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Con María, abramos nuestras puertas para construir la paz
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Lunes, 26/01/2015
Con María, abramos nuestras puertas para construir la paz
Cuando escribo estas líneas, los medios de comunicación repiten la noticia de un atentado terrorista en París. La muerte de quince personas a manos de unos extremistas ha provocado un sinfín de repercusiones sociales y políticas. Entre las consecuencias del hecho, los analistas señalan el peligro de que se acrecienten los prejuicios raciales y religiosos. De hecho ya hay musulmanes que experimentan la desconfianza y el temor. Aunque algunos líderes de las mezquitas de Francia han condenado el atentado, aunque la mayoría de los musulmanes son fieles seguidores del camino de la paz, el accionar de un grupo de extremistas ha provocado que todos sean víctimas de la desconfianza y el prejuicio.
Esta conducta no es extraña en nuestras sociedades: en nuestro país, ante un robo o un episodio de inseguridad, surgen voces que condenan a todos los que consideran posibles delincuentes, lo sean o no. Lo terrible es que esa condena generalizada es también una forma de violencia. Y así, la violencia engendra el prejuicio y el prejuicio engendra más violencia… en una espiral que parece no tener salida.
Por eso, en este mes, le volvemos a pedir a María que nos regale la capacidad de abrir las puertas de nuestro corazón, de nuestros hogares, de nuestra comunidad. Las actitudes de encierro, de individualismo y de indiferencia nunca van a ser constructoras de paz. Ante un mundo que está cada vez más hambriento de paz, volvemos a proclamar con María que la única manera de construirla es vivir como hermanos, abrirnos al otro y confiar en él.
Como comunidad preparamos esta fiesta de Lourdes con mucho cariño. Mucho tiempo antes, ya empezamos a ver que esté listo todo lo necesario para esos días. Como cualquier fiesta, se prepara con esfuerzo y dedicación, pero con una inmensa alegría que nos hace disfrutar la tarea. Se dispone de todo para poder recibir y recibirnos. Queremos que todo aquel que vea la imagen en la calle en los días previos, aquel que se acerque a rezar la novena, el que venga el 11 a alguna celebración, a la procesión o a la misa, que todos encuentren una comunidad de puertas abiertas que los recibe con la certeza de que todos somos los dueños de casa, porque todos somos los hijos de María que nos reunimos a celebrar su presencia.
Pero esta actitud que intentamos vivir en nuestras fiestas patronales, deseamos que también sea la actitud con la que caminemos a lo largo de todo el año. No es asunto de un día o dos, sino que se trata de hacer realidad el Evangelio de la fraternidad que nos enseñó Jesús. Por eso es que necesitamos celebrar el 11, rezarle juntos a la Virgen para que ella nos regale el poder formar una comunidad que siempre tenga una puerta abierta para aquel que quiera compartir la vida.
Los esperamos en la fiesta. Cada uno de nosotros es necesario para poder celebrar. Todos somos invitados a la fiesta de nuestra Madre. Nosotros y Ella, nos alegraremos al encontrarnos.
P. Willy


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