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Día de los Fieles Difuntos ¡Dales Señor el descanso eterno!
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Domingo, 02/11/2014
Día de los Fieles Difuntos ¡Dales Señor el descanso eterno!
Cada 2 de noviembre, en el Día de los Fieles difuntos, miles de personas en todo el mundo visitan las tumbas de aquellos seres queridos que partieron a la otra vida y la Iglesia eleva oraciones y ofrece sacrificios por su eterno descanso.


El alma de las personas fallecidas puede ir al cielo, al infierno o al purgatorio. Si va al purgatorio quiere decir que aún necesita purificarse pero su destino será, en algún momento, el cielo.

Por ello los creyentes en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio con las oraciones, la limosna y sobre todo cor el sacrificio de la Misa para que éstas puedan ir más pronto al cielo.

La Iglesia celebra la conmemoración de todos los fieles difuntos el día 2 de noviembre, o, si éste cae en domingo o solemnidad, el 3 de noviembre. Todo el clero debe recitar el Oficio de Difuntos y todas las Misas son de Réquiem, excepto la de la fiesta corriente, donde es de obligación.

La base teológica de la fiesta es la doctrina de que las almas que al salir del cuerpo no están perfectamente limpias de pecados veniales o no han reparado totalmente las transgresiones del pasado, son privadas de la visión beatífica, y que los creyentes en la tierra pueden ayudarles con las oraciones, la limosna y sobre todo por el Sacrificio de la Misa. (Vea Purgatorio).

En los primeros días del cristianismo se escribía en los dípticos los nombres de los hermanos que habían partido. Después, en el siglo VI, era costumbre en los monasterios benedictinos tener una conmemoración de los miembros difuntos en Pentecostés. En España, en tiempos de San Isidoro de Sevilla (m. 636), había un día semejante el sábado antes de sexagésima o antes de Pentecostés. En Alemania existió para el día 1 de octubre (según el testimonio de Widukindo, abad de Corvey, c. 980) una ceremonia consagrada a orar por los difuntos, la cual fue aceptada y bendecida por la Iglesia. San Odilón de Cluny (m. 1048) ordenó que en todos los monasterios de su congregación se celebrara anualmente la conmemoración de todos los fieles difuntos. De allí se extendió entre las otras congregaciones de los benedictinos y entre los cartujos.

De las diócesis, Lieja fue la primera en adoptarla, bajo el obispo Notger (m. 1008). Luego se halla en el martirologio de San Protadio de Besançon (1053-66). El obispo Otrico (1120-25) la introdujo en Milán para el 15 de octubre. En España, Portugal y América Latina es tradicional que los sacerdotes en este día celebren tres Misas. Una concesión similar para todo el mundo fue solicitada al Papa León XIII. No la concedió pero ordenó un Réquiem especial el domingo 30 de septiembre de 1888.

En el rito griego esta conmemoración se celebra en la víspera del domingo de sexagésima, o en la víspera de Pentecostés. Los armenios celebran la pascua de los difuntos el día después de Pascua.



A las benditas ánimas del purgatorio
¡Cuán consolatorio

dulce pensamiento,

el del purgatorio

para el pecador!

¿Quién será tan puro

que el celeste asiento

tenga por seguro

sin miedo de error?

En este recelo

Solaz y dulzura

es saber que al cielo

se va por dolor.

Se espera el contento

por la de amargura

senda, y aposento

de triste amor.


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