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¿Feliz Pascua o Felices Pascuas?
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Sábado, 02/04/2016
¿Feliz Pascua o Felices Pascuas?
Esta pregunta nos surgió cuando preparábamos una tarjeta para la Vigilia Pascual. Alguien dijo; “Yo digo Feliz Pascua, ¿por qué en plural?”. “¿Es que hay más de una Pascua?”, preguntó otro. Obviamente se trata de costumbres del idioma, que varían con las personas, épocas y lugares. De hecho, hay países que saludan Feliz Pascua para la fiesta de Navidad, y para distinguirla, a la fiesta de la resurrección la llaman la “Pascua florida” (ya que en el hemisferio norte coincide con la llegada de la primavera). Incluso algunos hablaban de la Pascua de Pentecostés… parece que según ciertas expresiones y formas de hablar, las pascuas son muchas…
Esta peculiaridad del lenguaje me dejó pensando. Y es verdad que en la vida pasamos por muchas pascuas. En la Pascua de Resurrección celebramos este misterio de muerte y vida: Jesús es asesinado, lo que había ido construyendo parece ir hacia el fracaso, la esperanza queda sin lugar y todo hace pensar que la única salida es aceptar que su vida no tuvo sentido. Pero, en medio de la noche, el Padre Dios sorprende con la posibilidad de una nueva vida, la esperanza renace, incluso con más fuerza, el sinsentido se aleja y permite descubrir toda la riqueza de su vida entregada y regalada.
Todos nosotros pasamos muchas veces por esta experiencia de muerte-vida. Tal vez de una manera menos drástica y brutal, pero en varias ocasiones sentimos que, aunque sea algún aspecto de nuestra vida, se moría y nos invadía la noche. Cuando un proyecto no funcionó, cuando una relación se rompió, cuando una curación no llegó, seguramente hemos creído que todo los esfuerzos no tuvieron sentido, que no valía la pena seguir confiando en nada ni en nadie. Sin embargo, quizás pudimos ver que algo nuevo surgía a partir de esa misma oscuridad: ese fracaso nos abrió a otro camino que sino no nos hubiéramos animado, que eso que terminó nos trajo la posibilidad de valorar lo compartido… en esas ocasiones hemos tenido una pequeña pascua de resurrección. Ma. Elena Walsh lo dice en su canción:
“Tantas veces me mataron, tantas desaparecí, sin embargo estoy aquí resucitando”.
Es conocida la comparación con el nacimiento: seguramente para el bebé que ha vivido nueve meses en el vientre materno, el parto es una experiencia de muerte. Tiene que acostumbrarse a un nuevo medio, a una nueva manera de vivir, a otros contactos y estímulos. Pero, con el tiempo, todos hemos comprendido que ese momento no fue de muerte, sino por el contrario, de vida. Qué importante sería que guardemos esa sabiduría para tantas veces que nos toque pasar por alguna circunstancia en la que sentimos que nos morimos…
Por eso, celebrar este tiempo pascual es abrirnos a la esperanza de saber que nuestra vida tiene esta dinámica de morir y resucitar muchas veces. Incluso la misma naturaleza tiene este mismo modo de crecer: la semilla tiene que morir para que crezca la planta, las hojas deben caer para abonar la tierra, hay que podar el rosal para que florezca en primavera. Cuando nos reconocemos como compañeros de todos los seres vivos, sabemos que morimos a la niñez, para resucitar en la juventud, morimos a un vínculo para renacer en otros, morimos a algo que tenemos para celebrar una nueva libertad. Hasta que lleguemos a la última pascua de nuestra vida… Creer en la Resurrección es saber que ninguna noche es eterna. Porque
“A la hora del naufragio, y la de la oscuridad, alguien te rescatará, para ir cantando”
P. Willy


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