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Para vos... ¿qué es?
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Lunes, 12/12/2016
Para vos... ¿qué es?
Para algunos es una oportunidad para reunirse con la familia entera, armar la mesa grande, encontrarse con quienes no vemos habitualmente y disfrutar de su compañía. Para otros es un momento de compras, de shopping y descuentos; una carrera loca por conseguir un regalo para cada uno. Para algunos es la costumbre de ir a misa esa noche, o pasar por la iglesia y hacer la visita anual a saludar al Niño y a la Virgen. Para otros es un gran problema, o porque tienen que sentarse a la mesa con quien no soportan, o porque se sienten tironeados sin saber a dónde ir para que el otro no se ofenda. Para algunos son días tristes, donde se extraña al que está lejos o al que murió; momentos que hay que pasar lo más rápido posible y, si se pudiera, yéndose a dormir a las 9 de la noche. Para otros es un momento de una profunda religiosidad, celebración del encuentro con el Dios que se hace frágil, que viene a visitarnos, que se hace compañero de camino. Para algunos es comida y bebida, armar una cena como si fuera la última y tomar hasta no poder quedarse parado, y disfrutar de esos momentos en que parece que los problemas no existen. Para otros es el sueño de que el negocio repunte un poco, que el movimiento de las fiestas “salve” la economía del año. Para algunos es un gran esfuerzo de organización, en el que hay que preparar dónde juntarnos, qué trae cada uno, y cómo dividir los gastos. Para otros es el momento del año para hacer un gesto solidario, juntando cosas para dar y acercándose de esa manera a los más pobres. …
Podríamos seguir pensando distintas descripciones de la Navidad, de lo que nos genera y de cómo la vivimos. Tal vez, para la mayoría de nosotros la Navidad es una mezcla de muchas de estas cosas: una cena, un encuentro, una celebración religiosa, un problema, una alegría y una ausencia… todo junto y al mismo tiempo. Y esto es así, más allá de que nos guste o no. Por eso creo que es bueno que nos preguntemos: ¿cómo hacer para combinar tantas cosas juntas?
Se me ocurren dos ideas: la primera es decidir a qué quiero darle más importancia y a qué menos. Seguramente habrá cosas que preparar, planes que hacer y acuerdos que decidir, pero estará en nosotros ver qué de todo eso va a ser lo fundamental y qué cosas las viviremos y las haremos, pero sabiendo que no son el centro del asunto. Creo que una de los grandes errores en la celebración de la Navidad es no poder hacer esta escala de prioridades. Por eso nos termina desgastando lo que no era fundamental, y se nos pasa de largo el motivo de todo.
Lo segundo que se me ocurre es que, una vez que hemos decidido a qué queremos darle importancia, es bueno tratar de integrar todo lo demás, intentando que el resto de las cosas nos ayuden a orientarnos a eso que hemos elegido como centro. Si queremos vivir la Navidad como la fiesta del nacimiento de Jesús, celebrando el encuentro de Dios con nosotros, sería bueno que en esa clave podamos vivir también los preparativos de la casa y de la cena. Si vamos a festejar que Jesús viene, eso no se vive sólo en el rato en que voy a misa o paso por la iglesia. También lo puedo ir celebrando mientras cocino como un gesto de cariño y de entrega. O mientras busco todo lo necesario para que los demás se sientan cómodos, sabiendo que Jesús viene sobre todo en el hermano, en el que tengo al lado, en el que comparte mi camino, mi pan y mi mesa.
Para María y José, la Navidad habrá significado el desamparo de no encontrar lugar para quedarse, el dolor y los temores de un primer parto, la ausencia de la familia y la lejanía del hogar, pero también la alegría del recién nacido y de verse cumplida la promesa de Dios… y estoy seguro que al final de la noche lo que más pesó fue la inmensa alegría del niño envuelto en pañales. Entre tantas cosas que vivieron, lo que les habrá quedado en el corazón era un hondo agradecimiento por el milagro de la vida. ¿Qué nos va a quedar en el corazón después de que pasemos la Navidad?
P. Willy


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