“Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. Esta imagen que el mismo Señor nos presenta no puede más que ayudarnos a prescindir de todas nuestras seguridades y a poner la confianza solo en Dios. Pero, ¿qué significará esta escritura de la que nos habla?, ¿quién podrá escribir nuestros nombres?, ¿en qué se encuentran asentados?
Naturalmente se trata de una imagen y el autor de esa escritura no puede ser otro que Dios. Al comienzo del Evangelio de hoy se nos dice que Jesús “designó” a otras setenta y dos personas, además de los Doce, los envió para que lo precedieran, les dio instrucciones de cómo debían marchar y qué debían hacer de acuerdo a las actitudes de sus visitados: ya sea que fueran aceptados o rechazados. El Señor comenzó a inscribir sus nombres con esa designación, con ese primer llamado a compartir la misión de predicar el Reino de modo más expansivo.
Así como los predicadores preparan los caminos por dónde el Señor debía pasar, así también Él va después de sus predicadores. Pues como dice San Gregorio “la predicación prepara y entonces el Señor viene a vivir en nuestra alma, cuando preceden las palabras de la exhortación y la verdad se recibe así en la mente”. Esos que marchan primero anuncian con su vida la alegría de la salvación que primero se hace carne en ellos mismos, aunque no sin reservas.
El Señor Jesús quiere moldear su corazón para hacerlos verdaderos discípulos suyos. Porque necesitan del sustento de la oración, Jesús les manda a orar: “rueguen al dueño de la mies…”. Porque aún se sienten atraídos por los consuelos de este mundo, les exige no llevar nada: “ni provisiones, ni dinero, ni calzado”. Porque todavía el afecto puede ser un obstáculo a su misión, les ordena no entretenerse: “y no se detengan a saludar a nadie por el camino”.
Palabra y vida parece ser la fórmula que asegura victoria a la predicación, para que se conviertan y crean el anuncio de que “el Reino de Dios está cerca de ustedes”. En palabras de San Pablo, lo que interesa es ser una criatura nueva, vivir esta norma para alcanzar la paz y la misericordia. El consuelo de todo predicador es el mismo Señor quien prometió estar cerca así “como un hombre es consolado por su madre”.
El profeta Isaías proclama la alegría de todo fiel en la paz que corre hacia Jerusalén, en el consuelo que el Señor le alcanza. Viendo esto se llenarán de gozo. Aquí la figura de Jerusalén es apreciada desde la perspectiva de una madre que dará a luz al Hijo que traerá la salvación y lo hace en el marco de las bendiciones que el profeta incluye en el capítulo que cierra su libro. Así como una madre después de haber sufrido por el parto experimenta gran alegría al ver a su hijo dado a luz; así también todo fiel que planta en otros, por su predicación, la Palabra de Vida, se regocija al ver crecer esa semilla.
Diríamos que todo fiel que lleva a otros esa Palabra se convierte en partero de ese hombre nuevo que da a luz la fe. En la experiencia de Pablo, el será quien sufra los dolores del parto hasta ver a Cristo formado en los corazones (Gal 4, 19). Allí es donde un discípulo encuentra los motivos de su alegría, su gozo de ver a los hermanos convertidos en nuevas criaturas.
Cuando los enviados volvieron a Jesús se alegraron de realizar obras grandes en nombre de Cristo. Ciertamente era algo importante someter a los demonios y tener poder para vencer las fuerzas del enemigo. Pero el Señor sigue instruyéndolos: la alegría verdadera no radica en la derrota conseguida sobre el mal sino en la paz lograda por la exaltación del bien.
“Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. Esos nombres han sido asentados en el libro de la Vida, “no con tinta sino en la memoria y en la gracia de Dios” (Teofilato). Que el Señor Jesús se sirva de nuestra palabra y de toda nuestra vida para que ellas sean la respuesta fiel a su llamada y a su designio de salvación para todos los hombres.
Y que la Virgen santa nos alcance este favor, pues ella más que ningún otro ser humano pudo regocijarse al ver formado en su vientre santísimo al Hijo de Dios. Ella que ha proclamado de modo admirable las palabras que diariamente repetimos: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador” (Lc 1, 46-47).
¨Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad¨
Responder: Se repite
Señor ten piedad de nosotros
Cristo ten piedad de nosotros,
Señor ten piedad de nosotros,
Cristo óyenos
Cristo escúchanos,
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Trinidad santa un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Responder: Ruega por nosotros
Santa María,
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las vírgenes,
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael.
Responder: Rogad por nosotros
Todos los santos ángeles y arcángeles,
Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados
Responder: Ruega por nosotros
San Juan Bautista,
San José.
Responder: Rogad por nosotros
Todos los santos patriarcas y profetas.
