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Se han acrecentado los atentados contra la vida humana
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Jueves, 26/02/2009
Debemos procurar el reconocimiento del valor trascendente que el ser humano posee por su condición de persona  

“El presente es un caso de eutanasia por omisión, un homicidio calificado ejecutado con la participación de varios cómplices lo que demuestra que en la actualidad se han acrecentado los atentados contra la vida humana y todo aquello que viola la integridad y dignidad de las personas”. Así lo afirma un artículo del doctor Juan Carlos Caprile, profesor titular de la cátedra de Bioética de la Universidad Católica de La Plata , en referencia a una mujer italiana de 37 años de edad que murió luego de haber permanecido en coma durante 17 años y cuya familia obtuvo por vía judicial la suspensión de todos los cuidados, incluso la alimentación artificial y la hidratación.  

El artículo se titula “Morir con dignidad” y en él, el doctor Caprile explica que de acuerdo con principios de la Bioética, “no se deben emplear métodos esproporcionados a las perspectivas de mejoría, evitando padecimientos desmesurados, pero siempre se debe administrar la hidratación y alimentación necesarias. Estas prácticas son un apoyo vital científicamente destinados a aliviar los sufrimientos de los pacientes y sin las cuales mueren a causa de las complicaciones ocasionadas por la deshidratación y desnutrición. En este caso el retiro de dichas medidas terapéuticas provocó una insuficiencia renal y respiratoria que desencadenó en un paro cardíaco y muerte”.
 
Advierte que en la última etapa de la vida se observan “distintas opiniones que tergiversan el auténtico valor de la vida y de la muerte decidiendo arbitrariamente el momento del deceso, justificando el ejercicio de una presunta piedad ante el dolor del paciente o peor aún por razones utilitarias a los efectos de evitar gastos
innecesarios costosos a las obras sociales”.  

Ante esta realidad, sostiene que “las decisiones de los pacientes deben ser consideradas a partir de que respete su propia vida y la autonomía moral del médico cuyo oficio no es destruir la vida sino salvarla”, y agrega que “en el Juramento Hipocrático el compromiso es ejercer el ‘arte de curar’ y no ‘el arte de matar’.”

Asimismo, señala que “la relación de libertad–responsabilidad entre el paciente y el médico no debe ser concebida en el sentido de que éste sustituya la voluntad del enfermo, pero tampoco que tenga que ser obligatoriamente el ejecutor de la voluntad del paciente como en este caso su muerte”.

Tras indicar que “los actuales adelantos científicos, principalmente los cuidados paliativos, otorgan a los integrantes del equipo de salud todos los medios necesarios para aliviar los sufrimientos no sólo físicos sino también psíquicos y espirituales de los pacientes, tratando de mantenerlos en una aceptable calidad de vida hasta el momento de su deceso”, advierte que “no se puede considerar a la muerte como un acontecimiento calculado y programado porque se pierde su auténtico significado” y, citando a Juan Pablo II, subraya la necesidad de “afianzar nuestro compromiso de ‘defender la inviolabilidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural’”.

“Cuando un paciente es incapaz de darle sentido al dolor y a la muerte se considera a sí mismo como algo sin valor e indigno de merecer atravesar por tales circunstancias. Como promotores de la cultura de la vida debemos procurar el reconocimiento del valor trascendente que el ser humano posee por su condición de persona, para que sean respetados todos los momentos de su existencia, incluso la muerte y así sea posible ‘Morir con dignidad’”.

Más información: juan.caprile1@speedy.com.ar


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