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8 de mayo. Nuestra Señora de Luján
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Domingo, 08/05/2016
8 de mayo. Nuestra Señora de Luján
Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina.


La devoción del pueblo argentino a la Virgen de Luján nació en 1630 a orillas del río Luján donde ocurrió un prodigioso suceso que obligó a dejar una pequeña imagen de la Virgen María en ese lugar. Allí se levantó una capilla que con el tiempo se convirtió en el monumental santuario actual, visitado todo el año por centenares de miles de peregrinos. Entre sus visitantes se cuentan los que luego fueron los papas Pío IX y Pío XII y San Juan Pablo II. Numerosos próceres pidieron la protección de la ¨Virgencita Gaucha¨ y otros depositaron a sus pies los trofeos conquistados en las batallas de la independencia nacional. León XIII decretó la coronación pontificia de la imagen, la que se llevó a cabo el 8 de mayo de 1887. El 8 de mayo de 1944, el Poder Ejecutivo de la Nación declaró además, a la Virgen de Luján, Patrona de las Rutas Nacionales.


La historia
En 1630 no había en Luján ningún rastro de población y sólo era frecuentado por las caravanas de carretas que bajaban o subían del puerto de Buenos Aires. Un portugués dueño de una estancia, a cuarenta leguas de la ciudad, trató de erigir una modesta capilla dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen. Para esto le pidió a un amigo de Brasil que le envíe una imagen pequeña de la Virgen en aquel misterio. Su amigo le envió dos imágenes en bulto: una que representaba a María en su Inmaculada Concepción y que hoy se venera en el santuario de Luján y otra que tenía en sus brazos al Niño Jesús y ahora es venerada en Sumampa.

En la tarde del tercer día de trayecto hasta la ciudad, el conductor detuvo la caravana para pasar la noche. Al día siguiente, el conductor preparó los bueyes para proseguir el viaje pero éstos no se movían. Vinieron en su ayuda troperos y peones pero no tuvieron suerte. Finalmente juzgaron que era necesario aliviar el peso de la carreta. Descargaron las imágenes y en ese momento los bueyes pudieron moverse con facilidad. Queriendo cerciorarse si el obstáculo provenía de las imágenes las pusieron nuevamente en la carreta y no se pudo mover. Entonces viendo que las imágenes se querían quedar en aquel lugar decidieron que una de ellas permaneciera en la Cañada y la entregaron al dueño de esas tierras. La fama del prodigio corrió hasta Buenos Aires y no faltaron quienes emprendieron un viaje a Luján para contemplar la imagen.

En 1887 la imagen fue coronada canónicamente por el Papa León XIII.

Este 8 de mayo los horarios de las misas son como los acostumbrados para los del día domingo (8, 9, 10, 11, 12.30, 15.30, 17 y 19). La procesión comenzará desde la rotonda, cita en la Avenida Nuestra Señora de Luján a las 14.30, para finalizar con la primera misa de la tarde. Este año la misa de las 17 estará presidida por Monseñor Agustín Radrizzani (arzobispo de Mercedes, Luján), se dará comienzo a los procesos para la beatificación del Negro Manuel, esclavo de la Virgen, testigo del milagro de la carreta y el primer cuidador de la sagrada imagen; y del “padre Jorge María Salvaire”, promotor del culto de la sagrada imagen y constructor de la actual basílica.



Oración a la Virgen del Luján:



Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros brazos hacia tí… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los peregrinos, escúchanos…
Hoy te pedimos por Argentina, por nuestro pueblo. Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.

Unidos estamos bajo la celeste y blanca de nuestra bandera, y los colores de tu manto, para contarte que: hoy falta el pan material en muchas, muchas casas, pero también falta el pan de la verdad y la justicia en muchas mentes. Falta el pan del amor entre hermanos y falta el pan de Jesús en los corazones.

Te pedimos madre, que extingas el odio, que ahogues las ambiciones desmedidas, que arranques el ansia febril de solamente los bienes materiales y derrama sobre nuestro suelo, la semilla de la humildad, de la comprensión. Ahoga la mala hierba de la soberbia, que ningún Caín pueda plantar su tienda sobre nuestro suelo, pero tampoco que ningún Abel inocente bañe con su sangre nuestras calles.

Haz madre que comprendamos que somos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo, y bajo una misma bandera. Que sufrimos todos juntos las mismas penas y las mismas alegrías. Ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza material y espiritual y que tomados de tu mano digamos más fuerte que nunca: ¡ARGENTINA! ¡ARGENTINA, CANTA Y CAMINA!


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