Admin
 
 
Logo DIPLOX
CONFERENCIAS; San Doroteo de Gaza.
Volver Por bienaventurados
  
Martes, 29/10/2013
CONFERENCIAS; San Doroteo de Gaza.
¨Las Conferencias que Doroteo dirige a sus discípulos tienen un fin muy preciso: guiarlos en el trabajo de purificación del corazón. En ningún momento se distrae en especulaciones o disquisiciones doctrinales que puedan desviar la atención de esa mirada vuelta al interior del alma. Y no se debe a un desprecio o desinterés por el dogma o la teología de la Iglesia, que en esos momentos estaba llegando a sus cumbres por la tarea de los grandes concilios ecuménicos. El motivo es otro. Para esta escuela de vida monástica de Gaza el monacato tiene su especificidad tanto en su modo de vida como en los temas que le preocupan. Y esos temas son los que aborda Doroteo¨.
CONFERENCIAS
San Doroteo de Gaza

Libro en formato html: http://www.franciscanos.net/patristica/textos/doroteo.htm
Doroteo de Gaza, Santo
Asceta, 28 de marzo
Etimológicamente: Doroteo = Don de Dios, viene de la lengua griega. San Doroteo de Gaza es entre los muchos santos de este nombre, el que goza de mayor reputación. Nació en Palestina a finales del siglo VI.
Relato de su vida en video: http://gloria.tv/?embed=frame&media=272668

Ingreso desde muy joven en calidad de hermano lego en el monasterio del abad Seridio, situado en el torrente entre Gaza y Ascarón, se puso bajo la dirección del monje Juan, llamado el profeta, y de san Barsanufio, y no prosperó sólo en sabiduría, sino también en virtud. De acuerdo con su trabajo, Doroteo llevó una vida austera y ascética. Después de terminar sus oraciones, y recoger piedras a lo largo de la orilla del mar para construir celdas para los demás ermitaños. Por la noche tejian cestas, a cambio de lo cual recibió los suministros que necesitaban para vivir. Su alimento consistía en pan y hierbas de la selva. Solo comían una vez al día y bebían un poco de agua. Apenas dormía. Siendo su misión en el monasterio cuidar a los monjes ancianos y enfermos, tuvo la mejor ocasión de practicar con ellos una exquisita caridad cristiana. Formó a san Dositeo que brilló por su santidad. Muertos sus maestros, él mismo tomó el relevo: Fundó el monasterio situado entre Gaza y Majuma, del que fue abad. Escribió un tratado ascético dedicado a la vida monástica, que se conserva en versión griega y latina. San Doroteo murió en paz a una edad avanzada en el primer tercio del siglo VII.
INTRODUCCIÓN DE CONFERENCIAS
P. Fernando Rivas, osb
(No se encuentra en el documento PDF)

A. CONTEXTO HISTÓRICO
1. Los orígenes del monacato en Gaza: Egipto.
La ciudad de Gaza, al sur de Palestina y sobre el Mediterráneo, era el paso obligatorio para acceder o salir de Egipto rumbo a Oriente Medio u Occidente. Por eso, cuando la vida monástica en los desiertos de Egipto alcanzaba su plena madurez, y se vio sometida a una gran devastación por parte de los beduinos nómades (año 434), muchos monjes en su huida fueron a instalarse en Caza y sus alrededores.

Sabemos que abba Arsenio de Escete se limitó en su fuga a cruzar el río Nilo para instalarse en Troe (al norte de donde había vivido san Antonio ochenta años antes). Pero un tal abba Silvano, después de una estadía temporal en el Sinaí, regresó finalmente a su tierra natal, Palestina, instalándose definitivamente en Gaza. Seguido por un grupo de discípulos organizó la vida monástica en forma de laura, esto es, de celdas desperdigadas y una iglesia central para poder reunirse en ciertas ocasiones (2).

Pero esto no significa que antes de esa fecha (450) no hubiese habido monjes en esta región. Por el contrario, San Jerónimo, siempre deseoso de encontrar los precursores de la vida monástica de cada región que visitaba, nos cuenta la vida de un tal Hilarión que hacia el año 308, después de haber pasado un tiempo junto a abba Antonio en Egipto, regresó a Gaza. Hilarión había nacido en Tavata, los alrededores de Gaza, y al regresar de Egipto se instaló en Maiuma, puerto de dicha ciudad. Poco a poco se le fueron juntando hermanos y la vida monástica empezó a florecer en Gaza, en el mismo momento en que abba Antonio alcanzaba la cumbre de su fama, y Pacomio daba los primeros pasos para organizar comunidades de hermanos en el Alto Nilo (año 320) (3).

La llegada de monjes de Egipto a esta región continuó: bien por huir de los bárbaros o de la fama, o bien para peregrinar a Tierra Santa, lo cierto es que hubo un continuo ir y venir de monjes, algunos de los cuales se establecieron en Gaza. Después de Hilarión llegaron entre otros un tal Porfirio, futuro obispo de Gaza (395), el ya mencionado Silvano, abba Focas, abba Ireneo que venía de Escete y otro más quienes hicieron que para fines del siglo IV o principios del V, Gaza contara ya con una organización y tradición monástica consolidada.

(1) Las obras de Doroteo de Gaza han sido publicadas con texto crítico por L. REGNAULT y J. PREVILLE monjes de Solesmes en la colección “Sources Chrétiennes” n.92, Cerf, Paris 1963. Están acompañadas de una traducción francesa. Las obras son: 17 conferencias, 16 cartas y 18 sentencias. También se encuentra en dicho volumen la Vida de Dositeo, de autor desconocido peso cuya doctrina es un fiel reflejo de las enseñanzas de Doroteo. En Cuadernos Monásticos nº. 13, 1970 ha sido publicada la traducción castellana de la Vida de Dositeo: en el nº. 10, 1969 fueron publicadas dos de sus cartas y en el nº. 32 1975 fue publicada una “Selección espiritual” que L. REGNAULT realizó tomando textos de las 17 conferencias ordenados según las distintas fases de la vida espiritual. Las siglas que utilizaremos para citar las obras del corpus de Doroteo y las Cartas de Barsanufio son: D (=conferencias); VD (=Vida de Dositeo); C (=cartas de presentación a las obras de Doroteo); BJ (cartas de Barsanufio y Juan)

(2) Un buen panorama de los orígenes del monacato en Gaza hasta la época de Doroteo lo podemos encontrar en D. CHITTY: The desert a city, Oxford 1966, c. IV, V y VI.

(3) SAN JERÓNIMO Vita Hilarionis, PL 23, 29-54. S. Jerónimo seguramente recibió las noticias de Hilarión de manos de Epifanio que fue discípulo de Hilarión hasta ser elegido obispo en 367.
2. Isaías de Gaza y el monofisismo
El más importante emigrante del desierto de Egipto llegado a esta región fue abba Isaías de Escete, quien junto con su discípulo Pedro, vino a instalarse en la ciudad natal de Hilarión, Tavata (actualmente existe el mismo nombre a unos 8 Km. de Gaza), en el año 449 (4). Los motivos de su venida los encontramos en su misma enseñanza espiritual: hacerse extranjero al mundo por amor de Cristo (xeniteia: exilio físico). La forma de organizar la vida monástica cambió. Anticipando lo que un siglo después va a ser la vida del monasterio de Doroteo, Isaías se encerró en una celda y todo contacto con él debía realizarse por intermedio de su discípulo Pedro. Se le unió una comunidad cenobítica, pero muy seguramente designó algún superior para gobernarla. Es muy probable que la obra que nos ha dejado se deba a las respuestas que Isaías daba desde su reclusión a los hermanos que le presentaban sus inquietudes, tal como sucederá más tarde con Barsanufio y Doroteo de Gaza.

En el año 451 tuvo lugar el Concilio de Calcedonia. El monofisismo que afirmaba la absorción de la naturaleza humana de Cristo por su naturaleza divina fue condenado. Entre los monjes de Palestina el monofisismo contaba con grandes adeptos. Isaías de Gaza, gran autor espiritual en ese momento, era partidario de los monofisitas, aunque en toda su obra no se encuentre ningún reflejo de la herejía. Igualmente quedó siempre conceptuado como monofisita, lo que llevó un siglo después a que Doroteo de Gaza, citándolo muchas veces, nunca lo nombrara (5).

Entre los años 451 y 500 toda Palestina, y especialmente los monjes, se encuentran divididos entre los que aceptan y los que rechazan el Concilio de Calcedonia. Hay un continuo ir y venir de monjes entre Jerusalén y Gaza. Es en esos años cuando en los alrededores del Mar Muerto florece un gran movimiento monástico encabezado por San Eutimio y por su sucesor san Sabas (460). Pero mientras este grupo de monjes mantuvo una continua fidelidad a las enseñanzas de Calcedonia no podemos decir lo mismo de los monjes de Gaza.

Junto con Isaías, que adhería a la posición monofisista, aparece en el año 444 en Maiuma (puerto de Gaza) un tal Pedro el Ibero. Toma claro partido por la doctrina monofisista, y después de ser nombrado obispo de dicha ciudad emprende la huida a Egipto para no tomar parte en reuniones conciliares que pudieran comprometer su posición (453).

En torno a Isaías y Pedro el Ibero, junto con dos personajes más: Zacarías de Gaza y Severo de Sozópolis, se desarrolla un importante foco de pensamiento teológico y espiritual. Y es dentro de esta escuela de pensamiento donde aparecen por primera vez citas del conjunto de las obras místicas atribuidas a Dionisio Areopagitas (6). Muchos estudiosos llegan a afirmar que se trata del mismo Severo, el cual sería su autor. Recientemente se ha considerado como más probable la pertenencia a Pedro el Ibero. Sea como fuere, las obras del Pseudo Dionisio pertenecen a este contexto monofisita de Gaza y a esta fecha (480) (7).

(4) El problema de la identificación de Isaías de Escete con Isaías de Gaza esta muy bien estudiado por L. REGNAULT en Isaie de Scete ou de Gaza en Revue d´Ascetique et Mystique, 46 (1970)181, 33-34.

(5) Las obras de Isaías de Gaza han sido publicadas en francés por L. REGNAULT: Abbé Isaie. Recueil Ascétique. Spiritualité Orientale n. 7, Bellefontaine 1976.

(6) Cf. D. CHITTY, op. cit. p. 105.

(7) Cf. Dictionnaire de Spiritualité III art: “Denys l´ Aréopagite (Pseudo)” por R. ROQUES
3. Barsanufio y Juan
Hacia esta fecha llega también, proveniente de Egipto, abba Barsanufio. Su fama de santidad hace que sea solicitado por distintos monasterios. Se estableció en el monasterio de un tal Séridos, fundado hacia fines del siglo V, al cual ha de entrar años más tarde Doroteo.

