Palabras

Por
sinay
Lunes, 27/01/2014
El amor no genera dolor, no lastima; el amor sana, repara, potencia, fecunda, crea, confirma, valoriza, nutre al corazón hambriento... Y no lo hace por azar, ni por magia, ni por ceguera, ni por capricho, ni por carencia de razón. Todo lo contrario. El amor es una construcción que necesita de dos para ser posible. No existe en abstracto, no precede a quienes lo perciben, no es algo que tenemos preadjudicado y sólo debemos reclamar. La energía amorosa capaz de hacer que dos personas se acepten y se reciban diferentes y que construyan, a partir de su sagrada unicidad, un espacio común y trascendente, pero que es más que ellos mismos, necesita alimentarse de la responsabilidad y de la conciencia.
Esta no es una afirmación caprichosa. El amor no convierte a nadie en objeto del destino. Toda relación de amor es una relación entre sujetos. Un sujeto es alguien que ha tenido acceso a la conciencia. La conciencia nos permite percibirnos y descubrirnos diferentes y únicos, nos da el registro de nuestra singularidad. No podríamos ser diferentes ni singulares si no existieran los otros. Cada uno de nosotros es único, diferente y singular porque existen los otros. Al darnos cuenta de esa existencia y de lo que ella significa para que cada uno de nosotros sea el que es, podemos valorar al otro. Somos uno entre otros y existimos vinculados a ellos. Solo, cada uno de nosotros es nada. En un mundo sin otros, ni siquiera tendríamos nombre (no sería necesario, nadie nos nombraría) y careceríamos de identidad. La identidad es fruto de una vida gregaria. Por eso nada duele tanto como la exclusión, la indiferencia o el ser ignorado. Tener conciencia de mí es tener conciencia de ti. Yo y tú son vocablos y conceptos que no pueden existir separados.
El amor es el vínculo más profundo, más trascendente, más sublime que une a las personas. No es ciego, ni loco, ni brujo. El amor es amor a alguien, a quien está conmigo. Lo veo. Cada una de mis acciones lo afectan. Cada uno de sus actos me conciernen. Es así en los acuerdos y en las discordias, en las convergencias y en las diferencias.
Fragmento de Elogio de la responsabilidad, del terapeuta y escritor Sergio Sinay.

Por
sinay