La responsabilidad de los Kirchner en la masacre de Once. HISTORIA DE UNA INTERVENCIÓN SIN PLAZOS NI OBJETIVOS.
Por secretosaldesnudo
Lunes, 25/02/2013
La Comisión Nacional de Regulación del Transporte tiene a su cargo diversas funciones que hacen al contralor de los distintos medios de transporte de personas y cargas. El decreto que dispone su creación sostiene que, “en lo relativo a la seguridad del transporte por vía férrea, tendrá como objetivo controlar el cumplimiento de las normas vigentes respecto de la vía e instalaciones fijas, del material rodante y de los materiales y repuestos correspondientes, así como de las obras y provisiones que integran el plan de inversiones del concesionario”. Según dicha norma (Decreto 1388/96)la C.N.R.T. debiera ser un ente “autárquico” y poseer un directorio constituido por cinco miembros designados por el Poder Ejecutivo Nacional que posean antecedentes técnicos y profesionales relevantes en materia de transporte. La duración del mandato de estos miembros –según el decreto mencionado- debiera extenderse a cinco años, es decir, más allá de un mandato presidencial, y las causales de remoción debieran producirse sólo por incumplimiento de sus deberes.
En definitiva, las normas que rigen el funcionamiento de la CNRT —aunque con ciertos defectos de origen—otorgan a dicho ente una independencia técnica y funcional que debiera permitirle cumplir sus tareasfiscalizadoras sin quelos gobiernos de turno se entrometan en su gestión.
Ahora bien, duranteel gobierno de la Alianza se dispone la intervención de la CNRT mediante el Decreto 454/2001, con fundamento en la detección de “falencias en la gestión del ente que conspiran contra los objetivos tuitivos de los derechos de los usuarios, la competitividad en los mercados y el logro de mayor seguridad y confiabilidad del transporte involucrado.” Conociendo la política privatizadora del menemismo y la connivencia de dicho gobierno con las empresas beneficiarias de las privatizaciones, es probable que este decreto tuviera algún grado de racionalidad, en tanto y en cuanto, la creación de la CNRT y la designación de sus miembros estuvo a cargo del mismo gobierno privatizador.
Con la renuncia de De la Rúa, la intervención continúa bajo elgobierno de Duhalde, quien dicta el Decreto 104/2002 designando un nuevo interventor, sin expresar fundamento alguno, aunque debe admitirse que nuestro país se encontraba, en aquel entonces, en la más severa crisis política y económica de su historia.
En el año 2003, el Presidente Kirchner designa un nuevo interventor mediante el dictado del Decreto 166/2003. Y al año siguiente, designa un reemplazante, mediante el dictado del Decreto 170/2004.
Ya en el año 2008, el recientemente procesado en la causa “Once”, Antonio Eduardo Sícaro, es designado interventor por Cristina Fernández de Kirchner.
Ocurrida la masacre de ONCE y lejos de normalizar la CNRT, la actual Presidente volvió a insistir con un nuevo interventor, quien actualmente conduce el ente.
Ni Duhalde ni “De La Ruanormalizaron” la CNRT. Puede invocarse a su favor la brevedad de ambos gobiernos.
Lo que resulta inadmisibles que el kirchnerismo, que ya va por su tercer mandato y exhibe pretensiones de eternidad, no haya podido designar en la CNRT a los funcionarios idóneos e independientes que exigen las normas de creación del ente regulador. Por el contrario, designó a meros delegados del Poder Ejecutivo, sin ninguna capacitación en la materia. Como ejemplo, la página web de la CNRT exhibe el curriculum del actual interventor, Ariel Fabián Franetovich: http://www.cnrt.gob.ar/institucional.asp un abogado con cierta trayectoria en la función pública, pero sin ningún antecedente de relevancia vinculado al transporte público.
Debe tenerse en cuenta que las intervenciones son remedios de excepción ante situaciones excepcionales. Han de tener objetivos concretos a cumplir, luego de lo cual, procede la normalización y designación de autoridades naturales del ente intervenido.
Solían decir las autoridades de la última dictadura militar, cuando se las consultaba sobre la posibilidad de una urgente apertura democrática, que el Proceso no tenía plazos sino objetivos. De este modo, los militares de aquel entonces pretendían justificar su permanencia en el poder invocando la falta de concreción de los fines que —a su errado criterio— habían tornado necesaria la excepción (es decir, el gobierno de facto).
