El aromo

Por
lourdes
Lunes, 17/06/2013
Hay unos bellos versos de Atahualpa Yupanqui que narran la historia de un aromo nacido en la grieta de una piedra. Como está en un alto, no tiene ninguna planta cerca. Los otros árboles, al verlo tan solo y florido, lo envidian pensando con rencor: “para uno solo cuánta tierra…”. Pero, mirada de cerca, la situación del aromo no es tan linda como la ven los demás, más bien es un martirio la vida que le envidian: la piedra lo estruja; como no tiene reparos las heladas y los vientos le pegan y el agua pasa y no se queda. La mala suerte hizo que el aromo naciera ahí, solo y en medio de una piedra. Pero como tiene un alma linda, de la que no le brota una queja, “en vez de morirse triste, se hace flores de sus penas”. Por eso los versos terminan diciendo: “eso habrían de envidiarle, los otros si lo supieran”.
Cuando escucho esta canción, pienso que la historia del aromo tiene algo de las parábolas de Jesús, esa capacidad de descubrir en las realidades de la naturaleza las grandes verdades de nuestra existencia. Tal vez, si Jesús hubiese conocido este aromo, hubiera contado una parábola que comenzara: “El reino de los cielos es como un aromo nacido en la piedra….”.
Esta poesía me inspira dos reflexiones. La primera es que a veces opinamos muy rápidamente sobre la vida de los demás, sin conocerla en profundidad. Y lo que, desde lejos parece una vida envidiable y llena de alegrías, en realidad es una historia dura y difícil. También puede suceder lo contrario: lo que puede parecernos algo muy difícil de soportar, tal vez, para el otro, es un don que la vida le regaló y que vive con paciencia y alegría. En definitiva, la vida de los demás es siempre un misterio, al que tendremos que acercarnos con el respeto de estar pisando tierra sagrada.
Y lo segundo que me parece que está muy bien expresado en los versos es esa capacidad de fortalecerse en medio de la dificultad. El aromo podría haberse muerto de tristeza por vivir solo y en un lugar inhóspito. Podría haberse llenado de quejas y protestas: ¿por qué a mí? ¿qué hice para merecer esto? Sin embargo eligió el camino más luminoso: “como no tiene alegrías, se hace flores de sus penas”. Como las flores del aromo son amarillas y caen por el suelo, con exquisita poesía Atahualpa dice “en oro le ofrece al sol, pagar la luz que le presta, y como tiene de más, puñados por el suelo siembra”. Tal vez el árbol no tuvo la posibilidad de cambiar su situación, de elegirse otro lugar, de cambiar su hábitat. Pero en el poquito margen de acción que le quedaba, usó todas sus posibilidades para tener una vida linda. Tanto fue así, que los demás le envidiaban su situación.
La psicología lo describe con el término “resiliencia”; palabra difícil para expresar algo que seguramente hemos visto en otros o hemos experimentado en nuestra propia historia. La resiliencia es la capacidad para sobreponerse a la adversidad, a los dolores y problemas, saliendo incluso fortalecidos. Tal vez todos conocemos personas que tuvieron situaciones difíciles en su vida, pero que no se dejaron vencer por eso, sino que buscaron la salida, que se supieron levantar e incluso aprender de esa adversidad. Quizás incluso lo hemos vivido nosotros mismos que, con el correr del tiempo y mirándolo a la distancia, descubrimos que las dificultades nos han fortalecido y nos han hecho ser quienes hoy somos. “Lo que no te mata te fortalece”, dice la sabiduría popular…
Es por eso que dar todo servido a los demás no siempre es la mejor manera de ayudarlos, sobre todo cuando alguien está creciendo y formándose. Un niño al que nunca se le niega nada y que se le dan todos los gustos, seguramente será un caprichoso que pretenderá que toda su vida sea de la misma manera. Ciertamente, cuando queremos a alguien, no queremos que sufra y hacemos todo lo posible para evitarle los dolores. Pero también es cierto que ayudar a crecer también supone acompañar al otro a enfrentar la dificultad y la adversidad, a que pueda desarrollar esa fortaleza que tantas veces va a necesitar en la vida.
Que el Espíritu de Jesús nos fortalezca para que, como el aromo, hagamos lo mejor que podemos con la situación en la que estamos.
P. Willy

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