Ignoramos cuándo el monje egipcio Barsanufio se encerró en su celda y puso a su asistente Séridos a la cabeza de los ascetas que lo seguían. El Gran Anciano normalmente no salía de su reclusión y se comunicaba con el mundo exterior, especialmente con los hermanos que lo consultaban, por intermedio de abba Séridos que lo servía y guardaba hacia él una obediencia absoluta (ya señalamos que Isaías de Gaza observaba la misma organización y lo hacía a través de su discípulo Pedro). Hacia el año 525 el Gran Anciano se retira a una nueva celda y deja la anterior al otro Anciano, abba Juan, que llevaba un género de vida semejante al suyo desde hacía dieciocho años, y tenía también un monje que lo asistía y hacía de intermediario. La comunidad se consolida en forma de cenobio contemporáneamente al establecimiento de San Benito en Montecasino (Roma), rodeada por celdas de anacoretas con distinto grado de reclusión. Se establece una correspondencia asidua de los distintos monjes y hermanos con los dos ancianos reclusos, que gozaban de los más altos carismas de clarividencia y profecía, y que tenían a su vez un mismo modo de ver y resolver las cuestiones que les planteaban. De esta correspondencia nos han quedado unas novecientas cartas en forma de pregunta y respuesta (8), las que fueron editadas por un monje de la comunidad, cuya identidad nunca se nos revela, y que nos dice haber sido testigo de la única vez que Barsanufio salió de su celda para lavar los pies a los hermanos con el objeto de terminar con las dudas de un hermano escéptico, que se preguntaba si ese Anciano a quien nadie veía, no era un personaje ficticio creado por abba Séridos para dirigir con su autoridad a la comunidad.

La riqueza de estas cartas para conocer toda una época es de un valor incalculable. Un centenar de ellas está dirigida a un cierto Doroteo, de quien trazan todo su itinerario espiritual, desde su entrada al cenobio de Séridos, y nos dan a conocer su docilidad y fidelidad a la guía de los dos Ancianos.

(8) Las cartas de Barsanufio y Juan (=BJ) han sido publicadas parcialmente por D. CHITTY en Patrología Oriental t. XXXI fasc. 3 Paris 1966; L. REGNAULT las ha traducido en su integridad al francés en Barsanuphe et Jean de Gaza, Correspondance. Solesmes 1971. La edición crítica definitiva se encuentra en BARSANUPHE–GAZA, Jean de: Correspondance I-III. Introduction, texte critique et notes par François NEYT et Paula NOAH, traduction par Lucien REGNAULT, Les Éditions du Cerf (Sources Chrétiennes 426, 427, 450, 451, 468) 1997-2002. Citaremos las cartas con el número correspondiente a esta edición francesa bajo la sigla BJ seguida del número de la carta.
B. VIDA DE DOROTEO DE GAZA
1. Los comienzos en el monasterio de abba Séridos
Gracias a esta correspondencia entre Doroteo y los ancianos reclusos Barsanufio y Juan, es como podemos llegar a enterarnos de los detalles de su vida: de su noviciado, de sus tentaciones y pruebas diversas.

Así, sabemos que al ingresar al monasterio y distribuir los bienes que poseía, su falta de salud le obligó a reservarse algo para sus necesidades (9). Pasados los meses iniciales de su nueva vida volvieron a acosarle las inclinaciones y pasiones que tenía en el mundo, sobre todo señala la lujuria (10), quitándole la paz a su alma, atormentándole con múltiples pensamientos que no podía controlar y llevándolo al borde de la desesperación (11). Llegó a concebir como única solución para sus tentaciones huir del monasterio (12).

Más adelante cayó presa de la tristeza y la depresión (13), de la cual fue librado en forma milagrosa por la oración de su padre espiritual.

En todo esto Doroteo nos cuenta que fue progresando gracias a un cada vez mayor abandono a las enseñanzas de los dos Ancianos y de abba Séridos, al punto de llegar a preocuparse por no ser asaltado por ninguna tribulación (14). Esta experiencia de la filiación espiritual será fundamental para Doroteo. Barsanufio y Juan le trazaron un camino muy claro: la renuncia a sí mismo en todas las cosas a través de la obediencia y, sobre todo, de la humildad (15).

La docilidad de Doroteo a los ancianos y a abba Séridos (16) fue el motivo por el cual le confiaron diversos cargos de responsabilidad en el monasterio: la enfermería (construida con el financiamiento de un hermano de Doroteo (17)) fue ocasión para Doroteo de un gran crecimiento en la caridad y pureza de espíritu (18). También estuvo a cargo de la hospedería la que le exigió una atención sin horarios (19). Pero más allá de esas ocupaciones, Doroteo se convirtió muy rápidamente en objeto de las confidencias de los hermanos, quienes se dirigían a él para contarle sus problemas y tentaciones.

A lo largo de su obra, Doroteo recuerda episodios y personas de la comunidad de abba Séridos, donde vemos convivir la santidad llevada a su máximo grado de inocencia (20), la falta total de sensibilidad (21) y las fijaciones de personas claramente desequilibradas (22).

(9) BJ, 254 / (10) BJ, 255-258. / (11) BJ, 255. / (12) BJ, 259

(13) Conferencia V, 67. Las citas de las conferencias las haremos bajo la sigla “D” seguida del número de parágrafo que es corrido a lo largo de las 17 conferencias.

(14) D 25. 66. / (15) BJ, 288. / (16) D, 119. / (17) Vida de Dositeo (=VD) 1. / (18) BJ, 262-264. / (19) D, 119. / (20) D, 80. / (21) D, 57. / (22) D, 99. 121.
2. Doroteo en la enfermería: el joven Dositeo
Pero fue en la enfermería donde Doroteo vivió uno de los acontecimientos más determinantes de su vida. Abba Séridos le encargo el cuidado espiritual de un joven paje del general de la región, quien acababa de convertirse con ocasión de una visita a Tierra Santa, y que sólo sabía decir “quiero salvarme”. Se llamaba Dositeo (23). Doroteo, después de consultar a Barsanufio recibe esta respuesta del Anciano: “Acéptalo ya que es por medio de ti que Dios lo salvará” (24).

El joven, vestido todavía de militar, era de aspecto delicado y gracioso (25), y como no podía entregarse a trabajos duros ni a grandes austeridades, bajo la guía de Doroteo puso todo su empeño en combatir la voluntad propia en las pequeñas cosas, en desprenderse de todo, en ejercitar la humildad, la obediencia, la mansedumbre y la paciencia, la caridad fraterna, y en vivir en el recuerdo continuo de Dios y en la oración. Por esta constante docilidad a los más humildes deberes de la vida cotidiana, en un lapso de cinco años llegó a la santidad. Una santidad desprovista de dones extraordinarios pero muy auténtica, tal como lo revelan las circunstancias que rodearon su prematura muerte.

Atacado por la tuberculosis lo vemos soportar los últimos meses de vida con una paciencia heroica. Imposibilitado hasta de recitar la oración de Jesús, en forma de jaculatoria continua, se mantiene sencillamente en la presencia de Dios. Recurre a Barsanufio para pedir que oren por el perdón de sus pecados y recibe en respuesta que todo le ha sido perdonado desde su infancia hasta el día de hoy. Pide entonces el permiso al Gran Anciano para poder morir, pero éste le aconseja la paciencia. Unos días después se lo pide de nuevo y recibe el consentimiento del Anciano: “¡Vete en paz! Ve junto a la Santa Trinidad e intercede por nosotros” (26). Y Dositeo se fue en paz (27).

Tiempo después un venerable monje que estaba de paso por el monasterio de Séridos tuvo una visión donde contempló a Dositeo en medio de los Santos Padres a los que había sido asemejado por la perfección de su obediencia (28). Tal como lo había predicho el Gran Anciano, Dositeo se había salvado por medio de Doroteo.

(23) VD, 2. / (24) VD, 4. / (25) VD, 2. / (26) VD, 10. / (27) BJ, 223. / (28) VD, 13; D, 21.
3. El deseo de la soledad y la lucha interior
Después de esto, Doroteo fue encargado de la atención directa de abba Juan, llamado “el Profeta”, al que asistió hasta su muerte.

Todas estas actividades llevaron a Doroteo al borde de un conflicto interior. Por un lado el deseo de mantenerse en la oración continua y un sentimiento de compunción (29), y el deseo de una vida humilde y oculta impedida por el continuo trato con los hermanos que lo venían a consultar. Lo llevaron a pensar en la conveniencia de abrazar la vida eremítica (30). En tres cartas consecutivas abba Juan el Profeta le muestra lo engañoso de sus intenciones de recluirse. “La vida contemplativa permanente es para los perfectos.” le dice, “para aquellos que todavía no han triunfado sobre sí mismos puede ser motivo de orgullo y ruina” (31). El objeto de la vida monástica es crecer en la humildad: “En cuanto el hombre crece en la humildad, progresa. Encerrarse en la celda no sirve de nada porque allí te encuentras sin aflicciones, y si en forma prematura te encuentras sin preocupaciones el Enemigo te traerá la turbación más que el reposo, para llevarte a decir: hubiese sido mejor no haber nacido. En cuanto a la importunidad de los hombres los Padres han dicho: ‘¿Hay algún hombre que al borde de la muerte se ocupe de las amistades de este mundo?’” (32). Los ancianos fueron muy claros con Doroteo. Su vida debería ser una vida mixta, consistente en unir la contemplación y el retiro con las obras de caridad y la obediencia, guardando la humildad en el retiro y la paz en las preocupaciones cotidianas. La caridad fraterna es preferible a los esfuerzos ascéticos de la soledad. El Señor ha dicho: Prefiero la misericordia a los sacrificios. Y los ancianos le repitieron: “Inclina tu corazón a la misericordia” (33).

Frente a la inquietud por mantener la oración continua en medio de múltiples actividades, abba Barsanufio le contesta: “Muchos oyen hablar continuamente de una ciudad y les sucede que entran en ella sin darse cuenta de que es la ciudad en cuestión. Hermano, estás todo el día en el recuerdo de Dios ¿y no te das cuenta? Porque en efecto, tener un mandato y aplicarse a realizarlo es a la vez sumisión y recuerdo de Dios” (34).

(29) BJ, 278. / (30) BJ. 314. / (31) BJ, 314. / (32) BJ, 316. / (33) BJ, 314. / (34) BJ, 328.
4. La madurez espiritual, Superior de su propio monasterio
Doroteo había llegado a la plena madurez espiritual. Comprende que para alcanzar las altas cumbres de la vida espiritual no es necesario ir al desierto y llevar vida eremítica. La pureza de alma que él buscaba la había alcanzado por el camino firme de la humildad y docilidad a los Ancianos. La continua renuncia al amor de sí mismo y a todas las pasiones lo habían llevado al amor perfecto hacia todos, Padres y hermanos (35). “Esa era su manera de vivir, conforme a su objetivo: hacia los Padres, el renunciamiento total de las cosas materiales, la sumisión según Dios, la límpida apertura de alma. La delicadeza de conciencia, y sobre todo la inmediatez de la obediencia ‘con sabiduría’, apoyada en la fe y hecha perfecta por la caridad; hacia los hermanos, sus compañeros de ascesis, la veneración unida a la afabilidad sin orgullo ni familiaridad, y sobre todo la expulsión de las sospechas, curiosidades indiscretas y las rivalidades, lo que es la raíz de una piadosa bondad y la madre de la concordia más dulce que la miel” (36). “Recorrió el paradojal camino, a la vez estrecho y espacioso (cf.: Mt 7, 13-14): estrecho porque no tiene desvíos ni salidas, e impide caer en el precipicio que lo bordea a ambos lados —y es de este modo que el amigo de Dios, el gran Basilio, definió la estrechez del camino que lleva a la salvación—; camino también espacioso en razón de la liberación de las pasiones y la total confianza en aquellos que lo llevan a Dios, y sobre todo a causa de la exaltación de la humildad, que es la única, según el gran Antonio, que puede resistir todos los engaños del diablo” (37).

