Abuela de 91 años peregrina de Tucumán a Luján (1500 Km)
Por pachy
Martes, 10/03/2015
La historia de la italiana Emma Moroncini conmueve a cada localidad que visita. A sus 91 años y con una vitalidad que sorprende, espera llegar el 18 de este mes a destino. Arribará a la ciudad por la ruta provincial Nº 178, proveniente de Juncal.
Peregrina
Acompañada por un pequeño carro, donde lleva pan, agua y leche en polvo, Emma suele comenzar sus caminatas temprano a la mañana y camina entre cuatro y cinco horas. El resto del día, descansa en hogares municipales.
Esta pequeña (de contextura) gran mujer, el año pasado sufrió un accidente de auto que le afectó una pierna y a pesar de que los médicos le dijeron que no iba a poder seguir caminando, nada la detuvo: “Me dijeron que no iba poder seguir caminando y sin embargo estoy aquí”, le dijo a un diario cordobés semanas atrás.
Emma es de muy baja estatura y para su recorrido lleva puestas zapatillas deportivas. También usa anteojos y un gorro para protegerse del sol; y nunca se olvida de su chaleco de color naranja, para que pueda ser vista por los conductores.
La anciana está acostumbrada a las largas peregrinaciones y ya hizo recorridos como estos en Polonia, Israel, México y Brasil, país donde caminó desde la ciudad de Salvador hasta el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, en San Pablo.
“Sacrificio para la Virgen”
Emma Moronsini no tiene familia y su casa está en Castiglione delle Stiviere, en la provincia de Mantua, en el norte de Italia.
Habla italiano con algunas palabras en español. Lo que hace, explica, es un “sacrificio para la Virgen por la paz en el mundo, la juventud y por todas esas familias que hoy están divididas. Muchos están separados, algunos conviven pero no son esposos, o no tienen hijos. Es muy triste”.
Mientras camina hacia Luján, Emma se muestra sorprendida por el cariño de la gente. “Nunca pensé recibir tanta gracia”. Una vez que llegue a Buenos Aires, ya tiene el pasaje en avión hacia Milán.
El Papa
Su deseo es conocer al Papa y en abril será recibida por Francisco. Al preguntarle por el Sumo Pontífice, ese rostro se vuelve todo luz. “Es estupendo, maravilloso. Hoy todos quieren verlo y estar con él, aunque no tengan fe en Cristo. El Papa tiene una responsabilidad enorme sobre sus hombros, que es guiar a todos los hombres hacia el buen camino. Pasan muchas cosas malas en el mundo y tenemos que volver a la buena senda”, reflexiona Emma.
El peregrinaje
Proveniente de la localidad de Juncal, la anciana permanecerá en Pergamino todo el fin de semana y el lunes continuará su peregrinaje por ruta Nº 8 hacia Viña, distante a 34,7 kilómetros de nuestra ciudad.
El martes seguirá su caminata a Arrecifes (14,8 kilómetros); el miércoles llegará a La Luisa (16,5 kilómetros), el jueves irá a Capitán Sarmiento (15,8 kilómetros) y el viernes se dirigirá a San Antonio de Areco por la ruta Nº 41.
La semana siguiente partirá el lunes a Vagués (6,3 kilómetros) y el martes 17 a San Andrés de Giles (18,6 kilómetros) y su llegada a Luján por la ruta Nº 7 (35,7 kilómetros) está prevista para el miércoles 18.
Un sueño cumplido
“Soy muy devota de la Virgen, que es una, pero tiene diversas advocaciones. El Papa Francisco despertó mi amor por la Virgen del Luján, entonces decidí que ése sería el próximo santuario”- confesó la nonagenaria, ante vecinos de San Marcos que la escuchaban expectantes.
