En su seno, Dios une los extremos del misterio: la humanidad y la divinidad.
Por bienaventurados
Domingo, 08/09/2013
María es ciertamente ¨el mejor puesto de observación para contemplar el misterio de Cristo¨; en el rosario esta contemplación ¨mariana¨ se efectúa progresivamente, identificándose con ella en el pensar, amar, vivir el misterio ¨como Ella lo ha vivido¨. El rosario es una lectura del evangelio en clave mariana. Coloca al alma en las mismas disposiciones de María para contemplar la vida de Cristo.
EN EL ROSARIO VEMOS NACER A CRISTO, LO VEMOS VIVIR, AMAR, OBRAR, SUFRIR, MORIR Y RESUCITADO COMO LO VIO SU MADRE.
El rosario es entonces un modo de penetrar en la intimidad de la vida de María para aprender a conocer por ella el misterio de Cristo. En el rosario remeditamos el evangelio con el espíritu de María y en comunión con María, que cooperó de un modo enteramente especial al misterio salvífico.
MARÍA ES CIERTAMENTE EL MEJOR PUESTO DE OBSERVACIÓN PARA CONTEMPLAR EL MISTERIO DE CRISTO.
María experimentó la presencia de Cristo desde el momento de la anunciación; y desde entonces durante su vida debió confrontar, con una íntima reflexión de fe (Lucas 2, 19.51) esta personalísima experiencia suya con los hechos sucesivos de la vida de Cristo.
El rosario <<nos hace caminar al paso de María, nos obliga a percibir su encanto, su estilo evangélico, su ejemplo educativo y transformador; es una escuela que nos hace cristianos>>. El rosario con todos sus misterios es una síntesis maravillosa del evangelio. El Ave María nos habla entonces de la absoluta disponibilidad de María respecto a la voluntad del Padre y de los misterios más altos de la fe: la encarnación del Verbo, la divina maternidad de la Virgen, la voluntad salvífica de Dios y la mediación de María.
En el rosario, la repetición rítmica no es algo mecánico, es vital, como el latido del corazón, que alimenta la vida. La repetición no es necesariamente monotonía. <<El amor –dice con razón Lacordaire- tiene una palabra que dicha siempre nunca se repite>>. Este misterio nos mantiene unidos constantemente a María y en particular al misterio de la encarnación, primer acto de la cooperación de María a la salvación. La repetición del Ave María constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios: el Jesús que toda Ave María recuerda, es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen, nacido en una gruta de Belén; presentado por la Madre en el templo; joven lleno de celo por las cosas de su Padre; Redentor agonizante en el huerto; flagelado y coronado de espinas; cargado con la cruz y agonizante en el calvario; resucitado de la muerte y ascendido a la gloria del Padre para derramar el don del Espíritu Santo [1].
Al que la saluda con las palabras del ángel, María responde siempre con su gracia. En efecto, en el momento mismo en que María respondía a su saludo, Isabel fue llena del Espíritu Santo y el niño saltó de goza en su seno. A quien la saluda repetidamente con fe y amor, María no negará la gracia de la contemplación. El rosario ofrece para la meditación un abundante alimento espiritual y permite revivir los misterios de la salvación; llega a ser así un continuo alimento de la fe.
<<Toda vez que nombro a Jesús en el Ave María hago un acto de fe en El. Lo recibo como María lo recibió en su seno el día de la anunciación; lo recibo en su misterio profundo; en sus misterios en acto, los misterios de su infancia, de su nacimiento temporal, de su vida oculta, de su vida pública, de su evangelización, de su Eucaristía, de su pasión y muerte y sobre todo de su resurrección y de su actual existencia gloriosa en el cielo y oculta en la Iglesia; con El acojo a su Madre y a la Iglesia y a todos mis hermanos en Cristo. Al acabar el rosario, mi fe se ha renovado junto a la de María, madre de la fe, madre de los creyentes>> [2].