Responder: Ruega por nosotros
San Pedro,
San Pablo,
San Andrés,
San Juan,
Santo Tomás,
Santiago,
San Felipe,
San Bartolomé,
San Mateo,
San Simón,
San Tadeo,
San Matías,
San Bernabé,
San Lucas,
San Marcos.
Responder: Rogad por nosotros
Todos los Santos apóstoles y evangelistas,
Todos los Santos discípulos del Señor,
Todos los Santos inocentes.
Responder: Ruega por nosotros
San Esteban,
San Lorenzo,
San Vicente.
Responder: Rogad por nosotros
San Fabián y San Sebastián,
San Juan y San Pablo,
San Cosme y San Damián,
San Gervasio y San Protasio,
Todos los santos mártires.
Responder: Ruega por nosotros
San Silvestre,
San Gregorio,
San Ambrosio,
San Agustín,
San Jerónimo,
San Martín,
San Nicolás.
Responder: Rogad por nosotros
Todos los santos obispos y confesores,
Todos los santos doctores.
Responder: Ruega por nosotros
San Antonio,
San Benito,
San Bernardo,
Santo Domingo,
San Francisco.
Responder: Rogad por nosotros
Todos los santos sacerdotes y levitas,
Todos los santos monjes y ermitaños.
Responder: Ruega por nosotros
Santa María Magdalena,
Santa Agueda,
Santa Lucía,
Santa Inés,
Santa Cecilia,
Santa Catalina,
Santa Anastasia.
Responder: Rogad por nosotros
Todas las santas vírgenes y viudas.
Responder: Interceded por nosotros
Todos los Santos y santas de Dios.
Responder: Perdónanos, Señor
Muéstratenos propicio.
Responder: Escúchanos, Señor
Muéstratenos propicio.
Responder: Líbranos, Señor
De todo mal,
De todo pecado,
De tu ira,
De la muerte súbita e imprevista,
De las asechanzas del demonio,
De la cólera, del odio y de toda mala intención,
Del espíritu de fornicación,
Del rayo y de la tempestad,
Del azote de los terremotos,
De la peste, del hambre y de la guerra,
De la muerte eterna,
Por el misterio de tu santa encarnación,
Por tu venida,
Por tu natividad,
Por tu bautismo y santo ayuno,
Por tu cruz y tu pasión,
Por tu muerte y sepultura,
Por tu santa resurrección,
Por tu admirable ascensión,
Por la venida del Espíritu Santo, nuestro Consolador,
En el día del juicio.
Nosotros, pecadores, te rogamos
que nos oigas,
que nos perdones,
que nos seas indulgente,
que te dignes conducirnos a verdadera penitencia,
que te dignes regir y gobernar tu santa Iglesia,
que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica,
que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia,
que te dignes conceder a los reyes y príncipes cristianos la paz y la verdadera concordia,
que te dignes conceder la paz y la unión a todo el pueblo cristiano,
que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles,
que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio,
que levantes nuestro espíritu al deseo de las cosas celestiales,
que concedas a todos nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos,
que libres nuestras almas, las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, de la condenación eterna,
que te dignes damos y conservar las cosechas de la tierra,
que te dignes conceder el descanso eterno a todos los fieles difuntos,
que te dignes escucharnos, Hijo de Dios.
Responder: Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Responder: Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Responder: Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Católico: del Griego ¨kath´holon¨ que significa ¨de acuerdo con el todo¨, ¨universal¨.
Se llama ¨Católica¨ a la Iglesia fundada por Cristo, para diferenciarla de las iglesias cristianas que no reconocen la primacía del papa.
La Fe Católica que nos viene de Cristo por medio de los Apóstoles.
Lo que es verdaderamente de la Iglesia, para diferenciarlo de lo que es herético o cismático.
La universalidad de la Iglesia proviene del mandato de Jesús a sus Apóstoles: ¨Vayan y prediquen el evangelio a toda criatura¨ Mc 16,15. Jesús fundó una Iglesia para que fuese universal. Para que reuniese en su seno a toda la humanidad.
El adjetivo ¨católica¨ referente a la Iglesia aparece en la literatura Cristiana con San Ignacio de Antioquía (discípulo de San Juan), por el año 110 AD (Recordemos que la literatura recoge la tradición oral que le precede). En su carta Ad Smyr (A los Esmirniotas 8:2) dice: ¨Donde esté el Obispo, esté la muchedumbre así como donde está Jesucristo está la iglesia católica¨.
Los estudiosos discuten si ¨católico¨ en este contexto significa ¨universal¨ o ¨verdadera/auténtica¨. La mayoría de los estudiosos favorecen el primer significado, bajo el razonamiento de que así como el Obispo preside la Iglesia local, así mismo Cristo preside la Iglesia universal.