El año pasado, mientras gestionaba su viaje a Argentina, sufrió un accidente que la mantuvo hospitalizada por 6 meses. Se golpeó fuertemente la espalda y se fracturó un brazo, la pierna y el pie. Luego de su internación y tras dos meses de rehabilitación, los médicos le aseguraron que ya no podría resistir largas caminatas. Emma se encomendó a Dios y peregrinó los 400 kilómetros que la separaban del Santuario de Loreto. Al llegar, agradeció a la Virgen por su recuperación y se cayó en la cuenta que podía continuar su destino. Fue así, que reinició los trámites interrumpidos, hasta arribar el pasado 27 de diciembre a nuestro país.
Ya en Buenos Aires, lista para iniciar su marcha, vio que la distancia que la separaba de la basílica era muy corta. “Camino entre 1000 y 2000 kilómetros, Luján estaba muy cerquita”. Es así que, partió en avión a San Miguel de Tucumán para recién allí, comenzar su travesía por la paz mundial y la juventud.
Una esperanzada promesa
“¿Quién dijo que todo está perdido?, yo vengo a ofrecer mi corazón” escribió Fito Páez. Emma, a la par de su corazón, ofrece su vida entera en cada caminata. “Siento mucho dolor al ver que los jóvenes arruinan su vida con la droga. Es así en todo el mundo. La droga es la ruina porque va en contra del amor. Yo camino para que la juventud se aleje de las drogas y encuentre el amor”.
Comenzó a peregrinar cuando se jubiló de enfermera nocturna. Su trabajo la había puesto en contacto con las miserias, angustias y necesidades de quienes transitan la noche, especialmente los jóvenes. Profundamente conmovida, ideó una forma concreta de ayudar: ofrecer el sacrificio por ellos. Y con este pedido, recorrió diversos santuarios de: Francia, México, Polonia, Brasil, Israel e Italia.
“Soy feliz caminando”, dice. Todos los días sale a la ruta a las 6 de la mañana y camina cuatro o cinco horas. El resto del día descansa. En una bolsa lleva pan, agua y leche en polvo. Con eso se mantiene.
Es pequeña y lleva antejos y un gorro para el sol, zapatillas y un chaleco naranja para que los automovilistas la puedan ver en la ruta. Pese a que el año pasado sufrió un accidente automovilístico que le afectó una pierna su ritmo es veloz. “Los médicos me dijeron que no iba a poder seguir caminando, sin embargo estoy aquí”, dice con su sonrisa.
Mientras llega a Luján, Emma se muestra sorprendida por el cariño de la gente: “nunca pensé recibir tanta gracia”. Una vez que llegue a Buenos Aires, volverá en avión a Milán.
De regreso a Italia, espera algún día poder conocer al Papa Francisco, de quien dice que “es estupendo, maravilloso. Hoy todos quieren verlo y estar con él, aunque no tengan fe en Cristo. El Papa tiene una responsabilidad enorme sobre sus hombros, que es guiar a todos los hombres hacia el buen camino. Pasan muchas cosas malas en el mundo y tenemos que volver a la buena senda”.
Pequeña gran figura.
La imagen de Emma es elocuente; se la ve venir por la ruta 9 con su metro y medio de estatura, el carrito en el que transporta una valija y su llamativo chaleco reflectivo al que muestra con orgullo porque tiene en su espalda la estampa del Papa Francisco y la Virgen de Luján.
Es la primera vez que visita la Argentina y la motivación mayor se la adjudica a su admiración por el Papa Francisco y el deseo que tenía de conocer su tierra natal, aunque aclara que los orígenes de Jorge Bergoglio son bien italianos.
México, Israel, Polonia, Brasil, Chile y varios puntos de Europa fueron parte de su peregrinaje. Cuando le preguntan cuál será su próximo destino, contesta con risas: ¿Cuántos años más creen que voy a caminar? Iluminada por su sonrisa eterna, y coronada por su simpleza y entusiasmo, Emma contó en una entrevista exclusiva con La Capital, sus objetivos, vivencias y sentires.
—¿Cómo la recibió Carcarañá?
