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Creyendo en vos
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Lunes, 01/07/2013
Creyendo en vos
En los últimos tiempos, los noticieros televisivos se han ido poblando de “notas de color”, esas noticias, en general simpáticas y conmovedoras, que sirven para alivianar el caudal informativo. El otro día, por ejemplo, mostraban la despedida de un director de escuela. Sus alumnos y docentes le habían preparado una sorpresa, reuniéndose todos en el patio para cantarle y mostrarle un baile. Entre todos llevaban un gran cartel que decía: “Gracias por creer en nosotros”. Yo me quedé pensando en esta frase y en todo lo que significaba… Realmente tener gente que crea en nosotros, en nuestras posibilidades, en nuestras capacidades, es una de las cosas más importantes para nuestro desarrollo.
Siempre recuerdo con especial cariño la historia del apóstol Pablo y Bernabé. Como recordarán, Pablo fue perseguidor de los cristianos antes de encontrarse con Jesús. Por eso, luego de su conversión, el resto de la comunidad no tenía demasiada confianza en él. Lógicamente todavía guardaban ciertas sospechas sobre su sinceridad, no es fácil dar una nueva oportunidad al que hasta ayer quería tu muerte… En ese contexto, sobresale la actuación de Bernabé, un hombre justo, que haciéndose cargo de Pablo da testimonio de su conversión y logra que sea recibido en la comunidad. Bernabé creyó en Pablo y logró que otros empezaran también a creer en él. Poco tiempo después, cuando a Bernabé le encargan una misión, lo busca a Pablo para que sea su compañero. Así, gracias a este hombre bueno, Pablo comenzó su tarea evangelizadora y se convirtió en el gran misionero de los primeros tiempos del cristianismo, el autor de gran parte del Nuevo Testamento y el que permitió que la Iglesia se abriera camino entre los no judíos. ¿Qué hubiera sido de Pablo sin Bernabé? ¿Qué hubiera sido de la Iglesia sin Pablo?
En este mes en que celebraremos el día del amigo, quería rescatar esta historia de amistad que nos presenta la Palabra de Dios. Creo que la relación entre Pablo y Bernabé guarda lo mejor de la experiencia de los amigos. Los amigos son quienes creen en nosotros aún cuando ni nosotros mismos lo hagamos. Son esas personas que ponen el cuerpo ante las dificultades y están a nuestro lado ayudándonos a caminar.
Los libros sapienciales de la Biblia son una colección de pequeños dichos, proverbios y sabiduría popular. Ellos repasan muchos temas de la vida cotidiana, dando consejos, advertencias y simplemente recordando verdades. Es por eso que también reflexionan sobre la amistad y, entre otras cosas, dicen: “Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. Un amigo fiel es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor” (Eclo 6,14-16).
¿Cómo nace la amistad? ¿cuándo se puede llamar a alguien amigo? Estos son algunos de los aspectos más misteriosos de la amistad: nunca sabemos muy bien cuándo ni cómo comenzó. Tal vez nos acordamos de cuándo nos conocimos, de que empezamos a frecuentarnos, hasta que un día descubro que esta persona se ha vuelto importante para mí y la puedo llamar verdaderamente amigo. Por eso, la sabiduría nos aconseja ser pacientes en el cultivo de la amistad, porque el tiempo transcurrido es fundamental: “No abandones a un viejo amigo, porque uno nuevo no vale tanto como él. Amigo nuevo es como vino nuevo: que se ponga añejo, y lo beberás con placer” (Eclo 9,10). Seguramente los tiempos difíciles son los que muestran a los verdaderos amigos, por eso: “Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto” (Eclo 6,7). Pero la amistad también conoce de desencuentros y heridas, no siempre los amigos se entienden, por eso se aconseja: “El que disimula una ofensa cultiva la amistad, volver sobre la cosa separa del amigo” (Prov 17,9) y también: “Leal es la herida que inflige el amigo, engañosos los besos del enemigo” (Prov 27,6).
La celebración del día del amigo es una oportunidad para valorar y agradecer la vida y la compañía de todos nuestros amigos. Que Jesús, que nos llama sus amigos, nos siga regalando buenos compañeros de camino.
P. Willy


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