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El 24 nos juntamos en casa, ¿vos qué traés?
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Viernes, 05/12/2014
El 24 nos juntamos en casa, ¿vos qué traés?
A mediados de noviembre recibí el mensaje de uno de mis hermanos diciendo que invitaba a toda la familia a pasar la Nochebuena en su casa. Tal vez a ustedes les ha pasado algo parecido. La celebración de la Navidad es un acontecimiento familiar importante y por eso se organiza con tiempo y se prepara con cuidado. En pocas ocasiones recibo una invitación a cenar con un mes y medio de anticipación!! Todavía no empezamos a hablar de lo que lleva cada uno, o por lo menos a mí no me avisaron, pero pronto comenzará la distribución de la ensalada de fruta, el pionono, los tomates rellenos y los turrones… pero, ¿eso será suficiente para pasar una linda noche? ¿quién se encarga de llevar la alegría, la fraternidad y la paz? ¿esas cosas no habrá también que prepararlas?
La Nochebuena es llamada la “noche de paz”, pero todos sabemos que a veces las reuniones familiares no son experiencias de paz y amor. Tal vez hay tensiones, hay desencuentros, hay heridas viejas. ¿Cómo hacer para que sea una noche de paz? Podríamos pensar que es suficiente con que en esa noche nos llenemos de paciencia, sepamos callarnos y dejar pasar las cosas y no digamos nada que pueda molestar. Nos preparamos ensayando nuestra mejor cara de póker, para disimular toda molestia. Pero yo creo que eso es “actuar” la paz, vivirla es algo mucho más profundo.
El Papa Francisco, retomando algunas ideas del beato Pablo VI, habla sobre la paz social y dice algo que creo que también podemos aplicar a la paz familiar y personal:
“La paz tampoco se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. En definitiva, una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de todos, tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de variadas formas de violencia.” (Evangelii Gaudium 219)
Si sólo vamos a evitar las discusiones, si sólo nos vamos a morder la lengua para no contestar, si sólo vamos a tratar de que nadie grite, estaremos construyendo una paz muy frágil. Tal vez es un primer paso, importante, pero hay mucho más por recorrer. La paz que no surge de una nueva manera de mirarnos, siempre será, como dice el Papa, semilla de nuevos conflictos: cuando se nos pase el efecto del 24, pasaremos la factura de todo lo que nos aguantamos…
Por eso, la paz verdadera es la que se construye cada día. La imagen de la construcción es interesante: para levantar un edificio se necesita tiempo y pequeños esfuerzos. Nada se construye de un momento para el otro, y la tarea se realiza ladrillo a ladrillo, con pequeñas cosas, que integradas llegan a ser un gran edificio. De la misma manera la paz no se improvisa, no son actitudes de una sola noche. Día a día vamos buscando el orden querido por Dios. Si en la Navidad celebramos que Jesús se hace cercano a cada persona, la mejor manera de prepararnos a vivirla es buscar acercarnos mejor entre nosotros, mirarnos como Dios nos mira. Si Dios quiere compartir nuestro mundo y nuestra realidad, ¿cómo no intentar compartir entre nosotros?
Por eso yo los invito a que en este mes pensemos qué vamos a llevar a la mesa navideña para que haya paz, cómo vamos a construirla día a día. Así, la celebración del 24 será una verdadera señal de que Dios nació entre nosotros. ¡Feliz Navidad!
P. Willy


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