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Mons. Zanchetta llamó a los jóvenes a ayudar a quienes cayeron en las drogas
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Miercoles, 15/07/2015
Mons. Zanchetta llamó a los jóvenes a ayudar a quienes cayeron en las drogas

Unos 12.000 jóvenes caminaron 21 kilómetros junto a la imagen de Nuestra Señora del Carmen, copatrona de la diócesis de Orán, en el marco de la XV Peregrinación Juvenil Mariana que llevó por lema “María en tus manos, mi esperanza”.

El obispo de Orán, monseñor Gustavo Oscar Zanchetta, presidió la misa en la que les recordó a los jóvenes que la Virgen quiere que caminen “siempre” juntos y unidos e invitó, como quiere el papa Francisco, a salir a misionar, a hacerse cargo de “los que quedan rezagados en el camino de la vida, de los que siempre son considerados los últimos, de los que son tildados mundanamente como los que ‘no sirven’ o ‘no pertenecen’”.

“Queridos chicos, en los caminos de nuestra diócesis hay demasiados jóvenes caídos por la desigualdad, la marginación y la adicción a las drogas y el alcohol. Por eso les pido de todo corazón: ¡estén cerca! No los dejen solos. Escúchenlos, curen sus heridas, sáquenlos de las drogas, ayúdenlos a dejar el alcohol”, advirtió.

Tras pedirles que “con la misma convicción frenen a quienes promueven que la muerte se instale en nuestras calles”, consideró justo reclamarle a quienes tienen una responsabilidad en función del bien común de la sociedad que “pongan un freno definitivo al narcotráfico”.

“Basta de dejar que envenenen a nuestros jóvenes. No miren para otro lado. Gobiernen, legislen y hagan justicia en favor de la vida y no de la muerte. No se corrompan con la indiferencia y asuman como hombres y mujeres de bien la función para la que han sido elegidos o designados porque de ello tendrán que rendir cuentas ante el Dios de la vida”, exigió.

Monseñor Zanchetta alentó a los jóvenes a ponerse el escapulario de Nuestra Señora del Carmen, “como una caricia de la Virgen que no nos deja solos y que nos enseña a no dejar solos a los demás”.

“Honremos la vida en cada persona desde el momento de la concepción hasta su muerte natural tal cual es el querer de Dios. Y porque somos servidores de la vida no dejemos que los personeros de la muerte arrebaten el bien más preciado, y que es ciertamente el primer derecho humano”, concluyó.

Texto completo de la homilía
XV Peregrinación Juvenil Mariana
Homilía de monseñor Gustavo Oscar Zancheta, obispo de Orán en la misa de inicio de la XV Peregrinación Juvenil Mariana (11 de julio de 2015)

Queridos chicos:

Bienvenidos a la XV Peregrinación Juvenil Mariana, en honor de Nuestra Señora del Carmen!!

En esta fría mañana de invierno hemos querido encontrarnos venidos desde todos los rincones de nuestra querida Diócesis de la Nueva Orán para celebrar este encuentro con Jesucristo en la eucaristía y para peregrinar con nuestra Madre, la Virgen María, quien siempre nos ayuda a acortar distancias para estar cerca de su Hijo. Sobre todo, como buena mamá, quiere esperarnos y enseñarnos a caminar sabiendo que siempre contamos con su cercanía, para que cuando nos caigamos podamos alzar la vista y sentirnos seguros porque siempre estarán sus brazos extendidos para ayudarnos a levantarnos, y así proseguir el camino de la vida.

Cada vez que los veo juntos, queridos hijos, el alma se me llena de alegría y mi fe en Jesús se renueva porque percibo en ustedes el entusiasmo que brota de esa misma fe que compartimos y que recibimos de nuestros mayores para ser discípulos y misioneros del buen Jesús.

Hemos escuchado recién en el evangelio con qué claridad explica Jesús quiénes son su madre y sus hermanos cuando dice: “Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Y así sucedió en María, aquella simple y joven mujer de pueblo que fue elegida para ser, ni más ni menos, la Madre de Dios. Y ella vivió esta conciencia de ser elegida no como un honor sino como un deber que la impulsó a ponerse al servicio para “hacer la voluntad del Padre que está en el cielo”.

Y la felicidad de María fue grande al dar a luz al Salvador, aunque no le fue fácil. Y esa felicidad, con el correr de los años, se transformó en espada que le atravesó el corazón porque también vivió la dolorosa experiencia de ver morir a su hijo en la cruz. Por eso aprendemos de la Virgen el valor de la constancia, de saber permanecer fieles, y de esperar descubrir la voluntad de Dios y aceptarla aunque ello implique sufrir hasta que se nos desgarren las entrañas.

