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La vida secreta de las palabras
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Sábado, 03/05/2014
La vida secreta de las palabras
- Acá todo el mundo hace lo que quiere, ¡es un viva la pepa!
- Paciencia… vas a ver que a cada chancho le llega su San Martín…
- Y a vos qué te agarró… ¿te hacés el maestro siruela?
Tal vez la mayoría de nosotros puede entender este pequeño diálogo, aunque no tengamos idea de quién es la “pepa”, ni qué tienen que ver los chanchos con San Martín, ni por qué este siruela no se escribe con “c”… Muchas veces usamos expresiones de las cuales sabemos su significado, aunque no su origen. Y esto nos pasa no sólo con los dichos, sino también con las mismas palabras. Seguramente todos hemos experimentado el eco en una montaña o un cuarto vacío, aunque no sabemos que su nombre hace referencia a una antigua Diosa condenada a repetir las últimas palabras que escuchaba. O hablamos de los paparazzi sin recordar que su nombre se debe a la película “La dolce vita”. Por eso, siempre me pareció sugerente la frase que usé como título, que es el nombre de una película. Es que las palabras tienen una vida, una historia y unos significados que a veces permanecen ocultos para nosotros…
Por eso hoy quisiera referirme a la palabra “entusiasmo”. A veces asociamos esta actitud a una euforia un tanto superficial, como el griterío de ciertos programas de televisión que comienzan con una música estridente, unas personas bailando y alguien que habla fuerte y se ríe de no sabemos bien qué. ¿Será sólo eso el entusiasmo?
El origen de la palabra es interesante: su etimología hace referencia a un arrebato divino, o más literalmente, a llevar un Dios adentro. Por eso, el entusiasmado, es aquel que está habitado por Dios y algo de la divinidad se está manifestando a través de su persona. Esto me hace pensar dos cosas:
Por un lado, todo el que tiene a Dios en sí, está llamado a vivir con entusiasmo. Una de las manifestaciones más claras de la presencia de Dios en nuestro interior es la alegría con la que nos movemos cada día, las ganas que le ponemos a la tarea más sencilla, la fuerza con la que realizamos las actividades cotidianas.
Pero, por otro lado, la etimología de entusiasmo nos recuerda que las personas que viven con esta actitud en sus vidas, llevan a Dios en sí, aunque no lo sepan. Aquel que sabe poner pasión en lo que hace, que se compromete con su tarea y la vive con entrega, esa persona está habitada por Dios, aunque nunca rece, ni vaya a la iglesia y tal vez ni siquiera crea en ningún Dios.

Como Iglesia estamos viviendo el tiempo pascual, la alegría de la resurrección de Jesús. En la comunidad queremos aprovechar estos días para celebrar la vida que Él nos regala. Sabemos que creer en la resurrección del Señor también tiene que ver con valorar la vida, reconocer lo que somos y tenemos, agradecer por la presencia de los hermanos y hermanas con las que caminamos, y comprometernos mejor en la entrega alegre de todos los días. El tiempo pascual culminará con la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu de Dios sobre la comunidad. Es que la vida del resucitado llega a su plenitud cuando podemos descubrir que el mismo Espíritu que lo animó a Él es el que nos guía y conduce a nosotros. Le pediremos al Espíritu ser personas entusiasmadas, en el mejor sentido de la palabra, personas que viven con un Dios adentro, arrebatados por el amor divino.
¡Que el Resucitado llene de entusiasmo nuestras vidas!
P. Willy


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