Fue así como hacia el año 540, muertos abba Juan y Séridos, Barsanufio se recluye definitivamente, sin tener más contacto con los monjes. Doroteo funda su propio monasterio, cerca del de Séridos. Es muy probable que en el monasterio de Séridos, Doroteo hubiese experimentado cierta oposición, sobre todo de los campeones de la ascesis, que veían su espiritualidad como relajada. Un testimonio de ello nos queda en la Vida de Dositeo, donde se dice que al oír hablar de la santidad del joven Dositeo ya muerto, los hermanos se oponían diciendo que nunca ayunaba ni se levantaba antes de las Vigilias para orar a solas. Y su maestro era Doroteo.

El mismo Doroteo, de salud delicada, debió llevar un régimen de vida que seguramente escandalizaba a muchos por parecerles relajado, y para evitar estos problemas es muy probable que Doroteo haya optado por la fundación de un nuevo monasterio, previa consulta, como siempre fue su modo de obrar. Como superior de este monasterio dirigió a sus hermanos las enseñanzas que nos han llegado bajo el nombre de Conferencias o Instrucciones a sus discípulos.

(35) Carta de presentación del recopilador de sus obras (=C), 5.
(36) C 2. / (37) C 3.
C. DOCTRINA ESPIRITUAL
1. Su originalidad
La incomprensión que sufrieron las enseñanzas de Doroteo, especialmente de sus mismos hermanos de comunidad, nos da una prueba de la originalidad de su doctrina espiritual. Originalidad que no radica en los contenidos que trasmite, ya que se manifiesta fiel seguidor de toda la tradición recibida de los Padres, sino en la síntesis que hace de ellos. El autor de la Vida de Dositeo nos relata que al morir éste, el gran Discípulo de Doroteo, los hermanos del monasterio no admitían la afirmación de su santidad, diciendo: “Qué ha hecho éste, ¿Cuál ha sido su práctica (ascesis) para merecer oír estas palabras? En verdad no lo veían ayunar día por medio como algunos de ellos, ni velar antes del oficio nocturno; además para este oficio se levantaba sólo después de dos nocturnos. No lo veían hacer una sola mortificación, sino que lo veían comer a veces un poco de la comida de los enfermos, o, si sobraba, una cabeza de pescado u otra cosa por el estilo. En cambio había algunos que, como dije, ayunaban día por medio desde hacía tiempo y duplicaban sus vigilias y se mortificaban. Cuando oyeron la respuesta enviada por el Anciano (Barsanufio) a un joven que sólo llevaba cinco años en el monasterio, se indignaron porque desconocían su obra la obediencia en todo” (38). Y esta obediencia que le había enseñado Doroteo era fruto de su combate contra el peor enemigo: la voluntad propia, signo más claro del amor de sí.

(38) VD 11.
2. El itinerario del amor de sí a la caridad
En la carta de presentación con que las Conferencias de Doroteo son enviadas al monje que las había solicitado, dice: “Doroteo, a través del renunciamiento aprendió el mejor camino al cielo: la humildad, y en conformidad con lo que dicen los santos Ancianos, haciendo suya en la práctica aquella sentencia: ‘Sé misericordioso y manso’, fue revestido con todo tipo de virtud. Por eso el bienaventurado tenía siempre en su boca esta palabra de los Ancianos: El que ha llegado a desprenderse de la voluntad propia ha llegado al lugar del reposo. Su continua búsqueda lo llevó a descubrir que todas las pasiones tienen por raíz el amor de sí mismo (filautia), y que éste está ligado al amargo dulzor de nuestra voluntad; por eso se sirvió de ese remedio enérgico e hizo perecer junto con la raíz todos sus brotes malditos” (39).

En este escrito de un discípulo anónimo, tenemos una síntesis insuperable del pensamiento de Doroteo, amor de sí (filautia) y voluntad propia, por un lado, y humildad como únicos remedios que arrancan de raíz esas pasiones, por el otro.

Este primado del amor de sí dentro del mundo pasional es el que permite anticipar el itinerario y el fin al que apunta el crecimiento espiritual según este maestro de Gaza. La caridad como amor a Dios y a su voluntad, y el amor del prójimo (de los hermanos) va a ser la meta a la cual tiende todo el esfuerzo ascético del monje.

A su vez este amor de sí revela por su misma naturaleza la intensa fuerza con que el monje y todo hombre está vuelto sobre sí y sus cosas, y lo doloroso que puede resultar por momentos el camino de la humildad, el cual lleva al hombre a salir de ese falso centro para hacerlo crecer en la verdadera caridad.

Finalmente, por este camino, la vida espiritual descrita por Doroteo se va desarrollando en el ámbito circunscripto por dos amistades: la amistad (filía) consigo mismo (autía); y la amistad con Dios y los hermanos (caridad).

En todo esto Doroteo se mantiene fiel seguidor de uno de sus Padres preferidos: Evagrio. Este, habiendo elaborado la doctrina de los ocho pensamientos (vicios) capitales, estableciendo su orden y jerarquía, afirmaba: “El primero de los pensamientos apasionados es el amor de sí mismo (filautía); de él siguen los otros ocho” (40)

(39) C 2. / (40) J. MUYLDERMANS, Note additionnelle à Evagriana. Le Muséon 44, 1931, p. 382. Citado por H. HAUSHERR sj, Philautie, Orientalia Christiana Analecta 137, 1952, p.39
3. Las primeras dos conferencias: el renunciamiento y la humildad

De este primer principio evagriano siguen en forma muy ordenada los demás lineamientos de la espiritualidad de Doroteo. A lo largo de su obra van apareciendo los temas que el autor relaciona con este principal, estableciendo un desarrollo armónico y unitario de su doctrina. El primero de estos temas es el “renunciamiento”, al cual consagra la primera Conferencia. En ella Doroteo equipara el amor de sí al orgullo, que fue la causa de la caída del primer hombre: “Al ver Dios tal desobediencia (de Adán) dice: El hombre está loco, no sabe ser feliz; si no pasa por días malos se perderá completamente. Si no aprende lo que es la aflicción no sabrá lo que es el reposo. Entonces Dios le dio lo que merecía, echándolo del paraíso. Fue librado al amor de sí (filautía) y a su voluntad propia, a fin de que, al quebrarse los huesos, aprendiese a no seguir más sus propios criterios, sino el precepto de Dios” (41).

En su estado actual el hombre está librado a la poderosa fuerza del amor de sí, y su manifestación primera es el apego a la voluntad propia. Y esto es lo que Doroteo llama orgullo. Por eso el camino a desandar pasa por la humildad y el renunciamiento a lo propio, para aprender la voluntad de Dios.

Al comienzo de esta primera Conferencia Doroteo esboza una pequeña síntesis que permite seguir los principales trazos de este camino que se inicia con la renuncia a la voluntad propia: “Ahora pueden ver claramente a qué situación hemos llegado y cuántos males nos ha causado la costumbre de auto justificarnos, la confianza en nosotros mismos y el apego a la voluntad propia. Todos estos son distintos brotes (tékna) del orgullo, el enemigo de Dios. En cambio la humildad engendra la acusación de sí mismo, la desconfianza en el propio juicio y el desprecio de la voluntad propia” (42). Estos dos principios que dirigen toda la vida espiritual (orgullo-humildad) son la causa de estados de alma totalmente opuestos: “Que aquel que quiera encontrar el verdadero reposo para su alma aprenda entonces la humildad. Podrá comprobar que en ella se encuentran la alegría, la gloria y el reposo, así como en el orgullo se encuentra todo lo contrario. En efecto ¿cómo hemos llegado a todas estas tribulaciones? ¿Por qué hemos caído en todas estas miserias? ¿No es acaso a causa de nuestro orgullo, de nuestra locura? ¿No es por haber seguido nuestros torcidos propósitos y por habernos aferrado a la amargura de nuestra voluntad?” (43). El orgullo, como causa de la caída de Adán, es el responsable de la pérdida del estado natural (katá fúsin) en que había sido creado. En su actual condición el hombre experimenta todas las consecuencias de su nuevo estado contra natura (pará fúsin), y el camino de restauración es el trazado y realizado por Cristo en su vida y predicación. Como un leit motiv resuena en las enseñanzas de Doroteo aquella invitación del Señor: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt. 11, 29). La humildad es la gran fuerza restauradora del edificio de la vida interior y es a ella que debe consagrar el monje su mayor esfuerzo ascético. Tal vez no se pueda imitar el ejemplo de los santos atletas de la ascesis, “...aunque no podamos, por nuestra debilidad, realizar esfuerzos penosos, tratemos de humillarnos. Tengo confianza en que por la misericordia de Dios, lo poco que hayamos hecho con humildad, nos valdrá para estar entre los santos que han sufrido muchas penas en el servicio de Dios. Sí, verdaderamente somos débiles e incapaces de realizar tales esfuerzos, pero ¿no podemos humillarnos?” (44). Y el primer fruto de esa humildad es la renuncia a la voluntad propia. Ahora bien, lo que distingue a todos los autores espirituales que centraron la ascesis del monje en el combate contra la voluntad propia es la riqueza de matices con que describieron este concepto”. Doroteo, como la mayor parte de los Padres del monacato oriental, entiende por voluntad propia no sólo, como muchos maestros espirituales modernos, un aferramiento al propio juicio, sino todas las voluntades, digamos mejor, todos los deseos que nacen espontáneamente en el alma y que son generalmente fruto de los pensamientos apasionados” (45). De allí también la riqueza que encierra para él la humildad.

Renuncia a la voluntad propia y humildad son las bases sobre las que Doroteo edifica su doctrina espiritual. Los principales temas que siguen a estas dos primeras Conferencias son los que él llama “las hijas” de la humildad: la desconfianza en el propio juicio, la acusación de sí mismo y la ausencia de críticas al prójimo. Todas ellas son las armas con las que el monje combate el amor de sí.

(41) D 8. / (42) D 10. / (43) D 8. / (44) D 28.
(45) D Cita del art. S. Dorothée, en Dictionnaire de Spiritualité III col. 1659 de J. SZYMUSIAK
4. La obediencia como participación en el misterio redentor de Cristo

Junto con la humildad, la obediencia es la expresión totalizante de las relaciones del hombre con Dios. Ella no es sólo el sometimiento de la voluntad a un mandato, sino la disponibilidad permanente el monje a conformarse con la voluntad divina manifestada a través de los hombres. Implica entonces en primer lugar la desconfianza en propio juicio y la docilidad a los maestros espirituales; en segundo lugar, la apertura total al Anciano a través de los lazos de filiación espiritual; y finalmente la obediencia sin demora al mandato ordenado.