San Policarpo, martirizado unos 50 años después de San Ignacio, utiliza la palabra en ambos sentidos: tres veces con el significado de iglesia universal y una vez con el sentido de auténtica. Describe a San Policarpo como ¨Obispo de la Iglesia Católica de Esmirna¨.
San Pacián de Barcelona, 375 A.D. dijo: ¨Cristiano es mi nombre, y católico mi apellido. El primero me denomina, mientras que el otro me instituye específicamente. De esta manera he sido identificado y registrado... Cuando somos llamados católicos, es por esta forma, que nuestro pueblo se mantiene alejado de cualquier nombre herético¨. - Carta a Sympronian.
Durante las persecuciones, desde los primeros siglos, cuando preguntaban a los cristianos a qué iglesia pertenecían decían ¨a la católica¨. La Iglesia desde sus comienzos se ha llamado ¨cristiana¨ y ¨católica¨ indistintamente.
El concepto de catolicidad es desarrollado por San Cirilo de Jerusalén, quien dice:
¨La Iglesia es católica porque está esparcida por todo el mundo; enseña en plenitud toda la doctrina que los hombres deben conocer; trae a todos los hombres a la obediencia religiosa; es la cura universal para el pecado y posee todas las virtudes¨. - Catechesis 18:23.
Los dos significados que prevalecen en el período de los Padres de la Iglesia son los de universalidad y ortodoxia. San Agustín utiliza en sus escritos el nombre de ¨católica¨ 240 veces entre los años 388 y 420 dC.
Los dos significados de la palabra católico, coexistieron por mil años, pero con el cisma del Este-Occidente, la Iglesia Latina se continuó llamando ¨Católica¨ mientras que la iglesia del Este adoptó el nombre de ¨Ortodoxa¨.
En el período medieval encontramos que emergen las bases para una más profunda teología sobre la catolicidad, hecho ayudado por la expresión dominante de Iglesia como la ¨reunión de los fieles¨ (congregatio fidelium), la cual está abierta a la noción de universal.
Santo Tomás de Aquino desarrolla los diversos elementos de la teología de la catolicidad. La Iglesia es universal en tres sentidos:
Se encuentra en todos los lugares (Cf. Rom 1,8), teniendo tres partes: en la tierra, en el cielo y en el purgatorio.
Incluye personas de todos los estados de vida. (Cf. Gal 3,28)
No tiene límite de tiempo desde Abel hasta la consumación de los siglos.
La Iglesia católica reconoce que también son ¨cristianos¨ los bautizados de otras iglesias no católicas que profesan su fe en Jesucristo, Dios y hombre. Pero, aunque otras iglesias contengan elementos de la verdad, solo la Iglesia Católica conserva y enseña sin corrupción toda la doctrina Apostólica y posee la plenitud de los medios de salvación.
Los escritos de los Padres Apostólicos demuestran que la esencia de la Iglesia Católica no ha cambiado sino que ha profundizado en el conocimiento.
La fe, ritos y moral de la Iglesia Católica. Incluye todo lo que la enseña que debe ser creído y vivido para ser santificado y lograr la salvación. Este sistema de doctrina y culto es llamado católico (universal) porque contiene todas las verdades de fe y moral necesarias para toda la humanidad, en todas las circunstancias, para todas las vocaciones y para todos los tiempos. Se trata de verdades reveladas por Jesucristo quien garantizó que la Iglesia prevalecería sobre las mentiras del demonio hasta el fin del mundo.
¨Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella¨. - Mateo 16:18
Uno de los más grandes regalos que Cristo ha dado a su Iglesia es el Papado
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
14 Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
15 «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
18 Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
19 Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
16 El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».
17 Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
18 El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19 Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
20 No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes»
22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo.
23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
24 Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido.
25 Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella,
26 para santificarla. El la purificó con el bautismo del agua y la palabra,
27 porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada.
7 Pero si caminamos en la luz, como el mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad.
10 Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Cristianos son todos los que creen en Jesucristo, verdadero Dios y hombre. Ser cristiano es un don que se recibe en el bautismo impartido con agua en nombre de la Trinidad (Cf. Mt 28, 20). Cristianos son los católicos, ortodoxos, protestantes y evangélicos y otros que creen en la Trinidad. ¡Somos todos hermanos!
Ser católico es creer en la plenitud de la fe cristiana.
Hoy hace falta recordarlo porque hay quienes no reconocen a los católicos como cristianos. Quieren apropiarse del título ¨cristiano¨ sólo para ellos. Crean así falsamente una mutua exclusión entre ser ¨cristiano¨ y ser ¨católico¨. Dicen, por ejemplo: ¨Yo era católico pero ahora soy cristiano¨. Preguntan: ¨¿Eres cristiano o católico?¨. Los católicos debemos cuidarnos de no caer en la trampa. Podemos responder: ¨Soy cristiano y por eso soy tu hermano en Cristo; soy también católico porque creo en toda la fe cristiana¨. Si bien los católicos reconocemos que nuestros hermanos bautizados de otras iglesias son cristianos no por eso renunciamos a nuestra propia identidad cristiana.
