Francisco

Por
bienaven
Lunes, 03/05/2010
Nuestra intuición casi mágica nos decía que era varón y que su vitalidad se hacía presente entre nosotros: con sus apenas dos meses y la imagen de su corazón latiendo, comenzaba a despertar en el reposo familiar, sueños inigualables de sus padres que no podíamos no pensarlo protegido entre nuestros brazos, además del más bello y trascendente despertar: el de sus hermanos, jugando a ser mayores, soñando con su tan esperada presencia.
El trauma de su silencio repentino a los cinco meses nos deja devastados.
Lamentablemente, nuestra intuición parental nos anunciaba lo que posteriormente
nos confirmaría la Medicina: el ejemplo más claro que podemos citar se constituye en la aparición de reiteradas ideas de muerte en los días previos a la confirmación, así como también un extraño nerviosismo y ansiedad centrados en que todo estuviera marchando correctamente. Su vitalidad se había detenido.
Gritamos con angustia pero con certeza, que Francisco vivió con nosotros cada día de ese tiempo, por eso duele tanto perderlo y cuesta tanto dejarlo ir. Francisco ilumina las palabras de Cristo: “Dejad que los niños vengan a mí”. Tenemos seguridad de que nuestro hijo es sostenido por Cristo y por María, y confiamos en que ha sido lo mejor para él, pero ¿nosotros? Nos comprometemos a honrarlo, dando testimonio de su rica vitalidad durante sus cinco meses de existencia.
El sentido de nuestro sufrimiento familiar será concretado si nuestras palabras logran llegar al corazón de los que de alguna manera lo necesitan: aquellos que dudan de la vida tan temprana, aquellos que pasaron por una situación de pérdida similar, aquellos que simplemente busquen o se interesen por reflexionar, repensar los vínculos humanos tan inabarcablemente ricos.
La objetiva comparación entre las primeras ecografías y el último estudio, que manifiesta la pérdida de la vitalidad marcada además del subjetivo dolor que nos deja su ausencia, todo esto es lo que dejamos para su reflexión. Aseguramos que Francisco entabló una relación con sus padres y hermanos, y el desgarro de su pérdida se constituyen en una muestra más de la enorme vitalidad que tenía.
Una mención muy especial de agradecimiento al Dr. Oyenard y a su cuerpo médico, así
como también al Sanatorio Mater Dei por la impecable empatía y respeto: lograron sostenernos en el dolor. Concretamente, las Hermanas, el Capellán del Sanatorio, las enfermeras que asistieron durante y después de la cesárea. Todos pudieron ponerse en el lugar del otro, actitud que encierra salud y madurez emocional.
Agradecemos a familiares, amigos, conocidos que sin darse cuenta, nos brindaron una red de sostén inolvidable con su presencia, sus palabras, sus silencios, su mirada
afectuosa.
Francisco, gracias por tus cinco meses de existencia, que este crecimiento en el dolor sea un camino para nuestro reencuentro.
Esperamos de corazón que nuestro testimonio sea apreciado, comprehendido y replantee toda manipulación y juicio apresurado de la vida intrauterina, así como también
alivie el corazón de los que hayan sufrido alguna situación de pérdida.
Siempre recordaremos este abril del 2009, en el que recibimos un irrepetible regalo:
nuestro cuarto hijo.
Luis y María Barry

Por
bienaven