Además de dedicarle la V Conferencia entera, Doroteo insiste a cada momento en que el monje debe desconfiar de su propio juicio y criterio. El fue el primero en poner esto por obra: “Tal vez el pensamiento me dijera: el anciano ¿no te dirá tal cosa? ¿Para qué importunarlo? Pero yo replicaba: Anatema a ti y a tu discernimiento, a tu inteligencia, a tu prudencia y a tu ciencia. Lo que tú sabes lo sabes por los demonios” (46). En el camino de la vida espiritual los pensamientos apasionados tienen la capacidad de transformar en luz los designios más oscuros, y por ello Doroteo lanza un anatema sobre el tan preciado discernimiento (diacrisis) evagriano, para confiar solamente en la guía de Dios por medio de un hombre. “De hecho si alguien busca sinceramente, de todo corazón, la voluntad de Dios, Dios no lo abandonará jamás y lo guiará en todo según su voluntad. Así si alguno dirige su corazón hacia la voluntad de Dios, Dios iluminará hasta a un niño para hacérsela conocer. Pero si por el contrario, no busca sinceramente la voluntad de Dios, podrá consultar a un profeta: Dios pondrá en la boca del Profeta una respuesta conforme a la perversidad de su corazón” (47). Esto explica los profundos lazos de dirección espiritual que encontramos en este monacato de Gaza. Doroteo y sus padres, Barsanufio y Juan. Dositeo, como modelo de apertura y docilidad del discípulo. El hecho mismo de que el principal escrito que nos ha legado esta generación de monjes sea un millar de cartas con preguntas y respuestas de dirección espiritual, son un testimonio del rol central que tenía para ellos esta relación padre-hijo espiritual. Ella se concretaba en una total apertura interior y docilidad a un guía. “La salvación se encuentra en el mucho consejo”, decía Doroteo a sus monjes (48). Para él la necesidad de tener un consejero es una ley absoluta de la vida espiritual. “Por mucho consejo no se quiere decir que es necesario consultar a todo el mundo, sino hacerlo en todo con aquel en quien debemos depositar nuestra plena confianza, no callando ciertas cosas y manifestando otras, sino revelando todo y en todo pidiendo consejo. Para el que obra así la salvación se encuentra en el mucho consejo” (49). La apertura es la clave terapéutica para las enfermedades del alma. “Aquel que busca cerciorarse de la utilidad de lo que pretende hacer, no ha realizado aún nada, pero el enemigo, aún antes de saber si observará o no lo que le sea aconsejado, muestra su odio al hecho mismo de preguntar y escuchar un consejo útil. Detesta el solo sonido de tales palabras y huye. ¿Por qué? Porque sabe que su maquinación será descubierta por el sólo hecho de preguntar y de dialogar sobre la utilidad de lo que proyecta hacer (50).

Todo esto nos muestra que la obediencia no es para el maestro de Gaza un simple requisito organizativo de la vida comunitaria. Es el modo de participar en la misma filiación de Cristo, por el cumplimiento de la voluntad del Padre. Y por ello, más que un instrumento ascético, la obediencia encierra la relación salvífica que hace retornar al monje a Dios, de quien se había apartado. Y el ejemplo más vivo de ello fue Dositeo. Años después de su muerte, Doroteo decía de él: “Fíjense en el bienaventurado Dositeo. Provenía de una vida relajada y sensual, y no había oído hablar ni una palabra acerca de Dios. Sin embargo, todos ustedes conocen las cumbres a que lo llevó en poco tiempo la fiel práctica de la obediencia y la negación de la voluntad propia. También todos ustedes saben cómo Dios lo ha glorificado y no ha permitido que tal virtud cayese en el olvido. Dios se lo ha revelado a un anciano que vio a Dositeo en medio de todos los santos, gozando de su felicidad” (51).

(46) D 66. / (47) D 68. / (48) D 61. / (49) D 61. / (50) D 64. / (51) D 21.
5. La caridad y las cumbres de la oración
Las cartas que Barsanufio y Juan dirigieron a Doroteo nos permiten conocer cuál es la fuente de la doctrina que enseña a sus discípulos acerca de la oración. Ya vimos la respuesta que recibió de los ancianos cuando éste les planteó su disyuntiva entre el trabajo de la enfermería y la vida de oración y recogimiento que buscaba. “Hermano, estás todo el día en el recuerdo de Dios, ¿y no te das cuenta? En efecto, tener un mandato y aplicarse a realizarlo es a la vez sumisión y recuerdo de Dios” (52).

Para estos maestros no existe disyuntiva entre vida de oración y servicio fraterno. Por el contrario, éste es el signo visible de la primera. La unión a Dios por la oraci6n crece en forma pareja y proporcionada a la caridad. Doroteo decía a sus discípulos: “Supongan un círculo trazado sobre la tierra, es decir una circunferencia hecha con un compás y un centro. Se llama precisamente centro al centro del círculo. Presten atención a lo que les digo. Imaginen que ese círculo es el mundo, el centro, Dios, y sus radios, las diferentes maneras o formar de vivir los hombres. Cuando los santos deseosos de acercarse a Dios caminan hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior se van acercando uno al otro al mismo tiempo que a Dios. Cuanto más se aproximan a Dios más se aproximan los unos a los otros; y cuanto más se aproximan los unos a los otros, más se aproximan a Dios. Y comprenderán que lo mismo sucede en sentido inverso, cuando dando la espalda a Dios nos retiramos hacia lo exterior, es evidente entonces que cuanto más nos alejamos de Dios, más nos alejamos los unos de los otros y cuanto más nos alejamos los unos de los otros más nos alejamos de Dios” (53)

La caridad es para Doroteo el presupuesto indispensable de la oración. De allí que nos hayan llegado largas Conferencias donde analiza detalladamente los problemas de las críticas al prójimo (Conferencia VI); del acusarse a sí mismo (Conferencia VII); del rencor (Conferencia VIII), y ninguna sobre la oración. Y ello no se debe a que ésta haya perdido su valor, sino al concepto que tiene de la misma. Cada una de sus Conferencias puede ser vista como la preparación del alma a la oración en espíritu y en verdad. (54)

Y con ello se cierra el itinerario del amor de sí a la caridad. Tal vez sea esto lo que hace que las enseñanzas de Doroteo tengan un perfil netamente cenobítico. Parafraseando a San Pablo al hablar de la Iglesia (cf. 1Co 12,12), Doroteo compara el monasterio a un cuerpo: “A su entender ¿qué son los monasterios? ¿No son como un solo cuerpo con sus miembros? Los que gobiernan son la cabeza, los que cuidan y corrigen son los ojos, los que sirven por la palabra son la boca, las orejas son los que obedecen, las manos son los que trabajan, los pies los que hacen los encargos y aseguran los servicios. ¿Eres la cabeza? Gobierna. ¿Eres los ojos? Sé atento y observa. ¿Eres la boca? Habla para provecho. ¿Eres la oreja? Obedece. ¿La mano? Trabaja. ¿El pie? Cumple tu servicio. Que cada uno, como pueda, trabaje por el cuerpo” (55). Y todo esto lo dice Doroteo en la conferencia que dedica a evitar las críticas al prójimo.

(52) Cf. nota 34. / (53) D 78. / (54) D 117. / (55) D 77.
6. La paz del corazón
Así como la doctrina espiritual de Evagrio Póntico apunta al objetivo de alcanzar la impasibilidad, y la de Juan Casiano a la pureza de corazón, del mismo modo Doroteo con sus enseñanzas aspira a una meta que todo monje y todo cristiano anhela: la paz del corazón.

Conocedor de la vida monástica, Doroteo sabe que las distintas pasiones turban a tal punto el alma del monje que su vida en el monasterio le puede resultar insoportable. Llevado de un lado a otro por pensamientos de ira o rencor; carcomido por la envidia y los celos; aguijoneado por la gula y la lujuria; turbado por los escrúpulos y las dudas; acosado por tribulaciones y tristezas, el corazón del monje puede sufrir una inestabilidad tan grande que su vida se transforme en amargura.

Detrás de cada enseñanza de Doroteo resuena siempre esa invitación del Señor en el Evangelio Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y hallaréis reposo para vuestras almas (Mt 11,29). A esa paz invita Doroteo a los que vienen al monasterio. Ese reposo es presentado como fruto de la humildad (56), de la contrición del corazón (57), del acusarse a sí mismo (58), de combatir la voluntad propia (59), de la obediencia sin discusión (60), y del abandono en Dios y en los padres espirituales (61). Este “santo reposo” es fruto del combate espiritual (62), y es necesario pasar por muchas pruebas para conseguirlo (63).

(56) D 8. 30. / (57) D 10. / (58) D 81, 83. / (59) D 20, 24. / (60) D 22, 25. / (61) D 86, 124. 25. 66. 68. / (62) D 104. / (63) D 148.
7. La ciencia espiritual
Las Conferencias que Doroteo dirige a sus discípulos tienen un fin muy preciso: guiarlos en el trabajo de purificación del corazón. En ningún momento se distrae en especulaciones o disquisiciones doctrinales que puedan desviar la atención de esa mirada vuelta al interior del alma. Y no se debe a un desprecio o desinterés por el dogma o la teología de la Iglesia, que en esos momentos estaba llegando a sus cumbres por la tarea de los grandes concilios ecuménicos. El motivo es otro. Para esta escuela de vida monástica de Gaza el monacato tiene su especificidad tanto en su modo de vida como en los temas que le preocupan. Y esos temas son los que aborda Doroteo.

Esta preocupación de Doroteo como la de sus padres espirituales, Barsanufio y Juan, salta todavía más a la vista si tenemos en cuenta el momento en que les tocó vivir: se trata de fines del siglo V y principios del VI, en que Palestina, y especialmente la Iglesia de Jerusalén, vive convulsionada por la controversia monofisita. Los monjes disputan entre sí el contenido del concilio de Calcedonia; toman partido en forma violenta, llevándolos a rupturas internas, así como con la jerarquía de la Iglesia (64). El espectáculo es sumamente desalentador para la vida monástica. Y es en medio de esa confusión que surge en Gaza este centro de vida espiritual. Su postura frente a la situación reinante la encontramos magistralmente trazada en las cartas de los dos ancianos a los monjes y laicos que les consultaban. En una de ellas, un joven hermano interroga preocupado a Barsanufio diciendo que estaba leyendo “... a Orígenes, Dídimo, las Kefalaias Gnóstica de Evagrio, y los escritos de sus discípulos”, y esas doctrinas le habían turbado. La respuesta del anciano fue contunde “Hermano, ¡desgracia y desastre para nuestra raza! ¿Qué estamos cuidando, y a qué nos estamos aplicando?”. Y después de alertarle acerca del fin al que lo llevarían esas preocupaciones concluye diciéndole: “Aléjate de es6as cosas y camina por el camino de los Padres. Procura la humildad, la obediencia, el llanto, la ascesis, la pobreza, el desapego de tí, y las otras disposiciones semejantes; todo esto lo encontrarás en los Dichos y Vidas de los Padres” (65).

Esta recomendación, tan semejante a la que contemporáneamente hacía San Benito de Nursia a los monjes de occidente al fin de su Regla (66), tiene por objeto orientar al monje hacia lo que es esencial de su vida, lo cual lleva naturalmente a cierto tipo de lecturas como también a un modo especial de hacerlas. Y en ello consiste la sabiduría monástica cuyas bases sentaron estos dos Padres del monacato.

(64) Una excelente síntesis de esta crisis la encontramos en D. CHITTY, The Desert a city. B. Blackwell and Mott Ltd, Oxford 1977, c. V y VI.

(65) BJ 600. / (66) RB c. 73.
8. Conclusión
Sobre estos pilares Doroteo edifica toda su doctrina espiritual. Es esa obediencia la que garantiza una vida de oración continua auténtica, en la que Doroteo consolidó a su discípulo Dositeo hasta los últimos momentos de su vida (67). En un bello pasaje donde se refiere a las relaciones de la humildad con la oración, contempla la oración continua como el fruto de la humildad (68).

