Boxing Club Buenos Aires
Por historiascuriosas
  
Viernes, 20/03/2015
La Sociedad Sportiva Argentina patrocinaba deportes novedosos –para el Buenos Aires de la primera década del siglo XX– como el boxeo. Es el caso del Boxing Club Buenos Aires, institución creada el 4 de julio de 1908 y afiliada a la Sportiva, en cuyas instalaciones los profesores contratados en Inglaterra y Estados Unidos enseñaban el sano ejercicio.

A mediados de julio de 1908 se nombraron las primeras autoridades del club, constituyéndolas éstas los siguientes señores:

Presidencia de honor, ingeniero Jorge Newbery, Antonio Demarchi y doctor Carlos Delcasse; presidente, doctor Nicanor Magnanini; secretario, José Susán; tesorero, Alberto E. Robredo; vocales, Ernesto Newbery, César Viale, Horacio Bustamante y Benito Nazar Anchorena.

También resultaron socios fundadores los siguientes aficionados:

F. Álvarez, E. Reyes, B. Degregori, B. Lorteguen, Hernández Castro, E. Hansen, Luciano Padel, J. Barbick, E. Fruland, F. Chaperon, S. Etcheverry, M. Rojas, A. Roch, R. Pillado Matheu, R. Pérez, F. Torres, W. S. Taylor, R. Hansen, A. Ponce, A. E. Rolied y doctor Ezequiel Castilla.

Los estatutos institucionales fueron aprobados en la asamblea general celebrada el martes 11 de agosto de 1908 en el local de la Sportiva del número 183 de la calle Florida.

A raíz del asalto efectuado entre los profesores Gould y Culpin el domingo 23 de agosto de 1908, La Nación opinaba que si un psicólogo analizara los diversos deportes, acaso hallaría que quienes del espectáculo del boxeo gustan, son espíritus sportivamente anormales. Doscientos hombres sedientos de emociones fuertes se dieron cita en el local de Palermo de la Sportiva para presenciar el suceso. El matutino advertía que si un extranjero hubiese asistido al encuentro esperando ver un público de baja estofa como el que asiste a los grandes matches de San Francisco, Nevada o Los Ángeles, se habría equivocado de medio a medio. Decía que allí había personas cuyos nombres figuran a menudo en las crónicas mundanas, maestros de armas que encuentran que el boxeo es brutal, pero que no pierden un solo encuentro, y jóvenes atletas que profesan el principio de que el noble arte de la defensa propia, públicamente cultivado en Wonderland y en el National Sporting Club de Londres, los grandes centros de este deporte en Inglaterra, es preferible al duelo criollo, efectuado sin testigos en la primera calle solitaria que al paso se encuentre. La Nación comentaba que ante los preparativos de los padrinos de los combatientes, un enemigo de este género de lances habría vuelto entonces la cabeza buscando la silueta de un agente de policía, pero habría perdido el tiempo. En el asalto de ocho minutos escasos Gould, el caballero de la guardia elegante, dejó fuera de combate a su rival, arrebatándole el título de campeón sudamericano de peso liviano. Brutal o no, conveniente o inconveniente, júzguelo cada cual según sus ideas y su temperamento, concluía la “Tribuna de Doctrina”.

Asimismo los espectáculos de lucha grecorromana organizados por la Sportiva causaban gran sensación entre los porteños.

Fuente: HERNÁN A. MOYANO DELLEPIANE, “Otras cacerías del zorro en los pagos de la Costa y Las Conchas”, Revista Cruz del Sur [ http://www.revistacruzdelsur.com.ar ], n° 5, Buenos Aires, noviembre de 2013, pp. 209-210


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