La meditación del rosario –escribe san Luis Grignion- <<son quince cuadros cuyas escenas deben servirnos de norma y ejemplo para nuestro modo de vivir: quince hogueras para que nos consuman enteramente en sus llamas>> [3]. <<Por los quince escalones de esta escala –vuelve a escribir san Luis Grignion- subirás de virtud en virtud, de claridad en claridad, y llegarás fácilmente, sin ilusiones, hasta la plena edad en Cristo>> [4]. <<Para mi –escribe aún san Luis Grignion- nada encuentro más eficaz para atraer el Reino de Dios, la Sabiduría eterna dentro de nosotros>>, porque el rosario <<esclarece el espíritu, inflama el corazón y vuelve al alma capaz de escuchar la voz de la Sabiduría, de gustar su dulzura y de poseer sus tesoros>> [5].
Quien, recitando el rosario, vive en la asidua meditación de la caridad de Cristo y de María y contempla el amor de Dios por los hombres, no puede no sentir el deber de ordenar con la caridad la propia vida. Y el crecimiento de la caridad es siempre la mejor preparación para la vida apostólica. Los misterios del rosario, desde la anunciación hasta la glorificación de María y de los Santos, indican el crecimiento progresivo del apóstol en que se encarna la palabra de Dios para vivirla en la caridad (misterios gozosos), en su purificarse en unión con los sufrimientos de Cristo y en comunión con María (misterios dolorosos) y en la esperanza del premio por la fidelidad y la cooperación al misterio de la salvación (misterios gloriosos).
LOS MISTERIOS DEL ROSARIO SUBRAYAN EL PAPEL DE MEDIADORA UNIVERSAL DE MARÍA. ES A CONTINUACIÓN DEL FIAT DE MARÍA QUE EL VERBO SE HACE CARNE; ES MARÍA LA QUE LLEVA A CRISTO A JUAN EL BAUTISTA; MARÍA LO PRESENTA A LOS PASTORES Y A LOS MAGOS; LO OFRECE AL PADRE ETERNO EN EL TEMPLO E INVITA A TODOS LOS HOMBRES A HACER DE SUS PROPIAS VIDAD UNA BÚSQUEDA CONTINUA DE JESÚS.
María nos exhorta: ¨Hagan todo lo que Él les diga¨ Jn. 2,5
COMO VERDADERA CORREDENTRIZ DEL GÉNERO HUMANO, MARÍA, EN EL MOMENTO DE LA CRUZ, UNE SU PROPIO SACRIFICIO DE MADRE A LA INMOLACIÓN SACERDOTAL DEL HIJO. Y AHORA, MIENTRAS ESTÁ JUNTO A SU HIJO EN LA GLORIA, LA MADRE DE LOS REDIMIDOS ESTÁ SIEMPRE DISPUESTA A ESCUCHAR LA ORACIÓN DE LOS HIJOS QUE HA ENGENDRADO AL PIE DE LA CRUZ.
Dios habría podido hallar otros medios para perdonar <<el pecado del mundo>>, pero prefirió aquel de la unión de la naturaleza humana a la persona divina. Gracias a su naturaleza humana, el Redentor podía sufrir, mientras que por su naturaleza divina daba un valor infinito a sus acciones. Y es María quien prepara la persona del Salvador (misterios gozosos); en su seno El une los extremos del misterio: la humanidad y la divinidad. Por virtud de su divina maternidad, María participa después activamente en la pasión y muerte de Cristo (misterios dolorosos). Al pie de la cruz, donde Cristo la nombra madre de los redimidos, se encuentra particularmente unida a Cristo en la obra de la redención. En fin, como <<Cristo ha muerto por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación>>, María completa su obra de corredentriz participando en su triunfo (misterios gloriosos).
En María se ha actuado plenamente <<el misterio del Reino de Dios>>, mediante su perfecta participación en los misterios de Cristo. <<La repetición titánica del -Dios te salve, María- se convierte también en alabanza constante a Cristo, término último de la anunciación del ángel y del saludo de la madre del Bautista: “Bendito el fruto de tu seno” (Lc. 1,42)>>.
En el rosario por fin se refleja la celebración eucarística. En los misterios gozosos se refleja la liturgia de la Palabra; en los misterios dolorosos la liturgia del sacrificio; y en los misterios gloriosos la liturgia de la comunión con Cristo resucitado y con los hermanos <<en la expectativa de la dichosa esperanza>> que nos unirá al Padre.
