Mi cuñada cumplía 50 años y sus hijos le estaban preparando un video. Nos pidieron que buscásemos fotos viejas de ella y se las mandáramos para que pudieran armarlo. Así que busqué una caja en la que tengo fotos guardadas y me dispuse a cumplir la tarea. Como suele pasar, las fotos estaban guardadas sin ningún orden. Así que no tuve más remedio que revolver todo para encontrar lo que buscaba. Como imaginarán apareció de todo… recuerdos de la infancia, de paseos, bautismos, casamientos, egresos, nacimientos… toda la vida. Gente que ha crecido, gente que ha partido, gente que ya ni reconozco, gente que me había olvidado que existía… tantos recuerdos se agolparon en mi corazón y en mi garganta que preferí concentrarme sólo en el objetivo… si no el cumpleaños iba a pasar y yo todavía iba a estar mirando fotos.
La experiencia que les cuento no es nada original, y seguramente muchos de ustedes la han vivido. Se trata de enfrentarse con el pasado, con la historia recorrida, la memoria y la nostalgia. A veces no es fácil manejar esos recuerdos. Ya lo dice el tango: “Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve, a enfrentarse con mi vida”. Y por eso a veces preferimos vivir en un continuo presente sin memoria. Pero la vida se encarga de provocar un encuentro, de hacernos hallar algo o alguien que nos despierta la memoria y nos hace abrir el arcón de los recuerdos. Y entonces nos surge la pregunta: ¿dónde pongo lo hallado?, ¿qué hago ahora con todos estas evocaciones?
Y la Palabra de Dios vino en mi auxilio. Me acordé del libro del Deuteronomio. Allí se nos trae un largo discurso que da Moisés justo antes de entrar en la tierra prometida. Ya Israel ha sido liberado de Egipto, ha caminado durante 40 años por el desierto. Han vivido muchas cosas y ahora se disponen a empezar una nueva etapa. Por eso Moisés quiere prepararlos para este nuevo desafío: ya no tendrán que vivir al desamparo del desierto, van a poder asentarse, tener casa y tierra, y organizar su vida como nación. En medio de muchos consejos, Moisés les da tres que hoy quisiera destacar:
“Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos… La ropa que llevabas puesta no se gastó, ni tampoco se hincharon tus pies durante esos cuarenta años. Reconoce que el Señor, tu Dios, te corrige como un padre a sus hijos. Observa los mandamientos del Señor, tu Dios; sigue sus caminos y témelo.” Dt 8,2-6
El primer consejo es el de recordar. Nunca el camino va a ser sepultar el pasado o no animarse a mirarlo. Hay que hacer memoria. Porque el recuerdo es el que permite valorar. Aunque hubo cosas difíciles, siempre es posible celebrar lo vivido, darse cuenta que hubo grandes regalos que se nos dieron, importantes compañías que estuvieron a nuestro lado. Por eso lo segundo es reconocer: la memoria permite ver lo que en su momento no se vio con claridad. Volver a mirar con ojos nuevos y descubrir lo que en su momento no pudimos comprender, aceptar, valorar. Reconocer los errores para arrepentirnos, reconocer los logros para celebrarlos, reconocer a los otros para agradecerles o perdonarlos. Y la tercera actitud es la de observar hacia adelante. La buena memoria no nos deja encerrados en un pasado, sea glorioso para extrañarlo o sea doloroso para llorarlo. El buen recuerdo nos impulsa hacia adelante, nos hace elegir mejor el camino, nos permite tomar las enseñanzas y experiencias, y lanzarnos a la aventura que sigue. Lo que hemos vivido es lo que poseemos con más seguridad (quien nos quita lo bailado, dice el dicho). Pero eso que poseemos debemos ponerlo en juego en las nuevas etapas, en lo que resta del camino.
Como cristianos, siempre entramos al pasado de la mano de Jesús. Él es el que nos invita hacer la memoria agradecida de nuestra vida, Él es el que nos da la gracia de perdonar y pedir perdón, Él es el que nos impulsa hacia adelante. A su lado podemos abrir tranquilos la caja de las fotos…
P. Willy