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Por una Argentina grande, cristiana y fuerte
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Martes, 17/11/2009
Por una Argentina grande, cristiana y fuerte
Por una Argentina grande, cristiana y fuerte

En momentos en que nuestra Patria juega su destino como nación grande, fuerte y fiel a sus raíces cristianas, elevemos nuestros corazones a la Virgen de Luján.

Basta pensar que en las más altas instancias legislativas crece la presión a favor del reconocimiento del aborto ¡como un derecho! -en abierta oposición a la noción científica elemental de la existencia de vida humana desde el primer momento de la concepción- para comprender que la Argentina ya no es el país profundamente cristiano con el que soñaron los primeros evangelizadores.

Como si fuera poco, se instaló entre nosotros un espíritu de odio de clases, de enfrentamientos, de avasallamiento de los legítimos derechos de la patria potestad y de la propiedad privada que hacen temer por el futuro próximo que nos espera.

Ante estas gravísimas circunstancias, Para Hacerse Oír-Hablemos Claro invita a todos los argentinos, en un comunicado firmado por su director, Martín J. Viano,
a volver al buen hábito del rezo cotidiano del Santo Rosario en familia, con la intención de que la Virgen de Luján, nuestra Reina y Patrona, nos auxilie a evitar que nuestra Patria se aparte definitivamente de las vías de la tradición cristiana.
Rechacemos el escepticismo de quienes juzgan el cuadro desalentador, porque solo lo es para los hombres sin Fe que no saben oír una voz, que emerge del horizonte confuso y amenazador, capaz de despertar la más alentadora certeza:
¡Por Fin Mi Corazón Inmaculado Triunfará!
Voz que merece toda nuestra confianza pues proviene de quien se explicó a sí misma diciendo ¨Soy del Cielo¨ (Nuestra Señora de Fátima a la Hermana Lucía, 13 de julio de 1917).

Hay razones para esperar, sí. ¿Pero esperar qué?
La ayuda de la Divina Providencia para todo esfuerzo, llevado a cabo con clarividencia, rigor y método, para que en nuestra Patria se reinstaure la paz verdadera, que es la tranquilidad del orden, es decir, la paz de Cristo en el Reino de Cristo.
Recemos, con una confianza inquebrantable, en la intercesión de la Virgen de Luján quien, por así decir, ¨ancló¨ en suelo argentino como en territorio escogido por ella para grandes designios, cuando en 1630 se detuvo la carreta con la milagrosa imagen.

Pero también actuemos, con sabiduría y persistencia, y un día nosotros o nuestros descendientes se sorprenderán con la amplitud de los resultados que habremos obtenido para la Argentina y, desde la Argentina para América y para el mundo. (conclusión adaptada del libro ¨Nobleza y élite tradicionales análogas¨, Plinio
Corrêa de Oliveira, Ed. Fernando III el Santo, Madrid, España, 1993)[/n]


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