La Santa Misa y <<la memoria contemplativa del rosario tienen por objeto los mismos acontecimientos salvíficos llevados a cabo por Cristo. La primera hace presentes bajo el velo de los signos, operantes de modo misterioso, los misterios más grandes de nuestra redención; la segunda, con el piadoso afecto de la contemplación, vuelve a evocar los mismos misterios en la mente de quien ora y estimula su voluntad a sacar de ellos normas de vida. La meditación de los misterios del rosario, haciendo familiar a la mente y al corazón de los fieles los misterios de Cristo, puede constituir una óptima preparación a la celebración de los mismos en la acción litúrgica y convertirse después en su eco prolongado>> [6].
El rosario es también escuela de vida cristiana. En la contemplación de los misterios toda la vida moral y espiritual es confrontada con grandes modelos: Jesús y María. Y de este modo los grandes misterios de su vida llegan a ser los misterios de nuestra vida. Cada misterio reclama una virtud: la humildad, la caridad, la paciencia, la confianza en Dios, etc...
<<El rosario es muy práctico: nos toma en medio a nuestras alegrías demasiado humanas, con frecuencia peligrosas, para hacernos pensar en aquellas muy superiores de la venida del Salvador. Viene a encontraros también en medio de nuestros sufrimientos, a veces sin motivo, otras veces aplastantes, para recordarnos que Jesús ha sufrido mucho más que nosotros, y por amor nuestro, y para enseñarnos a seguirle llevando la cruz que la Providencia ha escogido para purificarnos. El rosario viene finalmente a nuestro encuentro en medio de nuestras esperanzas demasiado terrenas para hacernos pensar en el verdadero objeto de la esperanza cristiana, en la vida eterna y en las gracias necesarias para llegar a ella, con el cumplimiento de los grandes preceptos del amor de Dios y del prójimo>> [7].
En conclusión:el rosario guía a los fieles a profundizar y a celebrar el misterio pascual del Verbo que se hace hombre, que vive, muere, resucita y regresa al Padre por la salvación de los hombres. Así, después de haber alimentado la fe y la caridad del predicador, el rosario se convierte en alimento de fe y de caridad para aquellos a quienes vienen ilustrados los misterios de la salvación. La reflexión sobre los misterios de la vida, de la pasión y de la muerte de Cristo no puede no impulsar al fiel al reconocimiento y por consiguiente a responder con una mayor generosidad al infinito amor de Cristo y de su Madre Virgen.
Compendio del evangelio, el rosario posee la simplicidad y la profundidad del evangelio. Por su simplicidad y profundidad es alimento saludable para los doctos y los indoctos; es instrumento eficaz para guiar los hombres a Cristo por medio de María y para enseñar la verdadera fe mediante la piedad. La victoria de Lepanto es sólo un símbolo de muchas más grandes victorias obtenidas de María por medio del rosario. A esta devoción, por ejemplo los irlandeses atribuyen el mérito de haber conservado la fe católica no obstante las violentas persecuciones de los protestantes. En virtud del rosario –dicen los misioneros- se mantuvieron fieles, en medio de poblaciones infieles, enteras comunidades cristianas, después de años y años de ausencia de misioneros. Por fin no hay duda que es justamente en virtud del rosario que la fe se ha conservado intacta en muchos ambientes cristianos.
La recitación del rosario, por tanto, en cuanto alimento de la fe y de crecimiento en las virtudes morales y en la caridad, es la mejor preparación para la predicación.
La salvación del mundo ha comenzado justamente con el Ave María y la salvación de cada uno está ligada a esta oración; fue esta oración la que trajo a la tierra seca y estéril el Fruto de vida, y es todavía esta oración, bien recitada, la que hará germinar en nuestras almas la palabra de Dios para darnos el Fruto de vida, Jesucristo. [8]
Autor: Fray ALFONSO D´AMATO O.P. Obra: La Devoción a María en la Orden de Predicadores.
[1] Marialis cultus, n. 46.
