Fertilización asistida: otro paso en la demolición de la Familia
Un deber de conciencia
Para Hacerse Oír-Hablemos Claro advierte sobre la gravedad del real significado de la la Ley de Fertilización Asistida, aprobada por la Cámara de Diputados el último 5 de junio.
En efecto, a primera vista puede parecer contradictorio que los mismos impulsores del aborto -la matanza de inocentes- para solo referirnos a ello, sean quienes propician posibilidades de fertilidad fuera de las vías naturales, como si también, pese a todo, apostaran a la vida.
En realidad, si analizadas las cosas con el justo criterio de la ley natural y de la doctrina de la Iglesia, queda perfectamente claro que estamos ante aspectos de un mismo proceso de demolición de la institución de la familia y del matrimonio.
Cuanto exponemos a continuación -reflexiones publicadas por por ACI-Prensa basadas en la Encíclica Donum Vitae- deja claro que, bajo ningún aspecto, a ser coherentes con la ley natural y la doctrina de la Iglesia que se fundamenta en la misma, podemos aceptar los postulados de la mencionada ley.
Para Hacerse Oír-Hablemos Claroconsidera un deber de conciencia hacer publica esta postura para orientación de sus adherentes, amigos y lectores.
A continuación, el documento publicado por ACI-Prensa.
Preguntas que se imponen ante los adelantos tecnológicos en el campo de la fertilidad
Los adelantos tecnológicos en el campo de la fertilidad nos traen nuevos retos y nuevas preguntas en cuanto a la moralidad de algunos procedimientos. ¿Cuáles son las técnicas de fertilización moralmente aceptables? ¿Cuáles no? ¿Por qué? A continuación presentamos unas reflexiones sobre la esterilidad y la fecundación artificial homóloga (técnica encaminada al logro de una concepción humana mediante la unión in vitro de gametos de los esposos).
Estas reflexiones están basadas en la encíclica Donum Vitae (Respeto a la vida humana naciente y la dignidad de la procreación) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sección II, números 4,5 y 8.
Significados del acto conyugal: el hijo debe ser fruto de la donación recíproca entre los esposos
En sus enseñanzas sobre el matrimonio y la procreación, la Iglesia nos dice que el acto conyugal tiene dos significados: uno unitivo y otro procreador. Es decir, que el mismo acto por el que los esposos se unen en una sola carne, es el que los hace ¨idóneos para engendrar una nueva vida .¨. Dios ha querido que haya una conexión inseparable entre estos dos significados del acto conyugal que el hombre no puede romper por propia iniciativa.
Esta doctrina aclara el problema moral de la fecundación artificial homóloga. Si, por un lado, la contracepción priva intencionalmente al acto conyugal de su apertura a la procreación, por otro, la fecundación artificial intenta una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal. Por lo tanto, la fecundación artificial deja la procreación fuera del acto conyugal, es decir del gesto especifico de la unión de los esposos.
Un hijo ha de ser el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal, en el que los esposos cooperan como servidores y no como dueños, en la obra del Amor Creador.
El origen de una persona humana no puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología científica.
El deseo de un hijo es un requisito necesario desde el punto de vista moral para una procreación humana responsable. Pero esta buena intención no es suficiente para justificar una valoración moral positiva de la fecundación in vitro entre los esposos.
La Iglesia es contraria desde el punto de vista moral a la fecundación ¨in vitro¨, ésta es en sí ilícita y contraria a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal, aun cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del embrión humano.
Palabras de aliento y consejo a los matrimonios que son estériles
El documento, además, da unas palabras de aliento y consejo a aquellas parejas que son estériles: El sufrimiento de los esposos que no puede tener hijos o que temen traer al mundo un hijo minusválido es una aflicción que todos deben comprender y valorar adecuadamente.
Por parte de los esposos el deseo de descendencia es natural: expresa la vocación a la paternidad y a la maternidad inscrita en el amor conyugal. Este deseo puede ser todavía más fuerte si los esposos se ven afligidos por una esterilidad que parece incurable.
Sin embargo, el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo se ordenan a la procreación.
Un hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad: es más bien un don, ¨el más grande¨ y el más gratuito del matrimonio, y es el testimonio vivo de la donación recíproca de sus padres.
Por este título el hijo tiene derecho a ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres y también tiene derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción.
La esterilidad, una dura prueba que es ocasión para prestar otros servicios a la vida
La comunidad cristiana está llamada a iluminar y sostener el sufrimiento de quienes no consiguen ver realizada su legítima aspiración a la paternidad y a la maternidad. Los esposos que se encuentran en esta dolorosa situación están llamados a descubrir en ella la ocasión de participar particularmente en la cruz del Señor, fuente de fecundidad espiritual.
Los cónyuges estériles no deben olvidar que ¨
incluso cuando la procreación no es posible, no por ello la vida conyugal pierde su valor. La esterilidad física puede ser ocasión para los esposos de hacer otros importantes servicios a la vida de las personas humanas, como son, la adopción, los varios tipos de labores educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos¨.
Muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad.
Salvaguardando plenamente la dignidad de la procreación humana, algunos han obtenido resultados que anteriormente parecían inalcanzables.