Es esa obediencia la que hace del monje un cenobita, formando con su superior y sus hermanos un verdadero cuerpo. Juan el Profeta había dicho a Doroteo: Los que están en un cenobio no forman sino un solo cuerpo (69). La caridad fraterna hace de la comunidad un verdadero cuerpo místico (70) donde cada monje tiene una función muy precisa y vital: cabeza, ojos, boca, orejas, manos y pies (71). Su diferenciación es la base de los distintos servicios y finalmente de la vocación de cada uno de ellos. La misma vida cenobítica es la que se hace garante de que el crecimiento en el amor a Dios no sea una ilusión, sino que responda a un verdadero crecimiento en santidad. Doroteo toma la imagen de un círculo con los rayos que llevan a su centro para explicar la relación entre la caridad fraterna y el amor de Dios. El centro del círculo es Dios, y los rayos son los caminos de los distintos hombres. En la medida en que los hermanos se acercan al centro (Dios) también se acercan entre sí, los rayos se van uniendo en la medida en que se acercan al centro. Y en la medida en que los hermanos se esfuerzan por unirse entre sí, solos se van acercando a Dios, como los rayos se unen en la medida en que se dirigen al centro del círculo (72). Y todo esto Doroteo lo dice en el capítulo que dedica a enseñar a sus monjes que no deben juzgar al prójimo (73).

Habría muchos otros temas interesantes para señalar en esta Introducción, pero los dejaremos aparecer a los ojos del que lea las enseñanzas mismas que Doroteo dejó a sus monjes. Sólo queremos decir, para terminar, que todas sus enseñanzas tienen la ventaja de hacernos ver que antes de enseñar a los otros y de ser el padre espiritual probado que él fue, Doroteo vivió como un hijo obediente y totalmente entregado a sus padres.

(67) VD 10. / (68) D 33. / (69) BJ 286. / (70) D 77. / (71) D 77. / (72) D 78. / (73) Conferencia VI.
D. INFLUENCIA
1. En Oriente
El primer indicio de la influencia de Doroteo de Gaza en la tradición monástica lo encontramos en san Juan Clímaco (año 600), monje del Sinaí. En su obra La Escala espiritual hay varios pasajes inspirados en la obra de Doroteo, aunque nunca lo cita (74).

Pero fue Teodoro Estudita (+ 826) quien mayor trascendencia dio a Doroteo. Al captar el corazón de su doctrina, se ocupó de difundirla dentro del monacato bizantino. “... Su espiritualidad está impregnada de ese renunciamiento tan particular de Doroteo, hecho de calma y serenidad, en la sumisión de la voluntad del monje a la voluntad de su superior, en el humilde trabajo manual y en el servicio a la comunidad, en la oración constante, sin buscar los carismas de la gnosis” (75).

La influencia de Teodoro Estudita fue tan grande en el cenobitismo bizantino, que los monjes que le sucedieron siempre conservaron las obras de Doroteo como unas de sus predilectas.

Más profunda todavía fue su influencia en Rusia y en el Monte Athos. La autoridad que le atribuían a Doroteo era tal, que su obra era considerada una de las lecturas obligatorias para todo monje, y por otro lado constituía una de las lecturas patrísticas que se leían tanto en los oficios de la Iglesia como en los refectorios de los monasterios (76).

(74) La forma en que se presentan los paralelos no permite determinar con certeza la mutua dependencia. Podría tratarse del uso de una fuente común.

(75) Cita art. cit. Dictionnaire de Spiritualité col. 1663.

(76) Dato tomado por L. REGNAULT de A. PAVLOV y BENSEVIC: Monuments de l´ anciene droit canonique Russe col. 259-260, n. 32.
2. En Occidente
En Occidente su penetración también fue grande. No sólo en el ambiente monástico sino como lectura de perfección cristiana general, recomendada para todo cristiano.

El abad benedictino Mabillon en su Traité des Études Monastiques recomienda a sus monjes la lectura de Doroteo, y en ello estuvo totalmente de acuerdo con su adversario, el abad trapense De Rancé, que acababa de publicar una traducción francesa de Doroteo y que Mabillon recomienda y alaba, aunque nunca dice quién es el traductor (año 1680).

Fuera del ambiente monástico Doroteo influyó muy hondamente en las primeras generaciones de jesuitas, que consideraban su lectura como una de las más recomendadas para los novicios, junto con Casiano y Cesáreo de Arles. El jesuita español Alonso Rodríguez en su Tratado de la Perfección Cristiana (1600) hace resaltar los valores que Doroteo supo transmitir a su discípulo Dositeo.

El interés de los jesuitas por la obra de Doroteo siguió hasta nuestros días, especialmente en la persona de I. Hausherr, quien le dedicó varios estudios (77). Y es en la colección que ellos dirigen, Sources Chrétiennes, donde fue publicada la obra completa de Doroteo, con texto critico y edición bilingüe, en 1963.

Finalmente podemos decir con palabras de De Rancé, que la importancia que tuvo Doroteo a lo largo de la historia en tan variados sectores de la vida cristiana, se debe a que sus enseñanzas “no son sino una síntesis de las máximas más puras del Evangelio: todos los cristianos aprenderán allí a vivir según el espíritu de Jesucristo” (78).

(77) En el Dictionnaire de Spiritualité art. “Barsanuphe”, t. 1, col. 1255-1262; art. “Direction”, t. 3, col. 1008; ver Bibliografía.

(78) Tomado de L. REGANULT op. cit. 97.
E. NUESTRA TRADUCCIÓN
La traducción que ofrecemos la hemos hecho a partir del texto griego presentado por L. Regnault. Hemos tenido en cuenta la traducción francesa que la acompaña, como asimismo la versión italiana de M. Paparais (79). Hemos tomado la división del texto en parágrafos, de la edición francesa, los cuales siguen un orden corrido a lo largo de las diez y siete Conferencias, ya que dan una mejor presentación de los distintos temas que se abordan. Respecto a las notas, hemos tratado de reducirlas a lo estrictamente indispensable para comprender el texto. En su mayoría son citas de la Escritura y de los Padres, las dos fuentes de Doroteo.

Por otra parte, con el objeto de hacer una traducción transparente por sí misma y que conserve el estilo llano de “conferencia”, hemos renunciado al procedimiento de simple transcripción de algunos términos griegos tales como hesychia, apatheia, metania, penthos, que no tienen su vocablo correspondiente exacto en castellano.

(79) M. PAPARAZZI, Doroteo di Gaza, Insegnamenti spirituali, Roma 1979.
CARTA DE ENVÍO
DE LAS OBRAS DE DOROTEO DE GAZA
...al hermano que solicitó le fuesen enviadas las enseñanzas encontradas de nuestro Padre, abba Doroteo

1. Admiro tu propósito, hermano muy querido, y felicito tu alma bendita a causa de tu celo por lo bueno y, como realmente es, por tu amor a lo bello. Pues buscar afanosamente y alabar fielmente las cosas de nuestro santo y bienaventurado Padre, que es llamado “Don de Dios” (Doros-Theos), es alabar la virtud, amar a Dios y preocuparse por la verdadera vida. Pues como dice el Gran Gregorio: “la alabanza es causa de emulación, la emulación de virtud, y la virtud de bienaventuranza” (Orat. XXV,1).

Debemos alegrarnos y regocijarnos, como corresponde, por esta actitud tuya. Pareces seguir las huellas del imitador del “manso y humilde” (cf. Mt 11,29), de aquél que, contemplando la renuncia espiritual de Pedro y de los que hicieron como él, se despojó él también de todo afecto a las cosas visibles y se entregó a sus padres según Dios, al punto tal de poder decir, como yo lo sé, al Salvador: “he aquí que hemos dejando todo y te hemos seguido” (Mt 19,27). Por eso “en poco tiempo, con el auxilio de Dios, plenificó lo que se alcanza en largo tiempo” (Sap 4,13), y sin tener que vivir en desiertos visibles ni en montañas, y sin considerar gran cosa el dominar las fieras devoradoras de carne, abrazando el desierto del alma deseaba las “colinas eternas que iluminan de un modo admirable” (cf. Sal 7,5), y pisoteó, más bien, las cabezas de las serpientes y escorpiones devoradores de almas (cf. Lc 10,19). Todo esto lo alcanzó en poco tiempo, con la ayuda de Cristo, gracias a los combates contra la voluntad propia, lo que le abrió el camino seguro de los Padres, lo que le hizo “suave” el bienaventurado fardo, y le manifestó que es “dulce”, en verdad, el “yugo” salvador de Cristo(cf. Mt 11,30).

2. Por este renunciamiento aprendió el camino excelso: la humildad y (el sentido) de: “Sé misericordioso y manso”, haciendo suya por las obras esta palabra de los santos Ancianos, siendo así adornado de todas las virtudes. Por eso el bienaventurado llevaba siempre en su boca el Geronticon (80) que dice: “el que llega a rechazar la voluntad propia ha llegado al lugar del reposo”. Sus afanes le habían hecho descubrir que todas las pasiones tienen por raíz la “filautía”81, y que ella está unida a la dulzura amarga de nuestra voluntad. Utilizó este remedio enérgico e hizo morir junto con la raíz sus brotes malignos y así llegó a ser un gran “cultivador de plantas inmortales” (Gregorio Nazianzeno Orat. 45,8) y produjo el fruto de la vida verdadera, entrando en posesión del tesoro escondido en el campo (cf. Mt 13,44) después de haberlo buscado de modo admirable y encontrado, se enriqueció verdaderamente de bienes imperecederos.

3. Hubiese querido poseer una lengua e inteligencia adecuada para exponer también su santa vida en detalle, útil para todos como modelo de vida acabada, y cómo recorrió el camino paradojalmente estrecho y espacioso (cf. Mt 7,13-14): estrecho, por un lado, por no desviarse, ni dispersarse, cuidándose de no inclinarse ni a uno ni otro lado del precipicio –pues es así que el gran amigo de Dios, Basilio, definió lo estrecho del camino angosto que lleva a la salvación (Reg. br. trac. 241); y espacioso, por otro lado, por haber evitado cualquier apego (82) y por la libertad respecto a los que lo guiaban según Dios y por lo excelso de su humildad. Esto sólo, según el gran Antonio (83), es más poderoso que todas las redes de las pasiones del diablo. Por eso también, como es verdad, llevó a cabo escrito: “Ancho es tu mandamiento, y mucho.” (Sal 118,96).

4. Pero dejaré de lado ese trabajo, considerándome incapaz. Sé, en efecto que, además de todas sus riquezas personales, el bienaventurado no dudaba de proponer en su enseñanza, y cuando era conveniente, lo que encontraba provechoso en los filósofos paganos, en quienes escarbaba como una abeja industriosa, por ejemplo el “Nada en excesos”, el “Conócete a ti mismo”, y otras sentencias semejantes. Me limito a recordar éstas, no tanto porque me lo haya propuesto, sino porque me fuerza la incapacidad para recordar otras. Sin embargo me atrevo a hacer lo que me has pedido con tanto celo y fervor porque sería grave rechazarlo y tengo temor de incurrir en el castigo si cedo a mi desidia. De este modo, con esta carta, les mando, solícitos banqueros de Dios, este talento que en mí está sin trabajar, es decir, las enseñanzas encontradas del bienaventurado, aquellas que él mismo ha recibido de sus Padres y aquellas que ha transmitido a sus propios discípulos, tanto por obras como palabras, tal como nuestro primer y verdadero Maestro y Salvador realizó (cf. Hech. 1,1). Y si no ha sido posible encontrar todos sus santos discursos, sino sólo un pequeño número, con estos que han sido encontrados, aquí y allá por hombres diligentes, gracias a la Providencia de Dios, bastarán, por tu buena disposición, estos pocos textos que te presentamos, según la palabra: “Da ocasión al sabio y será más sabio” (Prov. 9,9).