[2] E. ROSSETTI, en Rilanciamo il Rosario, Napoli 1973, pp. 238-240.
[3] Segreto ammirabile del S. Rosario, Roma 1960, p.61.
[4] S. LUIS GRIGNION DE MONTFORT, Segreto ammirabile del Rosario, Roma 1960, p. 78.
[5] <<El amor de Jesús, eterna Sabiduría>> p. 193.
[6] PABLO VI, Marialis cultus, n. 46.
[7] R. GARRIGOU-LAGRANGE O.P., La Madre del Salvatore e la nostra vida interiore, Firenza 1965, pp. 347-348.
[8] <<Tratado de la verdadera devoción a María>> S. LUIS GRIGNION DE MONTFORT.
A Mayor Gloria de Dios y la Bienaventurada Virgen María
Este presente es para hacerles llegar un sitio web destinado al Rezo del Santo Rosario para aquellas personas que estando solas, puedan sentirse acompañadas en una oración continua con Jesús y la Virgen María.
¨El Rosario es uno de los signos más elocuentes del amor que las generaciones jóvenes sienten por Jesús y por su Madre, María¨
La devoción de los Siete Dolores de la VIRGEN MARÍA
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: ¨¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo¨.
GRIEGO
και εισελθων ο αγγελος προς αυτην ειπεν χαιρε κεχαριτωμενη ο κυριος μετα σου ευλογημενη συ εν γυναιξιν
LATIN
et ingressus angelus ad eam dixit have gratia plena Dominus tecum benedicta tu in mulieribus
BIBLIA NOVA VULGATA Oficial de la Iglesia Católica
Et ingressus ad eam dixit: “Ave, gratia plena, Dominus tecum”.
Salve, llena de gracia
Trasliteración del Griego
Jaire Kejaritomene
Griego Koiné
Χαίρε, κεχαριτωμένη
Hebreo
לשמוח, מלא חן
κεχαριτωμενη –> se pronuncia: kejaritomene
Significado: “La que desde siempre HAS ESTADO llena de la Gracia de Dios, la que HOY estás llena de la Gracia de Dios, y la que POR SIEMPRE estarás llena de la Gracia de Dios”
Κε ~ χαριτω ~ μενη
χαριτοω = Colmar de gracia divina. Estar lleno de gracia.
La palabra κεχαριτομένη es una extensión de tres palabras: χαριτοω (charitoo), μένη (mene) y κε (ke).
χαριτοω (charitoo) significa “gracia”, κε (ke) es un prefijo de χαριτοω que significa que la palabra está en tiempo perfecto. Este indica un estado presente producto de una acción completada en el pasado. μένη (mene) hace esto un participio pasivo.
“Pasivo” significa que la acción es realizada en el sujeto (en nuestro caso la Virgen María) por otra persona (en nuestro caso Dios). Resumiendo, la palabra κεχαριτομένη de María es un participio pasivo de χαριτοω (charitoo): Es Dios el autor de su estado de gracia: llenada, colmada de gracia.
Cuando el ángel Gabriel utiliza κεχαριτομένη para referirse a María, utiliza la palabra como pronombre (un pronombre toma el lugar de un nombre o un título), lo cual representa la identidad de la persona de la que se está hablando. Así María es identificada con un simple término, el cual no es su nombre (María).
LA ÚLTIMA CIMA nos muestra un tipo de sacerdote del que nadie habla: los sacerdotes generosos, alegres, serviciales, humildes. Sacerdotes anónimos que sirven a Dios, sirviendo a los demás. Pablo es, nada más y nada menos, que un buen cura.
“Pablo, sacerdote, sabía que iba a morir joven y deseaba hacerlo en la montaña. Entregó su vida a Dios... y Dios aceptó la oferta. Ahora dicen que está vivo. Pablo era conocido y querido por un número incalculable de personas, que han dejado constancia de ello después de su muerte.
LA ÚLTIMA CIMA muestra la huella profunda que puede dejar un buen sacerdote, en las personas con las que se cruza. Y provoca en el espectador una pregunta comprometedora: ¿también yo podría vivir así?”
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