La estatización de la universidad de las Madres de Plaza de Mayo: ENCUBRIMIENTO A DESFALCOS ORGANIZADOS CON FONDOS PÚBLICOS.
Ante los recientes acontecimientos sobre la estatización de la Universidad Madres de plaza de mayo, cabe hacernos unas cuantas preguntas sobre el sistema de gobierno que rige actualmente en nuestro país.
No escapa a nadie que los votos en nuestro parlamento dejan mucho que desear últimamente en cuestiones trascendentales que hacen a la vida cotidiana de la sociedad y del país. Jugar dentro de las reglas y no “pinchar la pelota” es importante en una sociedad, por cuanto las reglas de juego hacen a la estabilidad de las instituciones y a la “seguridad jurídica”, concepto tan bastardeado por nuestro actual ministro de economía. Como bien dice nuestra constitución en su artículo 22, “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes…”, por lo que dependemos de los representantes electos para defender los intereses de la ciudadanía mediante el voto, que es la elección ni más ni menos que de la voz y la representación de los ciudadanos. Cabria agregar que nuestro parlamente nacional tiene 2 cámaras, la de senadores que representan a las provincias, y la de diputados que representa al pueblo o los ciudadanos. En teoría cosas distintas y no siempre compatibles, en la práctica solo una cuestión de sueldos y modos.
Si el sistema democrático en nuestro país está quebrado desde su base, y todas las instituciones aparecen heridas tras décadas de abandono y desidia, no llama la atención que la calidad democrática y republicana decaigan, conjuntamente con los valores que sustenta nuestra constitución nacional, la cual casualmente en su primer artículo nos dice: “la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal…”.
Del federalismo no corresponde ocuparnos en este instante, simplemente diré al respecto que la nación se queda con más del 75 % de los ingresos y las provincias con menos del 25 % de lo recaudado por la maraña de impuestos tasas y contribuciones con las cuales nuestros queridos legisladores nos han sabido honrar a lo largo de los años y las crisis consecutivas. Decir que nuestro país es federal es a lo menos un chiste mal contado.
La forma republicana de gobierno tiene su sustento en la necesidad de limitar los poderes de los gobernantes, otrora absolutos, y asegurar los derechos individuales de los ciudadanos de los delirios de los gobernantes de turno, y poder limitar de alguna forma el legendario y posiblemente de poco rigor histórico “L’etat se mua” de nuestro amigo solar Lucho XIV. Sustituir al rey sol por el Estado actual no es sino un paso lógico y actualmente en discusión en todo el mundo. Entonces, el espíritu de la república en el fondo está impregnado de la protección de los derechos individuales y las minorías, y la división de poderes y el federalismo son garantías para los ciudadanos y las provincias de la calidad de la defensa de los intereses de los ciudadanos de a pie de nuestro país. El avance sobre la división de poderes, atenta directamente contra la ciudadanía, ya que cuanto más se recorten los derechos y las posibilidades de los ciudadanos, peor para los más desfavorecidos de la sociedad, ya sea el pobre, ya sea para la minoría, ya sea para el que opina distinto.
Ahora el nudo, “representativo”. Los votos parlamentarios dejan mucha tela para cortar en estos temas que hacen a la calidad institucional y al debate ciudadano, ya que a nadie se le escapa que hay votaciones que son directamente ordenadas desde las cúpulas de los partidos, y otras que son dejadas a la libre interpretación de los legisladores (debemos aclarar que estas últimas son las menos numerosas). Nuestra actual administración hace constantemente gala de disciplina partidaria desde hace años, y gracias al control de las mayorías ha dado lugar a “la escribanía” en la que se convirtió nuestro congreso.
Vistos los antecedentes, y ante el voto de algunos legisladores cabe la pregunta, ¿de quién son los votos?
De primera mano aparece como un debate tenso y complicado, ya que dependiendo de la respuesta varían las consecuencias, y como todo en la vida, de lo único de lo que no podemos librarnos es de las consecuencias de nuestras acciones. Así las cosas surgen a priori dos variantes, o bien los votos son del partido al cual pertenece el legislador, tesis sostenida por gran parte de nuestros políticos y representantes, o bien los votos pertenecen a la gente, quien los voto en primera instancia. Si son del partido, cabe la obediencia partidaria ante temas centrales importantes para el partido y la vida democrática del mismo, por lo que cabe el sometimiento de las opiniones personales de los legisladores a las directivas de los líderes del partido, tesis predominante en nuestro medio. Junto con los intereses del partido, a veces pesan los intereses y las presiones que sobre esos legisladores se hace desde el poder y la política, y para graficar el caso apelo a la memoria del lector para recordar casos tristemente celebres en nuestro parlamento por los escándalos que supieron generar y que sinceramente prefiero no nombrar.
Si los votos son de la ciudadanía, seamos mínimamente optimistas y posiblemente importe un poco, solo un poco lo que opina la ciudadanía sobre los temas que se tratan en el parlamento.
Estatizar la universidad de las madres tras las denuncias de corrupción que la rodean y el desfalco económico de su estado patrimonial no se diferencia en nada a la estatización de Ciccone y la impresión de billetes en nuestro país. Al decir de algunos, entre ellos yo, una genuina “redistribución de los ingresos” a los que nos tiene acostumbrados la actual administración, o tal vez mejor decir un encubrimiento a desfalcos organizados con fondos públicos y manejados por personas poco escrupulosas con la república, que de hecho significa “cosa pública”.
Posiblemente algún día muchos de los legisladores deban dar de cara a la ciudadanía una explicación razonable, si es que la hay, del porque de la necesidad de negociar con el futuro de las institución y de nuestro país. Posiblemente no. En todo caso solo me resta describir mi autentica y legitima tristeza, y la única conclusión rescatable de todo este embrollo en el que estamos es que tenemos los gobiernos y los representantes que nos merecemos, y eso es algo en lo que debemos meditar profundamente…
El Dr. Pedro Alejandro Kuphal es abogado, especializado en economía, fundador del Movimiento Profesionales Por la Vida y Coautor y compilador del libro ¨Vivir ¿¡Sí!?¨, un compendio de enfoques multidisciplinarios sobre la problemática del aborto.
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