5. Tal era el bienaventurado Doroteo, guiado por Dios en su vida monástica, tal fue la vida que adoptó, conforme a su meta (scopos): con los Padres, la mayor renuncia a las cosas materiales, la sumisión sincera según Dios, la transparencia y la apertura de alma, la delicadeza de su conciencia, y, sobre todo, la espontaneidad de la obediencia “con sabiduría”, apoyado en la fe y hecha perfecta por la caridad; hacia los hermanos, sus compañeros de ascesis, veneración y afabilidad, sin orgullo ni familiaridad, sobre todo huyendo de las sospechas, de la curiosidad indiscreta y las rivalidades, lo que es la raíz de una religiosa bondad y la madre de la concordia más dulce que la miel; hacia los trabajos, el celo, la prudencia, la calma unida a la ponderación, marcadas por la firmeza de su carácter; con las cosas materiales, el cuidado, el respeto, el amor a lo bello (filocalía), pero son frivolidad, todo ello con un discernimiento divino; ante todo y sobre todo, la humildad, la acción de gracias, la magnanimidad, la constancia, la vigilancia, y la interioridad.

6. Pero ¿es necesario enumerar cada una de sus virtudes? Sería como contar las gotas de la lluvia y las olas del mar. Yo me fijé como regla para este discurso no decir más de lo que sea necesario. Es a ustedes que corresponde la dulce tarea de buscar todo eso, a ustedes, cuyas delicias son investigar esas cosas. Aprendan el modo como la divina Providencia, que dispone todo con cuidado, guió a ese Padre compasivo y afectuoso, para enseñar los misterios de Dios y cuidar con solicitud las almas, lleno de sabiduría y, más todavía, de compasión, sublime por la contemplación y más sublime todavía por la humildad, rico en Dios y pobre de espíritu; agradable por la palabra y más todavía por su presencia; médico conocedor de cada enfermedad y su remedio, que aplicó ese tratamiento santo y multiforme a los ricos, a los pobres, a los sabios, a los ignorantes, a las mujeres, a los hombres, a los ancianos, a los jóvenes, a los afligidos, a los dichosos, a los extraños, a compatriotas, a hombre de mundo, a monjes, a maestros, a patrones y siervos, a los esclavos y a los libres, haciéndose siempre todo a todos para ganar a un gran número (cf. 1Cor 9,22).

7. Es hora, estimado, de poner la mesa sabrosa de los discursos paternales, donde la ausencia de adorno literario no deja de ser una ventaja menor. Pues siendo tan grande y sublime en el hablar, Doroteo, que era verdaderamente un hombre de Dios, en obediencia al mandamiento (Rm 12,16) se inclina a las cosas humildes incluso en esto, prefiriendo un lenguaje simple y un estilo sin adornos. Por eso tú, que has encontrado un digno alimento para tu celo santo y sincero, sírvete con abundancia de mis provisiones, haz tuya la santa vida de aquel que tú amas tanto y ora mucho por mí, que soy tan poco vigilante.

Primero hablaré brevemente del bienaventurado Dositeo, que fue el primer discípulo de bienaventurado abba Doroteo, cuando estaba todavía en el monasterio de abba Séridos, y conducía la lucha para alcanzar la sumisión según Cristo.

(80) Es el libro de los Ancianos, que contiene las colecciones de Apotegmas recientemente realizadas en torno, tal vez, a la corte de Constantino o en la misma Gaza.

(81) I. Hausherr ha dedicado a este tema un libro extraordinario que ha permitido individualizar este tema en la tradición patrística griega como es el caso de este pasaje. Se trata del “amor de sí” que, en un apotegma recientemente encontrado, Evagrio considera que es el primer vicio capital, anterior a los otros ocho.

(82) Aquí el autor de la carta introduce el gran tema ascético de la “prospatheia” que provocó tantas disputas en torno al tema cristológico.

(83) Apoteg. 7.
VIDA DE DOSITEO

1. El bienaventurado abad Doroteo, cuando abrazó la soledad con Dios, se retiró al cenobio del abad Séridos. Encontró allí varios grandes ascetas que vivían como hesicastas (84), entre los cuales descollaban dos ancianos: el muy santo Barsanufio y su discípulo, en verdad compañero de esfuerzos, el abad Juan, llamado el Profeta por el don de discernimiento que había recibido de Dios. Doroteo se entregó a ellos con total confianza: se comunicaba con el Gran Anciano por medio del Abad Séridos, y fue encontrado digno de asistir al abad Juan el Profeta. Los santos Ancianos decidieron que construyera allí una enfermería, y que él mismo cuidara de ella, pues, en efecto, los hermanos sufrían mucho cuando enfermaban porque no había quien los atendiese. Con la ayuda de Dios construyó la enfermería, con la cooperación económica de su propio hermano según la carne, que era un varón amante de Cristo y amigo de los monjes. El mismo abad Doroteo, como ya dije, con otros hermanos temerosos de Dios, curaba a los enfermos y tenía la responsabilidad de la casa.

2. Un día, el higúmeno, Abad Séridos, lo mandó llamar. Fue, y encontró junto a él a un joven, con uniforme militar, delicado y de aspecto agradable, que acababa de llegar al monasterio con algunos amigos del abad (85), que eran soldados del Duque. Cuando se presentó el Abad Doroteo, el abad lo llamó aparte y le dijo: “Estos hombres han traído al joven, diciendo que quiere quedarse en el monasterio. Pero yo temo que pertenezca a uno de los grandes señores, y esté huyendo de él a causa de algún robo, y nosotros nos encontremos luego en dificultades. No tiene el aspecto ni la actitud de quien desea hacerse monje”.

3. Era paje de un general y había vivido con mucha delicadeza, -los pajes de esta gente son siempre muy delicados- y no había oído nada acerca de Dios. Pero algunos soldados del general le hablaron sobre la Ciudad Santa y tuvo deseos de verla. Pidió al general que lo enviase a visitar los Santos Lugares, y Éste, que no quería entristecerlo, encontró a un amigo que iba para allí y le dijo: “Por favor, toma contigo a este joven para que recorra los Santos Lugares”. El que había recibido al muchacho del general, lo trató con consideración y atención y lo hizo comer con él y con su esposa. Cuando hubieron llegado a la ciudad y venerado los lugares santos, fueron a Getsemaní. Había allí una representación de los castigos (del infierno). Estaba el joven mirando con atención y sorpresa, cuando vio junto a sí una mujer de aspecto venerable, vestida de púrpura, que le daba explicaciones sobre cada uno de los condenados y le instruía sobre otros puntos. El muchacho escuchaba admirado, casi sin respirar, pues, como ya dije, no había oído hablar a Dios ni decir que hubiera un juicio. Le preguntó: “Señora, ¿qué debo hacer para evitar estos castigos?”. Ella le respondió: “Ayuna, no comas carne y reza continuamente y de esa manera escaparás de los castigos”. Después que le hubo dado estos tres preceptos, se volvió invisible. El muchacho quedó lleno de compunción y guardó los mandamientos que habla recibido. El amigo del general, al verlo ayunar y abstenerse de carne, se preocupó por el general, pues sabía que éste le apreciaba mucho. Por su parte, los soldados que lo acompañaban, viéndolo comportarse así, le decían: “Hijo, esto que haces no conviene a uno que desea permanecer en el mundo. Si quieres practicarlo, vete a un monasterio y salva tu alma” (86). Pero él no sabía nada acerca de Dios ni qué era un monasterio, solamente observaba lo que le había dicho la Señora. Les contestó: “Llévenme adonde ustedes saben, porque yo no sé adonde ir”. Algunos de ellos eran amigos del Abad Séridos y se dirigieron a su monasterio, acompañados por el muchacho.

4. Como el abad había deputado al bienaventurado Doroteo para que hablara con él, lo examinó cuidadosamente; el joven no decía más que: “Quiero salvarme”. Volvió, pues, y dijo al abad. “Si quieres recibirlo, no temas. No hay nada malo en él. El abad le dijo: “Hazme la caridad de tomarlo contigo, para que se salve, porque no quiero que esté junto con los hermanos”. Doroteo se excusó largamente y dijo: “Recibir esta carga supera mi condición: no es a mi medida”. El abad replicó: “Yo llevo, tu carga y la de él, no te aflijas”. Entonces dijo Doroteo: “Puesto que lo quieres tanto, consulta al Anciano”. Y le respondió: “Está bien, le hablaré”. Fue a decirlo al Gran Anciano y éste manifestó la revelación siguiente acerca de Doroteo: “Acéptalo, por ti lo salvará el Señor”. Lo recibió entonces con alegría y lo tuvo consigo en la enfermería. Su nombre era Dositeo.

5. Cuando fue la hora de comer, le dijo Doroteo: “Come hasta saciarte, tan sólo dime lo que comes”. Vino luego y le dijo: “Comí un pan y medio”. El pan era de cuatro libras (87).

Doroteo le preguntó: “¿Estás bien, Dositeo?”.

“Sí, señor” -respondió- “estoy bien”.

- “¿No tienes hambre?”.

- “No maestro, no tengo hambre”.

- “Entonces -continuó Doroteo- comerás un solo pan y la cuarta parte del otro.

Partirás el otro cuarto en dos partes, comerás una y dejarás la otra”.

Así lo hizo. Después le preguntó Doroteo: “¿Tienes hambre, Dositeo?”. “Si, señor, un poco”, le respondió.

Unos días más tarde, Doroteo lo interrogó nuevamente: “¿Como te va, Dositeo? ¿Sigues con hambre?”.

- “No, señor, gracias a tus oraciones estoy bien”.

- “Deja la otra mitad del cuarto de pan”.

Así lo hizo. Pocos días después le preguntó nuevamente. “¿Cómo estás? ¿No tienes hambre?”.

- “Me va bien señor”.

- “Parte en dos el otro cuarto, come la mitad y deja la otra mitad”.

Lo hizo así. De esta manera, con la ayuda de Dios fue descendiendo de seis libras a ocho onzas (88), porque hay costumbre también en la comida.

6. El joven era muy suave y gentil en todo lo que hacía. Servía a los enfermos en la enfermería, y estaban satisfechos con su servicio, pues todo lo hacía pulcramente. Si se impacientaba con uno de los enfermos y le decía alguna palabra fuerte, dejaba todo y se iba llorando al depósito. Cuando los otros que atendían la enfermería entraban para consolarlo y no lo conseguían, decían al Abad Doroteo: “Señor, ten la caridad de ver qué tiene este hermano, porque está llorando y no sabemos por qué”. Entraba y lo encontraba sentado por tierra, llorando. Le preguntaba: “¿Qué pasa, Dositeo? ¿Por qué lloras?”. Respondía: “Perdóname, señor, pero me enojé y hablé mal a mi hermano”. Y le decía: “Ah, Dositeo! ¿Así que te enojas, y no te avergüenzas de airarte y hablar mal a tu hermano? ¿No sabes que él es Cristo y que obrando así, entristeces a Cristo?”. El muchacho bajaba los ojos llorando, sin decir palabra. Cuando veía Doroteo que ya había llorado bastante, le decía: “Dios te perdone. Levántate, comencemos de nuevo a partir de ahora. Estemos atentos y Dios nos ayudará”. Apenas oía esto, se levantaba y corría alegremente a su trabajo, creyendo verdaderamente que había recibido el perdón de Dios.

