Abrirse para construir la paz

Por
lourdes
Lunes, 03/11/2014
Había un agricultor que producía un maíz de altísima calidad, reconocido por haber ganado varios premios y honores en la feria anual del estado. En una ocasión, un periodista lo entrevistó y aprendió algo interesante: el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos. El reportero le preguntó asombrado: “¿Cómo puede darse el lujo de compartir sus mejores semillas con sus vecinos, cuando cada año van a competir con usted por el premio al mejor maíz?”. El granjero le explicó serenamente: “El viento levanta el polen del maíz maduro y lo transporta de un campo a otro. Si mis vecinos cultivan un maíz de calidad inferior o de mala calidad, la polinización cruzada paulatinamente degradará la calidad de mi maíz. Si voy a sembrar buen maíz, debo ayudar a mis vecinos a que cultiven buen maíz¨.
Esta pequeña historia es un buen ejemplo de un aspecto esencial, pero muchas veces olvidado de nuestras vidas. Esto que sucede con el maíz, mucho más se experimenta entre las personas. Todos vivimos interrelacionados, conectados, influidos los unos por los otros. Es por eso que solo podré estar en paz, si vos también estás en paz; sólo podré ser feliz, si vos también los sos; sólo podré crecer si vos también aceptás el desafío. Es el camino contrario a la competencia y al individualismo. Hay ciertos ámbitos de nuestra sociedad que alientan un crecimiento aislado y exclusivo. Pareciera que para ser mejor, me tengo que destacar y diferenciar de los demás, tengo que sobresalir sobre el “montón”. Obviamente esto lleva a que mi crecimiento tenga una conexión directa con el abajamiento del otro… pero no creo que esa sea la mejor manera de progresar, y mucho menos la propuesta de Jesús.
En pocos días iremos a Santos Lugares, al Santuario de la Virgen de Lourdes, y lo haremos bajo el lema: “Con María, abramos nuestras puertas para construir la paz”. En esta pequeña oración quisimos unir dos puntos que creemos que están íntimamente ligados: el abrirnos y el construir la paz.
Sabemos que en nuestra sociedad la paz sigue siendo un bien buscado, deseado y pedido, aunque no siempre experimentado. Tantos conflictos, divisiones, injusticias y violencias ponen en riesgo la tranquilidad y serenidad de nuestra vida. El riesgo es que esto nos lleve a encerrarnos, a aislarnos, a edificar islas que defiendan nuestra seguridad y bienestar. Así como las casas van llenándose de rejas y seguridades, también nuestro interior corre el peligro de protegerse separándose. No creo que ese sea el camino. Tal vez podremos aislarnos en un pequeño círculo para estar seguros, pero si afuera de esa isla hay alguien que todavía no vive en paz, mi vida estará siempre amenazada. La única manera real de construir la paz es asegurar que esa paz llegue a todos, y se concrete en una vida digna para cada ser humano. Por eso, aunque suene paradójico, la manera de estar seguros no es aislarse, sino abrirse… Como la manera de obtener un buen maíz no es esconder las semillas, sino compartirlas para asegurar que el vecino también obtenga un fruto de calidad. Cuando hayamos creado una red que asegure que la comida, la educación, la justicia y el techo lleguen a todos, entonces ahí habremos construido una paz sólida y duradera.
Ir juntos hasta la casa de la Virgen es una manera de vivir un pequeño gesto de unidad y de fraternidad. Ponemos un signo de lo que queremos que sea nuestra vida: un encuentro de hermanos. Que la Virgen, que como buena Madre quiere a sus hijos unidos, nos ayude a vivir este desafío.
P. Willy

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