Jugar es cosa grande

Por
lourdes
Domingo, 05/07/2015
Rayuela, futbol, ludo, soga, patines, bolitas, cartas, quemado, figuritas, tinenti, dados…. cada uno puede armar su lista de juegos de niños. Pueden cambiar los nombres, los modos o los tiempos, pero siempre la infancia será un territorio privilegiado para los juegos. Hace ya varios años que se viene valorando el juego como algo que ayuda, y mucho, al buen crecimiento y desarrollo de las personas. Al jugar no sólo nos estamos entreteniendo o divirtiendo (como si eso fuera poco), sino que además aprendemos, desarrollamos capacidades nuevas, asumimos valores y prácticas que serán esenciales para nuestra vida.
Hace unos días leía unos pensamientos de un escritor llamado Miguel de Unamuno. En los meses de verano le gustaba entretenerse jugando con las cartas al solitario, y dice que lo hace “atendiéndome a sus reglas, a sus normas, con la más escrupulosa conciencia normativa, con un vivo sentimiento del deber, de la obediencia a la ley que me he creado”. Y por eso concluye: “el juego bien jugado es la fuente de la conciencia moral”. Me llamó mucho la atención esta última frase, porque nunca había pensado en esto, en la relación del juego y la moral. Es interesante que la reflexión le surja justamente jugando al solitario: allí no hay nadie más, si uno hace trampa no daña a nadie, ninguna persona nos reclamaría. Pero, a la vez, hacer trampa al solitario es engañarse a uno mismo… ¿de qué me sirve ganar sabiendo que me he mentido? La única manera de jugarlo verdaderamente es atenerse firmemente a unas reglas que yo me he puesto, que me influyen sólo a mí y que en nadie más tienen consecuencias. Aprendiendo a jugar, aprendo a vivir.
Seguramente esto es lo que han descubierto quienes llevan a cabo los torneos de futbol callejero. El mes pasado se realizó en Buenos Aires un encuentro internacional. Lo curioso de esta metodología es no sólo que los equipos los integran varones y mujeres mezclados, sino que además, en el partido no interviene ningún árbitro. El encuentro se divide en tres tiempos: en el primero, los equipos establecen las reglas de juego en conjunto y de manera consensuada; en el segundo se juega el partido y en el tercer tiempo, todos los jugadores dialogan sobre el desarrollo del juego y si se respetaron las reglas que se habían acordado mutuamente. Los puntos finales se contabilizan por los goles, pero también por el respeto a las normas consensuadas. De esta manera, el deporte más popular y convocante, se transforma en un medio para alcanzar objetivos sociales, de transformación individual y colectiva.
Por todo esto, sería bueno que dejemos de asociar el juego únicamente con el entretenimiento y con la infancia: el juego es cosa grande y para todos! De hecho, hasta el mismo Dios es asociado al juego en un texto de la Biblia. En el libro de los Proverbios se presenta un personaje misterioso, la Sabiduría personificada de Dios. Ella está presente junto a Dios en el momento de la creación y dice: “cuando asentó los cimientos de la tierra, yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando por el orbe de su tierra” (8,39-30). La imagen es sugerente, la creación se va dando con la Sabiduría jugando alrededor… ¿será que el juego también nos acerca a la Sabiduría divina? A jugar se ha dicho…
P. Willy

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