—Fueron muchas personas a esperarme y los bomberos me custodiaron y acompañaron para que no me sobrepasen. Siempre la gente me abraza pero yo sé que todo ese sentimiento no es para mí, es para la Virgen. Mi misión principal es un sacrificio por la paz del mundo y por los jóvenes. No sólo es caminar, sino pedir, rezar e implorar a la Virgen.
—¿Cada peregrinación que ha hecho es con el mismo objetivo?
—Sí, porque el mundo ha perdido los valores morales, las familias no están unidas y falta el amor hacia los demás. Hace 25 años que camino sola. En la Argentina, a partir de mi arribo a Oncativo (Córdoba) la gente comenzó a seguirme. Muchos me dan cosas para que le lleve al Papa. Son demasiados honores pero yo predico que sean para la Virgen. Es incomprensible que una persona de mi edad pueda caminar tanto, sufrir el peso del camino y tirar un carrito de más de 20 kilos. Se preguntan cómo es que tengo tanta fuerza y yo digo que Dios me da ese don. Soy solita, no tengo familiares, pero en mi peregrinaje conozco muchas personas especiales. Camino con un ideal y una misión y cuando le veo la cara a la gente me da más fuerza.
—¿Empezó con las peregrinaciones después de una enfermedad?
—Sí, tuve una peritonitis fulminante y estuve a punto de morir. Llegué al sanatorio de urgencia directo a la sala de operaciones. Me llevó mucho tiempo pero ya estoy sana. Si me salvaba había prometido hacer una peregrinación a pie a Lourdes, eran unos 1.400 kilómetros. Me decían que no fuera, que me podía morir, pero lo hice. En cada peregrinación recorro unos 1.500 kilómetros.
—¿Peregrinar por este país le resultó complicado?
—La peregrinación en este país es diferente porque hay mucho campo y las distancias entre pueblos son más largas. Además, antes hacía 50 kilómetros por día y ahora 25. En otros países paraba en las estaciones de servicio que hay a mitad de camino, pero acá no hay esos lugares donde resguardarse.
—¿Con qué tipo de gente se ha encontrado en los caminos recorridos en otros países?
—Algunos me consideraron loca, otros creyeron que era una persona que iba a robarles. En Yugoslavia, pensaron que era una especie de bruja y hasta han gritado, “cierra la puerta, cierra la puerta que pasa Emma”. Algunos muchachos se me han burlado y los más chicos me han tirado piedras, pero no con maldad, sino para jugar. También me llegaron a querer dar limosna pensando que era una indigente.
—¿Y ha llegado a dormir a la intemperie?
—No tengo temor a dormir en el campo, lo he hecho en Europa. Sábados y domingo usaba hospedajes, pero en la semana caminaba y elegía cuales campos me iban a servir de hoteles. Me gustaban más los de maíz porque son altos y se puede descansar mejor. En una ocasión un hombre me sacó pero yo decidí volver más tarde. Cuando lo hice, me estaba esperando con un palo. Pero siempre la providencia es grande.
—¿Por qué eligió el recorrido de Tucumán a Luján?
—Quería conocer la Virgen de Luján porque el Papa Francisco habla mucho de ella. Pero si partía de Buenos Aires era un camino muy corto; poca distancia para una promesa. Vi que desde Tucumán había 1.400 kilómetros y decidí arrancar allá, aunque nunca imaginé que haría tanto calor.
—¿Va a conocer al Papa?
—Cuando fui a peregrinar a Brasil coincidió con la Jornada Mundial de la Juventud y la llegada del Papa. Allí pude participar de una entrevista grupal que dio a gente de otros países. Pero ahora, hace cuatro días, me enteré que estoy invitada para visitarlo el 22 de abril, a las 8, en Santa Marta, donde está viviendo y puedo ir acompañada de una persona más. Yo elegí a quién me ayuda a armar los viajes y me traduce los libros y diarios donde salen mis peregrinaciones. Es una persona linda y que tiene mucho amor a la Iglesia. La invitación es un regalo de la Virgen por los tantos años que camino, pero es el pueblo argentino el que me ha dado esta providencia.