El bache: un estilo de gestión

Por
eduardoepszteyn
Martes, 11/03/2014
Tiempo argentino - 12/03/2014
Gabriel Fernández Gasalla Economista Urbano (Universidad Nacional de Quilmes)
La Ciudad de Buenos Aires presenta hoy más de 25 mil pozos en las calles: son 10 mil más que al asumir Macri en 2007.
La semana pasada un colectivo no terminó su recorrido porque encalló en un bache abierto en una concurrida calle del centro porteño.
Mezcla de noticia de color con atisbos de críticas mediáticas de baja intensidad fue el final para la mentada noticia. Para un gobierno que ha constituido a la obra pública en uno de sus tarjetas de presentación frente a la opinión pública, es un brote de ineficacia de aquello que es parte de la cotidianeidad de los barrios más alejados del centro de la metrópoli pero también en zonas propicias al voto macrista. Los datos de la ONG Defendamos Buenos Aires son esclarecedores: 11 mil denuncias de vecinos que perdieron el tren delantero del vehículo en un bache porteño.
La Ciudad de Buenos Aires presenta hoy más de 25 mil baches (10 mil más que al asumir Mauricio Macri en 2007), siendo las zonas más críticas para Defendamos a Buenos Aires: * Zona Roja: Palermo 5200 baches y Belgrano 5000 baches.
* Zona Naranja: Flores: 4000 baches y Liniers 3800.
* Zona Amarilla: Pompeya: 2000 baches; Almagro: 2000 baches y Caballito: 1500 baches.
* Zona Blanca: Once: 1000 baches ó menos en: San Telmo, Montserrat, Núñez, Urquiza, Barrio Norte, Recoleta, Lugano, Soldati, Villa de Parque y Devoto.
Pero, ¿podemos ir un poco más allá de los límites materiales del modesto bache para comprender la lógica política del macrismo? Los baches, sencillos agujeros en el plúmbico asfalto porteño pueden ser una pista reveladora para descifrar el estilo de la administración Macri. Un gobierno de la Ciudad signada por el ¨gerencialismo¨ como la desideologizada ideología que inspira al jefe y a sus equipos gubernamentales citadinos.
Para el ¨gerencialismo¨ como forma ascéptica de la acción pública apolítica, no existen más que ¨problemas técnicos¨ a resolver y demandas de ¨la gente¨.
Ambos se manifiestan naturalmente, sin anclaje en causas socioeconómicas, en inequidades estructurales o en la afectación de intereses corporativos. Prueba de esto son las explicaciones del ministro de Ambiente y Espacio Público Diego Santilli: ¨La mayoría de los baches son producto del mal manejo de las empresas de servicios. Todo esto hace que tengamos que reparar constantemente¨.
Otro aspecto del ¨gerencialismo¨, tal vez el menos analizado, es el del paradigma del gobierno eficaz que lo sustenta. El PRO es el conglomerado partidario que mejor profesa la idea de que un buen gobierno, aquel que hace las cosas bien para la gente, es el que actúa sobre los efectos, no sobre las causas. Ya no se trata de la prevención de los desórdenes, de los conflictos, o de problemas de rango inferior, sino de la capacidad de redirigirlos en una dirección que no dañe la propia imagen del gobierno.
Según Santilli, ese ¨stock permanente de 4000 baches¨ se repararán paulatinamente, al tiempo que aumentan las multas a las empresas de servicios que realizan aperturas ilegales en el asfalto. Según el propio ministro, a la Ciudad le cuesta 5 millones de pesos tapar los 1100 baches que se producen cada mes.
¿Una alternativa para involucrar a la ciudadanía en la solución de estos problemas? La transferencia a las comunas de las competencias establecidas por ley, entre las cuales está el control y mantenimiento del estado de las calles de la ciudad. Eso permitiría que las autoridades comunales realicen gran parte del trabajo que esta gestión no está haciendo, y posibilitaría que los propios vecinos supervisaran y controlaran estas tareas.
Para el ¨gerencialismo¨ como forma ascéptica de la acción pública apolítica, no existen más que ¨problemas técnicos¨ a resolver y demandas de la gente.

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eduardoepszteyn