Por eso, chicos, la Virgen siempre nos puede enseñar algo nuevo y actual. Su presencia maternal puede inspirarnos gestos y palabras para vivir intensamente y descubrir con claridad qué nos pide Dios, qué quiere para la vida de cada uno.

Y hoy al mirarlos a los ojos, llenos de alegría por habernos encontrado para esta peregrinación juvenil, veo en ustedes tantos proyectos, tantos sueños que se quieren hacer realidad, tantas preguntas que, tal vez, todavía no tienen respuestas… pero qué bueno que se las hagan!!!

Y por eso estamos aquí, para aprender de la Virgen que como mamá nos quiere enseñar a caminar juntos, a no cortarnos solos. Porque si hay algo bueno que los discípulos de Jesús podemos ofrecer a nuestra sociedad es precisamente eso: que el Maestro nos llama “mi hermano, mi hermana, mi madre” … es decir, nos quiere familia, nos quiere unidos.

Es entonces, desde esa enseñanza de Jesús y del testimonio de su Madre, que quiero pedirles que vivamos esta peregrinación como Iglesia, la cual es “casa y escuela de comunión”, como bien nos lo ha recordado el Santo Papa Juan Pablo II.

Y eso significa no solamente caminar juntos en esta ocasión sino siempre. Ustedes saben bien que una peregrinación no es una “carrera”. Aquí podemos aprender el valor de lo que significa esperar al que se ha retrasado o al que le cuesta más, porque lo que importa – como dice la canción – no es llegar primero, sino “saber llegar”.

A todos ustedes, mis queridos chicos, les quiero recordar la responsabilidad que tenemos a partir de la fe que profesamos de hacernos cargo de los que quedan rezagados en el camino de la vida, de los que siempre son considerados los últimos, de los que son tildados mundanamente como los que “no sirven” o “no pertenecen”.

Es por ellos, por los que nuestra sociedad tantas veces desprecia, olvida o margina, que Jesús ha dado su vida y nos dio por mamá a su propia Madre para atender al caído, curar sus heridas, consolarlo fraternalmente y levantarlo para que pueda seguir caminando. Es por eso que si somos indiferentes ante el sufrimiento de los demás, es ahí cuando perdemos el rumbo y nos alejamos de Dios.

Por eso el Papa Francisco nos envía a la misión con insistencia, advirtiéndonos que “para compartir la vida con la gente y entregarnos generosamente, necesitamos reconocer también que cada persona es digna de nuestra entrega. No por su aspecto físico, por sus capacidades, por su lenguaje, por su mentalidad o por las satisfacciones que nos brinde, sino porque es obra de Dios, criatura suya. Él la creó a su imagen, y refleja algo de su gloria. Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida. Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!” (EG 274).

Queridos chicos, en los caminos de nuestra diócesis hay demasiados jóvenes caídos por la desigualdad, la marginación y la adicción a las drogas y el alcohol. Por eso les pido de todo corazón: estén cerca!! No los dejen solos. Escúchenlos, curen sus heridas, sáquenlos de las drogas, ayúdenlos a dejar el alcohol!!!

Y con la misma convicción frenen a quienes promueven que la muerte se instale en nuestras calles. Pero también es justo decir a quienes tienen una responsabilidad en función del bien común de la sociedad: Pongan un freno definitivo al narcotráfico!!! Basta de dejar que envenenen a nuestros jóvenes!!! No miren para otro lado. Gobiernen, legislen y hagan justicia en favor de la vida y no de la muerte. No se corrompan con la indiferenc ia y asuman como hombres y mujeres de bien la función para la que han sido elegidos o designados porque de ello tendrán que rendir cuentas ante el Dios de la vida!!!

Por eso, mis queridos jóvenes, llenemos esta peregrinación de gestos de cercanía y afecto fraterno. Aprovechen esta ocasión para conocer a quienes no conocen, y estrechar la mano o dar un abrazo a quienes ven por primera vez. Ahí están sus nuevos hermanos, ahí está, tal vez, alguien que está esperando ser conocido, querido, apreciado, escuchado, atendido, levantado.

Y cuando lleguemos al final del camino, en San Ramón de la Nueva Orán, y recibamos el escapulario de Nuestra Señora del Carmen, pongámoslo en nuestro cuello como una caricia de la Virgen que no nos deja solos y que nos enseña a no dejar solos a los demás. Honremos la vida en cada persona desde el momento de la concepción hasta su muerte natural tal cual es el querer de Dios. Y porque somos servidores de la vida no dejemos que los personeros de la muerte arrebaten el bien más preciado, y que es ciertamente el primer derecho humano. Que así sea.


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