Atalaje en la Rural
Por historiascuriosas
  
Jueves, 19/03/2015
La florida y galana primavera era la mejor época del año para las grandes reuniones al aire libre que, dentro de su doble carácter de diversiones mundanas y sportivas, ofrecían atractivos especialmente interesantes y hasta novedosos para el público femenino. Los concursos hípicos que los días viernes 27 y domingo 29 de septiembre de 1901 tenía preparados la comisión de la Sociedad Rural Argentina en su local de la Exposición de Palermo, convocaron a lo más selecto del mundo social porteño. La Nación decía que fueron días hermosísimos, como los sueñan los poetas: un cielo azul purísimo, una brisa templada y agradable, un sol alegre y moderado, una temperatura elísea; todo convidaba a pasear al aire libre, a contemplar el verde de los paisajes agrestes, a respirar a pulmón batiente el balsámico perfume de las primeras flores.

En la primera reunión las tribunas ofrecían el más hermoso golpe de vista, ocupadas como lo estaban de extremo a extremo por elegantes señoras y señoritas ataviadas con trajes primaverales, donde las gasas, las flores y las telas vaporosas estaban combinadas con esa fina originalidad y delicadeza de tonos de que sólo es capaz de concebir la inventiva inagotable de los modistos. En los semblantes del bello sexo, en sus ademanes, en sus conversaciones, en todo se reflejaba esa expansión del ánimo, propia de la primavera, que corría como un soplo de vida y animaba extraordinariamente la fiesta. La Tribuna de Poesía -La Nación- decía que las toilettes primaverales de esas damas saludaban, con sonrisas mimosas, a las primeras flores que abrían sus pétalos en aquella estación. Varios de esos trajes provocaron una justa admiración, haciendo honor a la cultura y al buen gusto. Aquel viernes, los concursos para caballos de silla y yuntas atadas a carruajes de cuatro ruedas tuvieron mucha aceptación.

La segunda reunión comenzó a las dos de la tarde con el concurso para todo caballo de tiro presentado por un gentleman o un cochero de librea. Se presentaron a disputar los tres premios, consistentes en medallas de plata, níquel y cobre, siete vehículos, entre los cuales figuraba una charrette tirada por dos burritos que manejaba hábilmente el niño Eduardo Madero. El jurado, así que hubo formado opinión del mérito de los vehículos y caballos expuestos, adjudicó los premios en esta forma: Primer premio, al señor Luis Ezcurra, por dos yeguas zainas que presentó en tándem. Segundo premio, al señor Néstor F. Cano, por un caballo alazán que tiraba un buggy. Tercer premio, al señor Carlos Roberts, por un caballo oscuro que presentó atado a un dog-cart. A la codiciada y aplaudida charrette el jurado le acordó un premio especial. En el desfile de atalajes a cuatro caballos sólo se presentó el señor A. De Bary con un espléndido mail-coach tirado por dos hermosas yuntas. Después del juego de la roseta, el público pasó a visitar los distintos pabellones de la exposición. Entre las instalaciones que han sido objeto de la atención del público, es digno de mención el pabellón Santa Fe, en el cual, los señores López y Álvarez, han expuesto varios artículos de lomillería y talabartería. En esa instalación se han podido ver monturas de distintas clases, guarniciones para carruajes y otros artículos del ramo, perfectamente trabajados.

Los civiles y militares que tomaron parte en las distintas pruebas del nutrido programa de la fiesta hípica fueron ovacionados por las familias de Peers, Frers, Méndez, Zavalía, Suárez, Rubio, Martínez Campos, Olivera, Peña, Villar, Saralegui, De Bary, Martínez de Hoz, Paunero, Lavalle, Zapiola, Bunge, Quesada, Agote, Alkaine, Bell, García, Castro Biedma, Cano, Pueyrredon, Madero, Anchorena, Roberts, Malbrán, Trongé, Rodríguez, Vivanco, Ezcurra, Elía, Ocampo, Sastre, Guerrero, Lynch, Láinez, Rojo, Achával y Rocha.

Fuente: HERNÁN A. MOYANO DELLEPIANE, “Otras cacerías del zorro en los pagos de la Costa y Las Conchas”, Revista Cruz del Sur [ http://www.revistacruzdelsur.com.ar ], n° 5, Buenos Aires, noviembre de 2013, pp. 160-162

La fotografía reproducida lleva el siguiente epígrafe: MELINA, “Bonaerenses”, El Gladiador, n° 155, Buenos Aires, 18 de noviembre de 1904. Allí vemos a los porteños paseando en sus carruajes por los bosques de Palermo en diferentes momentos del día: a la mañana, a la tarde y a la noche, buena oportunidad para sociabilizar.


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