca, hay elementos que dejan aromas a su paso, hay hechos que dejan huellas en el corazón. Creo que las verdaderas visitas, esas en las que se logra el encuentro, una vez que se terminan, dejan el sabor, el aroma y la huella de la alegría. Seguramente lo hemos experimentado muchas veces: después de habernos encontrado con alguien, luego de una buena conversación o al finalizar una reunión, nos queda una sensación de bienestar y felicidad que nos acompaña por un tiempo. Es algo que dura en nosotros, que no se acaba al terminar el encuentro, sino que permanece en nosotros como recuerdo agradecido.
Cuando elegimos el lema para este año, pensamos en la frase: “Salgamos a visitarnos y compartir la alegría del encuentro”. Quisimos que éste sea el desafío que vayamos viviendo en este tiempo. Estos días de fiestas patronales que viviremos en febrero serán un tiempo oportuno para vivir esta actitud, porque muchos visitaremos y seremos visitados, pero sobre todo, celebraremos la alegría del encuentro.
El 11 de febrero muchas personas, vecinos de Beccar y de otros barrios, pasamos a visitar a la Virgen. Es un compromiso, una tradición, una costumbre y un rito. Necesitamos saludar a María en ese día, recibir su bendición, llevarnos el agua bendita o algún recuerdo. Venimos a mirarla y a que ella nos mire. Pero también María sale a visitar: en el gesto de la procesión recordamos que Ella es la primera peregrina, que sale a nuestro encuentro, que recorre las calles para buscar a sus hijos e hijas y regalarles su amor. Nosotros la acompañamos, caminando a su lado, siendo testigos de este encuentro entre la Madre y su familia.
Muchos son los voluntarios que van preparando todo y que ese día prestan su servicio para que podamos celebrar. Como comunidad nos alegramos de recibir la visita, de ser un espacio de oración y de encuentro. Con mucho cariño vamos trabajando para que todos podamos experimentar la alegría de sabernos hermanos y hermanas. Especialmente recibimos a los enfermos que vienen a buscar la bendición de aquella que es su patrona.
La fiesta, si fue verdadero encuentro, nos deja el sabor alegre que permanece en nosotros una vez que termina. No sólo como recuerdo, no sólo en el comentario de lo lindo que estuvo, de lo que faltó o de lo que conmovió. Sobre todo nos deja el deseo de seguir buscando espacios donde poder encontrarnos. La fiesta es un día, pero se vive todo el año, porque cada día es una nueva oportunidad de salir de nosotros mismos, de arriesgarnos a compartir y de vivir la alegría del encuentro.
¡Los esperamos!
p. Willy


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