Los de la enfermería que conocían su costumbre, cuando lo veían llorar se preguntaban: “¿Qué tiene Dositeo? ¿En qué habrá faltado?”. Y avisaban al bienaventurado Doroteo: “Señor, ve al depósito, porque hay trabajo para ti”. Al entrar, y ver al joven sentado en el suelo y llorando, comprendía que había pronunciado alguna palabra inconveniente, y le decía: “¿Que hay, Dositeo? ¿Has entristecido a Cristo otra vez? ¿Te has enojado nuevamente y no te avergüenzas? ¿No vas a corregirte nunca?”. El muchacho seguía llorando abundantemente. Cuando veía que estaba saciado de llorar, le decía: “Levántate, Dios te perdone. Comencemos otra vez desde el principio, pero corrígete al fin”. Y enseguida dejaba la tristeza, con fe e iba a su trabajo.

7. Dositeo preparaba muy bien la cama para los enfermos. Estaba libre de prejuicios y revelaba sus pensamientos, de manera que, a menudo, cuando pasaba el bienaventurado Doroteo mientras él hacía las camas con atención, le decía: “Señor, señor, mi pensamiento me dice: Haces bien la cama” (89). Doroteo le respondía: “¡Ah sí, señor! Eres entonces un buen servidor, un buen trabajador, pero ¿eres buen monje?”. Tampoco le permitía apegarse a ningún objeto. Recibía todo con alegría y confianza, y obedecía en todo con buen ánimo. Cuando necesitaba ropa, Doroteo se la daba, y Dositeo apartándose, la arreglaba con cuidado. Cuando había terminado, le decía Doroteo: “Dositeo, ¿has reparado el vestido?”. “Sí, señor” -respondía- “y lo he arreglado bien”. “Dáselo entonces a tal hermano o a tal enfermo”. Iba y lo daba con gusto. Recibía después otro y, de la misma manera, cuando lo había remendado con esmero, le decía: “Dáselo a tal hermano”. Y lo entregaba enseguida, sin entristecerse en absoluto ni decir: “Después del esfuerzo de arreglarlo, me lo quita y se le da a otro”, sino que se esforzaba por poner en práctica todo lo que oía de bueno.

8. En otra oportunidad, un comisionista trajo un cuchillo muy hermoso, de buena factura. Lo tomó Dositeo y se lo llevó al Abad Doroteo, diciendo: “Un hermano ha traído este cuchillo, y lo he tomado, si lo permites, para que lo tengamos en la enfermería, pues corta bien la miga de pan”. Mas el bienaventurado no adquiría jamás nada para la enfermería que fuera más hermoso de lo conveniente. Le dijo: “Tráelo, para que vea si es bueno”. Se lo entregó diciendo: “Sí señor, es bueno para miga”. Vio Doroteo que era bueno para el uso, pero como no quería que el joven estuviese apegado a ningún objeto, no quiso que lo guardase. Le dijo.: “Dositeo, ¿tanto te gusta? ¿Quieres ser servidor de este cuchillo y no servir a Dios? ¿Te gusta y te atas a él? ¿No te avergüenzas de querer que te domine este cuchillo y no Dios?”. El otro escuchaba sin reaccionar, y bajaba los ojos en silencio. Después de hablarle largamente, Doroteo concluyó: “Déjalo y no lo toques más”. Dositeo observó la orden de manera que no lo tocaba ni siquiera para dárselo a otro, mientras que los demás servidores lo utilizaban, sólo él no lo tocaba, y jamás dijo: “Por qué yo entre todos?”, sino que hacía con alegría todo lo que oía.

9. De esta manera pasó el breve tiempo que vivía en el monasterio, -fueron unos cinco años-, y se perfeccionó en la obediencia, sin hacer nada según su deseo en ninguna cosa ni obras por pasión. Cuando enfermó y empezó a escupir sangre (pues murió tísico), oyó decir que los huevos pasados por agua son buenos para los que escupen sangre. El bienaventurado Doroteo también lo sabía, pero a causa de sus preocupaciones no había pensado en ello, a pesar de que atendía con gusto al enfermo. Dositeo le dijo: “Señor, quiero decirte que he oído de una cosa que me haría bien, pero deseo que no me la des, pues me obsesionan los pensamientos”.

- “Dime de que se trata, Dositeo”.

- “Prométeme que no me la darás, porque, como dije, mi pensamiento me molesta”.

- “Bueno, haré lo que quieras”.

- “Oí decir a algunos que los huevos pasados por agua son buenos para los que escupen sangre. Por el Señor, ya que no se te ha ocurrido dármelos, no me los des ahora, a causa de mi pensamiento”.

Le respondió Doroteo: “Bueno, ya que no quieres, no te daré, no te aflijas”. Doroteo se esforzaba por darle otras cosas que le hicieran en vez de los huevos, porque había dicho: “Me obsesiona mi pensamiento a causa de los huevos, Aún en semejante enfermedad luchaba contra su voluntad propia.

10. Conservaba en todo momento el recuerdo de Dios, pues su maestro le había enseñado a decir continuamente: “Señor Jesucristo ten piedad de mi”, y otras veces: “Hijo de Dios ayúdame” (90). Esta era su plegaria constante. Cuando cayó enfermo, Doroteo le dijo: “Dositeo, a la oración, mira de no perderla” Le respondió: “Sí, señor, ruega por mí”. Otra vez, cuando estaba un poco más afligido por el mal, le preguntó: “¿Cómo va la oración? ¿Está todavía?” -”Sí, señor” -contestó- “gracias a tus plegarias”. Cuando estuvo aún más enfermo -su debilidad llegó a tanto, que tenían que llevarlo sobre una sábana-, le preguntó: “¿Cómo va la oración, Dositeo?”. “Perdóname, señor” -respondió- “pero ya no tengo fuerzas para mantenerla”. Le dijo entonces: “Deja pues la oración, acuérdate solamente de Dios y piensa que está ante ti”.

Sufría mucho y mandó decir al Gran Anciano: “Despídeme, déjame partir porque no puedo más.” El Anciano le respondió: “Soporta, hijo, pues la misericordia de Dios está cerca”. El bienaventurado Doroteo veía que sufría mucho y le preocupaba que el muchacho pudiera sufrir detrimento. Otra vez, unos días después, se dirigió Dositeo al Anciano: “Maestro, estoy sin fuerzas”. El Anciano le respondió: “Vete en paz, ocupa tu lugar cerca de la Santa Trinidad y reza por nosotros”.

11. Cuando oyeron los hermanos la respuesta del Anciano, comenzaron a enojarse y dijeron: “¿Qué ha hecho éste? ¿Cuál ha sido su práctica para merecer oír esas palabras?” En verdad, no le veían ayunar día por medio, como algunos de ellos, ni velar antes del oficio nocturno, además para este oficio se levantaba sólo después de dos acolutías (91). No lo veían hacer una sola mortificación, sino que lo veían comer, a veces, un poco de la comida de los enfermos o, si sobraba, una cabeza de pescado u otra cosa por el estilo. En cambio, había algunos que, como dije, ayunaban día por medio desde hacía tiempo, y duplicaban sus vigilias y se mortificaban. Cuando oyeron la respuesta enviada por el Anciano a un joven que llevaba sólo cinco años en el monasterio, se indignaron, porque desconocían su obra: la obediencia en todo, de manera que ni una sola vez había hecho su voluntad, y una obediencia tan libre de propio juicio que si el bienaventurado Doroteo le daba una orden en broma, se alejaba corriendo y la ponía en práctica. Un caso: al principio y por costumbre hablaba con rudeza. Una vez el bienaventurado Doroteo le dijo en broma: “Necesitas pan con vino, Dositeo, está bien, toma pan con vino”. Al oír esto, trajo un recipiente con vino y pan, y lo presentó a Doroteo para que lo bendijese. Este, que no comprendía, se volvió hacia él, y le preguntó asombrado: “¿Qué quieres?”. Le respondió: “Me mandaste tomar pan con vino, ahora dame la bendición”. Doroteo le dijo: “¡Necio, vociferas como un godo! -los godos se irritan y vociferan- por eso te dije: “Toma pan con vino, porque gritas como un godo”. Al oír esto, se postró, fue a dejar el recipiente.

12. En otra ocasión a Doroteo sobre una palabra de la Santa Escritura. Comenzaba, en efecto, a comprender algo de la Escritura por su pureza. Pero el santo no quería que se dedicara entonces a ello, sino que se conservara en la humildad. Por eso, respondió a la pregunta diciendo. “No sé”. Sin pensar, Dositeo volvió a interrogarlo sobre otro capítulo. Le respondió: “No sé, pero ve y pregúntale al abad”. Sin sospechar nada fue, pero antes Doroteo había advertido al abad, a escondidas de Dositeo: “Si Dositeo viene a preguntarte algo sobre la Escritura, castígalo un poco”. Cuando llegó, pues, y le interrogó, comenzó a hacerle reproches: “¿No te quedas en paz, ignorante? ¿Te atreves a hacer tales preguntas y no piensas en tu impureza?”. Le dijo otras cosas por el estilo y lo despidió dándole dos bofetadas. Volvió Dositeo adonde estaba el abad Doroteo y le mostró las mejillas enrojecidas por las bofetadas, diciendo: “Las tengo, ¡y sólidas!”. Pero no dijo: “¿Por qué no me corregiste tú mismo, en vez de enviarme al abad?”. No dijo nada de esto, sino que aceptaba todo lo que venía de su maestro con fe, y lo guardaba de manera que no volvía otra vez sobre el mismo pensamiento.

13. Como he dicho, murmuraban algunos de la despedida pronunciada por el Anciano, porque ignoraban su práctica admirable (de la obediencia). Pero Dios quiso manifestar la gloria que le había reservado a causa de su santa obediencia, y el carisma que tenía el bienaventurado Doroteo, todavía discípulo para salvar almas, él, que había encaminado a Dositeo hacia Dios. Poco tiempo después de su feliz fin, un santo y gran anciano, huésped del monasterio, deseó ver los santos que allí descansaban, y pidió a, Dios le concediera esta visión. Y los vio a todos juntos, como en el coro, y entre ellos había un joven. Preguntó: “¿Quién es, el joven que he visto entre los Padres?”. Describió sus características y todos reconocieron a Dositeo. Y glorificaban a Dios, admirándose que de una vida como la que llevaba anteriormente, alcanzara semejante perfección en tan poco tiempo, por la aplicación a la obediencia y al quebranto de su voluntad propia.

Traducción de H. Martín de Elizalde, osb

(84) Hesicasta viene de hesijía, “designa principalmente la soledad en la búsqueda de Dios Por la contemplación” (cita de I. Hauscherr: Philautie, p 91). En general, hesicasta se opone a cenobita. Es el monje llegado a cierta perfección, y que lleva al margen de la vida comunitaria una vida de soledad que puede llegar hasta la reclusión completa, como en el caso de Barsanufio y de Juan el Profeta” (Regnault, p 123, nota 2).

(85) “Encontramos frecuentemente en Doroteo este uso particular de abbas (con artículo y sin nombre propio), como sinónimo de higúmeno, muy raro entre los bizantinos...” (Regnault p 124, nota 1)

(86) “Salvar el alma” es la expresión clásica en la literatura más antigua para significar el motivo por el cual se abraza la vida monástica. La expresión se repite constantemente en los Apotegmas, por ej. “¿Cómo me salvaré? “, en Macario 23, cf. Arsenio 1 y Macario 28, etc.

