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Valió la pena
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Miercoles, 09/03/2016
Valió la pena
No siempre las excursiones salen bien. Recuerdo una de hace algunos años en Bariloche. La idea era ir a una montaña, armar las carpas abajo y encarar el camino de subida al día siguiente. Al llegar, vimos que el terreno era bastante poco propicio para las carpas: no había manera de que no quedaran inclinadas. La cantidad de tábanos que tenía el lugar era realmente insoportable. Tanto era el malestar generalizado, que los organizadores decidieron cambiar el plan y encarar la subida ese mismo día. Supuestamente no era nada tan difícil, pero el tema era que nadie conocía bien el camino. Comenzamos por un lado que a medida que avanzábamos se llenaba de piedras que nos resbalaban. Como éramos un grupo grande, los de arriba hacían que se desprendieran piedras y cascotes que caían sobre los de abajo. Nos empezamos a dividir, buscando caminos alternativos…. La cosa nunca mejoró y al final, con la tarde que avanzaba, decidimos volver antes de que se fuera la luz. Encontramos algunos planchones de nieve y nos divertimos tirándonos por ellos. Pero sin darnos cuenta que algunos culminaban en precipicios. A Dios gracias no pasó nada, pero ciertamente fue una excursión para el olvido.
Por suerte no fue la única vez que fui a la montaña y otras veces disfruté de paseos lindísimos, llenos de paisajes hermosos. Es verdad que al ir subiendo, hay que poner esfuerzo y ganas. Tal vez en el trayecto no se ve nada demasiado interesante. Pero si el punto de llegada es bueno, se siente que valió la pena todo el esfuerzo. Más aún, casi que uno se olvida del cansancio, porque tiene delante esa inmensidad de la naturaleza que siempre sorprende y atrapa.
Creo que muchas veces la vida es como una subida de montaña. De a ratos se pone difícil, tiene momentos en que no se ve claro, a veces no sabemos si llegaremos adonde deseamos. Todo esto hace que nos preguntemos, ¿vale la pena? ¿tiene sentido seguir luchando, volver a apostar, jugarse por algo? Nadie escapa de estas preguntas…
Los discípulos de Jesús vivieron un tiempo con el Maestro que los invitó a seguirlo, que los iluminó con su palabra y que los llenó de entusiasmo con sus gestos novedosos. Pero en un momento, todo se puso negro. Los poderes religiosos y políticos de su tiempo se confabularon para acabar con él. Y en un viernes lleno de oscuridad, los discípulos vieron cómo el Maestro amado era asesinado en una cruz. Tratemos de imaginar los pensamientos y sentimientos de sus seguidores. Si terminaba así, ¿qué sentido había tenido todo? Pero a los tres días, la vida se volvió a llenar de luz. La noticia de la resurrección fue la certeza de que la vida de Jesús no había sido una “pasión inútil”. Fue la íntima convicción de que una vida entregada, generosa y valiente, era una vida que valía la pena ser vivida.
Nosotros nos disponemos a celebrar una vez más el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús. Volver a contemplar su historia es volver a creer que vale la pena vivir como Jesús. Aunque a veces dudemos si el camino es el mejor, aunque sepamos que la generosidad nos complica la vida, aunque tal vez experimentemos que preocuparse por el otro y decir la verdad nos traen consecuencias peligrosas…. La resurrección de Jesús nos salva porque nos revela que todo eso tiene sentido, que la alegría de la vida entregada no se puede comparar con la tranquilidad de la comodidad y el egoísmo.
A Dios gracias, mucha gente sigue pensando que vale la pena. Y por eso se juegan la vida, se comprometen con sus hermanos y se donan con pasión. Celebrar la Pascua de Jesús es expresar la fe de que esas vidas serán plenificadas, porque son vidas llenas del Espíritu de Jesús. Que la próxima Semana Santa nos confirme en la certeza de que vale la pena el amor. Feliz Pascua de Resurrección
P. Willy


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