Instituto pionero en endocrinología atiende 12.000 niños por año

Por
buenapraxis
Martes, 09/08/2016
Un instituto pionero, que puede entrelazar la investigación básica con la clínica de los niños con trastornos del crecimiento y otros problemas endocrinológicos, atiende anualmente 12.000 chicos en el servicio de Endocrinología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, que preside Ignacio Bergadá, con 100 médicos e investigadores y más de 50 años de historia.
El endocrinólogo contó que, ¨si bien un alto porcentaje de las consultas está relacionado con trastornos del crecimiento, el servicio también se ocupa de los problemas de otras glándulas: tiroides, gónadas (testículo en el varón, ovario en las niñas), fallas del metabolismo fosfocálcico y chicos con bajas de azúcar¨.
¨Es un instituto pionero porque puede entrelazar la investigación básica con la clínica de niños con trastornos endocrinológicos¨, dijo Bergadá en una entrevista con Télam en el Hospital Gutiérrez.
Unas 100 personas trabajan en el Centro de Investigaciones Endocrinológicas, unidad del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) creada en 1973 a través de un convenio con la actual Ciudad de Buenos Aires y la Fundación de Endocrinología Infantil, que tiene más de 50 años.
“Atendemos 12.000 chicos por año, un 15 ó 20 por ciento de los cuales tienen trastornos del crecimiento, y tenemos educación continua en la primera residencia de Endocrinología Pediátrica y en la carrera que depende de la Universidad de Buenos Aires”, con un centro de formación de profesionales al que concurren médicos de Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia y Uruguay, informó.
Bergadá indicó que, en una distribución estadística de las tablas de referencia, ¨cerca de un tres por ciento de todos los niños están por debajo del estándar mínimo del crecimiento¨.
¿Hay un determinante que incida fuertemente? ¨La nutrición es un tema clave y se sabe que en Argentina no es tema menor¨, definió.
¨La desnutrición crónica afecta el crecimiento y esto se ve también en la mayoría de nuestra región: en Latinoamérica, los pueblos originarios tienen tallas más bajas porque han tenido desventajas sociales y nutricionales, y eso se tiene que abordar con estrategias de políticas de salud generales¨, planteó.
Además del aspecto social del fenómeno, influyen otros puramente biológicos del individuo, que deben ser indagados por el médico para predecir cómo será afectado el futuro adulto.
¨Hay chicos que tienen un tumor del sistema nervioso central llamado cránofaringeoma y localizado en general en la zona de la hipófisis (que también regula el crecimiento). Si no se detecta, el tumor crece y comienzan los problemas neurológicos¨, mencionó.
El Gutiérrez fue el primer hospital en Latinoamérica que aplicó hormona de crecimiento de extracción humana, con el inconveniente de que la provisión de hormona era muy escasa, lo que obligaba a ingresar a los pacientes a una lista de espera; hasta que se logró la producción industrial a través de la biotecnología, en 1985.
El alerta a la familia se presenta cuando un nene, en comparación con un segundo hermanito, va quedando rezagado en tamaño; también en el inicio escolar, cuando un niño bajo, aunque sano, se ve confrontado en un aula y resulta sensiblemente menor; otro aspecto es que el niño no cambia el talle de calzado durante un año.
A la terapia clínica llegó recientemente un avances técnico que facilita la aplicación de hormona de crecimiento a los chicos, al reemplazar a la jeringa con un aplicador inyectable.
Se trata de una hormona líquida ¨estable en la condiciones de almacenamiento, que no tiene que reconstruirse -como antes se hacía con un polvito liofilizado- y es un avance técnico magnífico¨, contó el médico.
¨Al mismo tiempo, desarrollaron un aplicador inyectable que reemplazó a la jeringa, que es mucho más maleable para la familia en la aplicación diaria mientras el niño crece¨.
La compañía de biotecnología argentina Biosidus fue la artífice de la mejora, que implicó además una formulación más económica.
Marcelo Criscuolo, director de Biosidus, relató a Télam que el tratamiento ¨en la mayoría de los casos es para niños y por varios años, así que el armado crea una tensión enorme en el niñito, y hay una angustia en tener que inyectar a tu hijo todos los días¨.
Las grandes compañías internacionales avanzaron a una presentación en cartuchos, que se sirven en pen regulados por peso y en unidades diarias que determina el médico.
¨Eran tecnologías que no estaban en Argentina y hacerlas afuera eran antieconómico. Finalmente, aparecieron formulaciones líquidas y desarrollamos una con un device (aplicador de dosis) europeo de muy buena marca, con materia prima de muy buena calidad¨, estable por 24 meses de vida útil.
Al resolver ¨una formulación líquida de altísima pureza en un aplicador de los mejores, afortunadamente pudimos estar a la altura con la producción nacional, más económica¨, concluyó.

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