(87) “Se trata evidentemente de libras romanas de 12 onzas, es decir 327 gramos. Un pan tenía unos 1.300 gramos. Dositeo comió casi 2 kg. (Brun, cit. Regnault, p 128, nota 1)

(88) “8 onzas son 218 gramos” (Brun, cit. Regnault, p 130, nota l).

(89) Los pensamientos tentadores (logismoi) que los monjes del desierto atribuían a la sugestión de los demonios y que deben manifestarse al maestro espiritual para que él los juzgue.

(90) La “oración de Jesús”, que las traducciones recientes de la Filocalia griega y rusa y los simpáticos “Relatos de un peregrino ruso” han popularizado en nuestro tiempo, tiene aquí uno de sus primeros testimonios, si no el más antiguo. Sobre la oración de Jesús, véanse: I. Hausherr: Noms du Christ et voies d´oraison, Roma: 1960; Un moine de l´eglise d´Orient: La priere de Jesús, 3 ed. Chevetogne, 1959.

(91) Se llama acolutía al conjunto de salmos, lecturas, versículos, responsorios, etc. que constituyen un oficio o parte de un oficio litúrgico. En Occidente hablamos de la misma manera a propósito de los nocturnos de nuestros Maitines (Regnault, p 141, nota 3)
BIBLIOGRAFÍA SELECTA

BOUYER, L., La Spiritualité du Nouveau Testament et des Pères. Paris: Aubier, 1966. Caps. XIII-XVII.
CHITTY, D., The desert a City. Oxford: 1966. Caps.I, IV. V y VI.
COLOMBÁS, M. GARCÍA, El monacato primitivo. Madrid: BAC 351 1974. Cap.5.
CONTRERAS, E., “Evagrio Póntico, su vida, su obra, su doctrina”. Cuadernos Monásticos 36. 1976, pp.83-95.
DESEILLE, P., L ‘Evangile au désert. Paris: OEIL, 1985. Cap.. III.
FESTUGIERE, A. J., o.p., Les Moines d’Orient, T. I, Culture ou Sainteté, Paris: Cerf, 1961.
GRIBOMONT, J., “Doroteo di Gaza”. En: Dizionario Patristico e di Antichità Christiana. Roma: Marietti, 1983.
GUILLAUMONT, A. y C., Evagre le Pontique: “Traite Pratique ou le Moine”, Sources Chrétiennes 170, Paris: 1971. Introduction.
HAUSHERR, I., s.j., Direction Spirituelle en Orient autrefois. Roma: OCA 1955.
—, Penthos, La Doctrine de la Componction dans l’Orient chrétien. Roma: OCA, 1944. Cap.. III.
—, art. “Barsanuphe”, En: Dictionnaire de Spiritualité, t. I, col. 1255.
—, art. “Direction”, En: Dictionnaire de Spiritualité, t. III, col. 1008.
—, Saint Theodore Studite. Roma: OC, 1926.
—, “Comment priaient les Pères”. En: Revue d’Ascétique et de Mystique (=RAM) 1956, n. 125 y 127.
—, art. “Spiritualité monacale et unité chrétienne” OCA 153. Roma, 1958.
—, “Hésychasme et prière” OCM 176. Roma, 1966.
—. “Noms du Christ et voies d’oraison” OCA 157, Roma 1960.
JANIN, R., art. “Barsanuphe” En: Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques, t. VI, col. 945.
OLPHE-GALLIARD, M., Art. “Conférences Spirituelles”, En: Dictionnaire de Spiritualité, t. II, 2, col. 1392.
REGNAULT, L. et PREVILLE, J., Dorothée de Gaza, Oeuvres Spirituelles, Sources Chrétiennes 92, Paris, 1963. Introduction.
REGNAULT, L., Maîtres spirituels au désert de Gaza, Solesmes, 1976. Introduction.
—, Barsanuphe et Jean de Gaza. Correspondance, Solesmes,1972.
—, “Théologie de la vie monastique selon Barsanuphe et Dorothée”. En: Théologie de la vie monastique, Aubier: 1961.
—, Abbé Isaie, Recueil Ascétique, Spiritualité oriéntale, n. 7, Bellefontaine: 1976, Introducción.
—, “Monachisme oriental et Spiritualité Ignatienne, L’influence de S. Dorothée sur les écrivains de la Compagnie de Jesús”, RAM 129, 1957.
STIERNON, D., art. “Dorothée de Gaza”. En. Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques, t. XIV, col. 686.
SZYMUSIAK, J. M. et LEROY, J., art. “Dorothée”. En: Dictionnaire de Spiritualité, t. III, col. 1651-1664.
VAILHE, S., art. “Dorothée”. En: Dictionnaire de Théologie catholique, t. IV, col 1785.
VOGÜÉ, A. de, “La doctrine du Maître sur l’obéissance. Sa genèse”. En: RAM 198, 1974.
Bibliografía:

ABBÉ ISAÏE, Recueil ascétique. Introduction par Lucien Regnault et Traduction française par Hervé de Broc, Annexe Entre Scété et Gaza un monachisme en devenir: l’Abbé Isaïe par Guerric Couilleau, (=Spiritualité orientale, 7 bis), Abbaye de Bellefontaine, 1985.
Barsanuphius and John, Questions and Answers. Critical Edition of the Greek Text with English Translation by DERWAS J. CHITTY, PO XXXI 3, Paris: 1966, 449-616.
BARSANUPHE – GAZA, Jean de. Correspondance I-III. Introduction, texte critique et notes par François NEYT et Paula NOAH, traduction par Lucien REGNAULT, Les Éditions du Cerf (Sources Chrétiennes 426,427,450,451,468),1997-2002.
DOROTHEÉ DE GAZA, Oeuvres spirituelles. Introduction, texte grec, traduction et notes par L. Regnault et J. Préville (SC 92), Paris : 1963. (Citado como Regnault SC 92 y número de página).
DOROTHÉE SAINT, La Vie de saint Dosithée. Texte critique et traduction par P. M. Brun, OC XXVI (1932) 87-123.
NEYT, F., Les lettres de Dorothée dans la correspondance de Barsanuphe e de Jean de Gaza. Diss., Louvain:1969. (Inédito)
______ A form of Charismatic Authority, en ECR VI,I (1974) 52-65.
______ La prière de Jesús, Collectanea Cistercensia 34 (1973) 202-217.
PERRONE, L., La chiesa di Palestina e le controversie cristologiche. Dal concilio di Efeso (431) al secondo concilio di Costantinopoli (553). Brescia: 1980.
PRICOCO, S., Monaci, filosofi e santi. Messina: 1992.
REGNAULT, L., Théologie de la vie monastique selon Barsanuphe et Dorothée (VI siècle). En : Théologie de Ia vie monastique. Études sur la tradition patristique, Aubier : 1961, 315-322.

Humildad
Dice un anciano: ¨Ante todo necesitamos humildad; y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario¨. Busquemos el sentido de este dicho del anciano. ¿Por qué nos dice: ¨Ante todo necesitamos humildad¨, y no más bien: ¨Ante todo necesitamos la temperancia¨? En efecto el Apóstol nos dice: El atleta se priva de todo (1 Co 9, 25). ¿O por qué no dijo más bien: ¨Ante todo necesitamos el temor de Dios¨. ya que la Escritura nos dice: El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Pr 15, 27)? ¿O por qué no dijo tampoco: ¨Ante todo necesitamos la limosna, o la fe¨ como en efecto está escrito: Por las limosnas y la fe los pecados son purificados (ibíd), o como nos dice el Apóstol: Sin la fe es imposible agradar a Dios? (Hb 11, 6). Por lo tanto, si es imposible agradar a Dios sin la fe, si por las limosnas y la fe son purificados los pecados, si el hombre se aparta del mal por el temor del Señor, si el principio de la sabiduría es el temor del Señor, y finalmente si el atleta se priva de todo, ¿por qué dijo el anciano: ¨Ante todo necesitamos humildad¨, dejando de lado todo aquello que es tan necesario? Porque lo que nos quiere enseñar es que, ni el temor de Dios, ni la limosna, ni la fe, ni la temperancia, ni ninguna otra virtud, puede existir sin la humildad. Y por ese motivo dice: ¨Ante todo necesitamos humildad: y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario¨.

Fíjense bien hermanos, cuán grande es el poder de la humildad, qué eficaz es el decir: ¡Perdón! Pero, ¿por qué llamamos al diablo no sólo enemigo sino adversario?. Se lo llama enemigo a causa de su odio insidioso al hombre y al bien: adversario porque se esfuerza en entorpecer toda obra buena. ¿Alguien quiere rezar? Pues él se opone y le pone trabas con los malos pensamientos, con alguna distracción obsesiva, con la acedia ¿Alguien quiere hacer limosna? Lo frena con la avaricia y el retraso. ¿Quiere otro velar? Se lo impide con la pereza y la negligencia. En síntesis, se opone a toda obra buena que emprendamos. Y es por eso por lo que no sólo se lo llama enemigo sino también adversario. De allí que digamos que ¨por la humildad es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario¨.

Realmente es grande la humildad. Todos los santos han marchado por este camino de la humildad. y acortaron por sus trabajos su trayecto, según está dicho: Mira mi humildad y mis trabajos y perdona todos mis pecados (Sal 24, 18). Incluso por sí sola, como dice abba Juan, la humildad puede conducirnos, aunque más lentamente. Humillémonos también nosotros un poco y seremos salvados. Aunque no podamos, por nuestra debilidad, realizar esfuerzos penosos, tratemos de humillarnos. Tengo confianza en que por la misericordia de Dios, lo poco que hayamos hecho con humildad, nos valdrá para estar entre los santos que han sufrido muchas penas en el servicio de Dios. Sí, verdaderamente somos débiles e incapaces de realizar tales esfuerzos, pero ¿no podemos acaso humillarnos?.

Hermanos: ¡Feliz aquel que posee la humildad! La humildad es grande. Y aquel santo que dijo ¨La humildad ni se irrita ni irrita a nadie¨ describió muy bien al que posee una verdadera humildad. La ira no va con ella, porque la humildad se opone a la vanagloria y preserva al hombre de ella. Nos irritamos a causa de las riquezas y de los alimentos ¿Cómo podemos entonces decir que ¨la humildad no se irrita, ni irrita a nadie? Es que, como hemos dicho, la humildad es grande.

Es tan poderosa que atrae la gracia de Dios al alma y estando presente la gracia de Dios protege al alma contra esas dos pasiones graves. En efecto, ¿qué hay más grave que irritarse e irritar al prójimo? Ya lo decía Evagrio: ¨Es algo totalmente ajeno al monje el irritarse¨. Ya que el que se irrita si no es enseguida protegido por la humildad, cae poco a poco en un estado demoníaco, perturbando a los demás y perturbándose a sí mismo. Por eso el anciano dice: ¨La humildad ni se irrita, ni irrita a nadie¨.


El abad Alonio decía: «Mientras el hombre no diga en su corazón: ¨En este mundo estamos sólo Dios y yo¨, no tendrá paz ni descanso en su vida».

LA BIBLIOTECA COMPLETA
VER: http://bienaventurados.com.ar/#JHS-IHS=bGZShIuKmIWehpltp6GmkaZ2gJ2Bf595bVaDe4WOiq1wdn%2BGUmxr
AVE MARÍA PURÍSIMA; SIN PECADO CONCEBIDA


Volver Por bienaventurados