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La sentencia de muerte para un niño inocente
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Miercoles, 26/09/2007
La sentencia de muerte para un niño inocente
Ante la sentencia aplicada al niño por nacer, concebido por la joven discapacitada mental entrerriana, en el Hospital Interzonal Especializado Materno Infantil (Hiemi) de la ciudad de Mar del Plata (Cfr. ¨La Nación¨, 25-9-2007), resulta incomprensible que quienes juraron defender la vida se la quiten a un ser pequeño e indefenso.

La práctica del aborto voluntario, por lo demás, vulnera la Constitución y los tratados internacionales a ella incorporados que garantizan la vida humana desde la concepción, y lo sucedido nos sumerge en un estado de anomia e injusticia.

Nuestra sociedad constata que las leyes se aplican de manera acomodaticia, ya que la Corte Suprema de la Nación reconoce en un reciente fallo el derecho personalísimo y fundamental del niño por nacer y en el caso aquí analizado se soslayó este derecho de manera atroz.

Es de destacar que
los organismos facultados para actuar contra la discriminación mantuvieron un elocuente silencio pese a que estamos frente al acto de mayor violencia y discriminación que es decidir quien nace y quién no, de acuerdo a las condiciones en las que es concebido.
Además, el niño podría haber nacido en perfectas condiciones, sin que la propia vida de la madre hubiera sido puesta en peligro, tal como lo sostuvieron los médicos del Hospital San Roque de Paraná que se negaron a cumplir la orden judicial.

He trabajado en equipos de embarazo de alto riesgo, donde una embarazada que sufría psicosis, dio a luz una niña, a la cual por su discapacidad solo amamantaba pero no la registraba como persona (no la miraba, no la acariciaba). La niña corría riesgo de enfermarse por falta de atención afectiva, razón por la cual fue dada en adopción, con todas las precauciones para respetar y cuidar tanto a la madre como a la niña.

Hoy se pretende olvidar que cuando una mujer queda embarazada ya no es ella sola, son dos personas y por tanto dos sujetos de derecho. Al niño por nacer entrerriano le fueron sustraídos todos sus derechos, porque el derecho primario de todo hombre es el derecho a la vida.

Es de desear, por tanto, que
la defensa de la vida humana desde la concepción se instale en la agenda de los candidatos presidenciales y que éstos no miren hacia otro lado cuando se habla de los derechos humanos, ignorados en el caso del niño por nacer ejecutado en Mar del Plata. Al final de cuentas, el derecho a la vida es el primer derecho humano universal a partir del cual tienen sentido todos los demás.
Por lo anterior, adherimos a la enérgica declaración de la Corporación de Abogados Católicos y de otras entidades, a las cuales convocamos a unirse en un frente común para defender la vida humana y la institución de la familia, hoy en tan grave riesgo.

Licenciada (en Psicología) Araceli Ramilo Alvarez
Asesora en Familia Niñez y Adolescencia


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