Desde el primer siglo Los escritos de los Padres de la Iglesia demuestran que, desde los primeros siglos, los cristianos que estaban unidos a la Iglesia fundada por Cristo eran llamados Católicos. Estos reconocían la plenitud de las doctrinas Apostólicas.
Un ejemplo: San Ignacio de Antioquía, obispo, fue discípulo directo de San Pablo y San Juan. Era ciertamente cristiano y católico.
Nadie puede dudar que San Ignacio era cristiano: ¨Lo único que para mí habéis de pedir es fuerza, tanto interior como exterior, a fin de que no sólo hable, sino que esté también decidido; para que no sólo, digo, me llame cristiano, sino que me muestre como tal. Porque si me muestro cristiano, tendré también derecho a llamarme así, y entonces seré de verdad fiel a Cristo¨ (Carta a los Romanos, III, 2).
Nadie puede dudar que San Ignacio era católico pues sus enseñanzas ampliamente lo demuestran.
No es suficiente llamarse cristiano. Tampoco es suficiente llamarse católico. Hay que serlo y por lo tanto vivirlo.
De nada vale decir que aceptamos a Cristo como Señor y Salvador si no vivimos consecuentemente.
De nada vale ser bautizado si después rompemos con Dios por el pecado y no nos arrepentimos.
Jesús dijo: ¨El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama¨ Juan 14,21.
San Juan: ¨Quien dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él.¨ - I Juan 2,4.
Cada cual es responsable del don recibido. Hay cristianos que sin culpa desconocen algunas verdades (eucaristía, confesión, etc.) Pero quien desprecia las doctrinas que conoce se hace culpable. El cristiano debe esforzarse por conocer la doctrina verdadera y completa (ortodoxia) y practicarla (ortopraxis).
Moral vs Moralismo
Hay que distinguir entre moral y moralismo. La acción moral nace del corazón puro que conoce a Dios. El moralismo se satisface tan solo con cumplir y olvida la fuente de la fe: El encuentro con el Dios vivo que es amor.
Los fariseos basaban su religión en cumplir reglas y pretendían que así cumplían con Dios. Pero sus corazones seguían dominados por el mal y esto se manifestaba en sus actitudes hacia las personas.
Benedicto XVI nos enseña: ¨No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva¨
La conversión no se trata de un mero cambio de prácticas. Es algo mucho mas profundo: Es la obra del Espíritu Santo que transforma la mente y el corazón ordenándolo todo hacia Cristo quien está por encima de todo. Antes la mente estaba cerrada en la esfera del ego, en el placer egoista, el poder, el dinero, en las pasiones. Pero por el Espíritu el creyente posee:
Una profunda conciencia del Señorío de Jesús. El está por encima de todo y todo se ordena hacia El.
La fuerza del amor que da confianza en Jesús, aun cuando no entendemos por donde El nos lleva. Basta saber que el es quien nos lleva. El corazón esta sometido a Cristo en la obediencia de la fe.
Esta es la ¨nueva vida¨ de que habla San Pablo la cual no es posible para el hombre lograr por si mismo. Esta vida ordenada en el amor de Cristo se manifiesta en una vida moral. - Padre Jordi Rivero
Este presente es para hacerles llegar un sitio web destinado al Rezo del Santo Rosario para aquellas personas que estando solas, puedan sentirse acompañadas en una oración continua con Jesús y la Virgen María.
¨El Rosario es uno de los signos más elocuentes del amor que las generaciones jóvenes sienten por Jesús y por su Madre, María¨
La devoción de los Siete Dolores de la VIRGEN MARÍA
La devoción al SAGRADO CORAZON DE JESUS y la práctica de los Nueve Primeros Viernes
LA ÚLTIMA CIMA nos muestra un tipo de sacerdote del que nadie habla: los sacerdotes generosos, alegres, serviciales, humildes. Sacerdotes anónimos que sirven a Dios, sirviendo a los demás. Pablo es, nada más y nada menos, que un buen cura.
“Pablo, sacerdote, sabía que iba a morir joven y deseaba hacerlo en la montaña. Entregó su vida a Dios... y Dios aceptó la oferta. Ahora dicen que está vivo. Pablo era conocido y querido por un número incalculable de personas, que han dejado constancia de ello después de su muerte.
LA ÚLTIMA CIMA muestra la huella profunda que puede dejar un buen sacerdote, en las personas con las que se cruza. Y provoca en el espectador una pregunta comprometedora: ¿también yo podría vivir así?”
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