Ante extrema vulnerabilidad a que se expone a los niños, solicitamos se derogue nueva ley del matrimonio
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Ante extrema vulnerabilidad a que se expone a los niños, solicitamos se derogue nueva ley del matrimonio
Al sancionar la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo, los Senadores han omitido, entre otros importantes aspectos de tan grave cuestión, salvaguardar el “interés superior del niño”, tema “primordial” de acuerdo al Tratado incorporado a nuestra Constitución Nacional (Convención sobre los Derechos del Niño, Parte I, art. 3).
En efecto, al ser aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo, los niños estarán expuestos, en una etapa decisiva de su formación psicofísico-espiritual, a situaciones para las cuales de ningún modo pueden estar preparados.
Expuestos tanto en el caso de adopción por parte de personas del mismo sexo como también, y en no pequeña medida, por la imposición de un nuevo modelo de familia que formará parte de nuestro paisaje socio-cultural y será ampliamente difundido, por ejemplo, a través de la enseñanza en las escuelas y por medio de programas de televisión.
Ahora bien, un niño necesita, para la constitución básica de su psiquismo, función materna masculina y función paterna femenina. Cuando por alguna circunstancia faltara la madre, algún familiar o figura femenina cercana a la familia podrá ejercer la función materna y, de igual manera, en el caso del varón, un familiar o allegado de sexo masculino ejercerá la función paterna, favoreciendo el proceso de identificación sexual.
Ocurre que la incorporación del matrimonio entre personas del mismo sexo a nuestro orden legal favorecerá, de las más variadas formas, que los niños, aún antes de que, por su natural evolución psicológica puedan distinguir con claridad uno y otro sexo, queden sometidos a múltiples situaciones que les podrán provocar trastornos de identidad sexual como los identificados en el DSM-IV (Manual de Diagnóstico Psiquiátrico) actualmente vigente.
En otras palabras, al consagrar una suerte de relativismo ético, donde se legitima incluso la transgresión del orden natural de las cosas, se dejará a los niños sin parámetros, en una edad de extrema vulnerabilidad.
Estos niños hoy no pueden dirigirse a los Senadores que acaban de aprobar esta modificación radical de nuestro ordenamiento jurídico.
Lo hacemos en nombre de ellos para solicitar a las autoridades competentes, dentro del orden y la ley, la derogación de esta nueva disposición respecto al matrimonio, y se evite la formación de un caldo de cultivo de situaciones que terminarán robando a los niños una infancia que tienen derecho a vivir con plenitud.
Abandonemos de una vez ese camino que lleva a la ruina a las futuras generaciones y legislemos a favor de la familia para producir el necesario cambio social, cutural y económico en orden a producir los mejores anticuerpos en el ámbito psicológico y espiritual que nuestros niños y adolescentes necesitan.
Ideologizar el debate con argumentos que no van al centro de la cuestión, intentando descalificar y agraviar a quienes defendemos la familia y el matrimonio constituye un atentado a la dignidad intelectual y no hace sino ocultar este aspecto esencial para lograr un futuro mejor.
Que Dios y la Patria nos demanden si no cumplimos nuestro deber en el campo en que nos corresponda actuar.
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