Pareciera que las sucesivas y prolongadas intervenciones de la CNRT por parte del Régimen K, no sólo no han tenido ni tienen plazo, sino que tampoco han tenido ni tienen objetivos. En efecto, ¿qué objetivo se persigue designando interventores sin idoneidad en materia de transporte? ¿Qué objetivo se persigue con la designación de meros delegados presidenciales a cargo del ente? ¿En qué se benefició el sistema ferroviario con esta artificial situación de excepcionalidad?
Desde mediados de 2003 hasta la fecha, Néstor Kirchner primero, y Cristina Kirchner, después, han designado durante casi diez años sucesivos interventores carentes de idoneidad. Durante casi diez años jamás ordenaron la normalización del ente. Y aún luego de la masacre de Once, la política institucional hacia la C.N.R.T. sigue siendo la misma. La falta de idoneidad de los sucesivos interventoresy la precariedad institucional del ente regulador del transporte constituyen dos elementos decisivos que llevaron al deterioro y al descontrol del sistema ferroviario. El Ministro De Vido, quien debiera ser investigado como responsable de la masacre de Once, no fue, sin embargo, quien designó a los interventores ineptos de la C.N.R.T. Tampoco tenía facultades para hacer cesar la intervención y normalizar el ente regulador mediante la designación de sus autoridades idóneas y naturales. Ello fue responsabilidad de Néstor Kirchner, durante el curso de su mandato, y es responsabilidad de Cristina Fernández de Kirchner, desde el inicio de su primera presidencia y hasta el día de hoy.
La prolongación de esta política en el tiempo, aún contra las sucesivas advertencias (informes de la Auditoría General de la Nación, causas penales de Jaime y, finalmente, la propia masacre de Once) no pareciera deberse el descuido de una “abogada exitosa”. Por el contrario, se trata de un plan sistemático sostenido deliberadamente desde el Poder Ejecutivo, consistente en sacrificar el bien público en pos de beneficios netamente personales.
Por José Lucas Magioncalda
La plaza del dolor
La sucesión de los familiares de las víctimas fatales fue un shock emotivo que no puede ni debe olvidarse. Unos tras otros, dirigiendo la palabra, mitad a la concurrencia, mitad al cielo, consiguieron crear, descarnadamente, brutal conciencia de lo solos que estamos. Desprotegidos. Obliterados. Ignorados. A la buena de Dios.
No se merecían esas familias tanto dolor cínicamente infligido. No se merece este pueblo tener que vivir en estas condiciones de orfandad institucional. Los reclamos de Justicia se multiplicaban como un mandato, desde los que más derecho tienen a exigirlo.
Fue la noche de un día tan devastador para amigos y familiares como el mismo día, pero de hace un año atrás. Desde las 8:32 y las sirenas, una jornada atroz. La muerte siempre consterna, no cabe duda, pero mucho más cuando se habla de muertos que no debieron morir. No en ese día, no en ese tren. No de esa forma. No hay exageración al afirmar que el gobierno kirchnerista, hace un año cometió un asesinato en masa. No es nada nuevo para nadie.
Los muertos de Once, fueron, anoche, descolectivizados. Se puso cada nombre y cada apellido, se puso cada rostro y se habló de quiénes fueron. Actitud necesaria para volver a indignarnos, para entender mejor. Para dejar de referir a las víctimas con un sustantivo colectivo, para dejar estampado en la historia que son 52 personas, y que justicia merecen. Justicia exigen.
Cachetazos de verdad
Varias veces se ha dicho que Cristina Fernández no tiene alma. Lo viene demostrando de manera casi cotidiana. Pero lo patentizó el día anterior, cuando intentó dar un mensaje presuntamente solidario y, como era de esperarse, no le salió.
No le salió porque no lo siente. Porque fue un incómodo formulismo. Porque necesitaba sacarse de encima el tema lo antes posible para poder hablar de los arbolitos. Y como no lo siente, y como no tiene alma, lo que dijo indignó antes que reconfortar.
Ejemplificó con las madres que esperaron 35 años. Siniestro ejemplo, miserable. Solo le faltó decir: ¨Y menos mal que vinimos nosotros¨. Juro que no hubiera llamado la atención de haberlo dicho.
Probablemente nunca, en esta década, el absurdo gobierno kirchnerista fue expuesto tan crudamente como anoche, en Plaza de Mayo.
El documento leído por los Menghini Rey corrió de un tirón y desde la voz cortada por el llanto, el disfraz del personaje presidencial. La mostró desnuda. La mostró real. Esa madre, firme y clara, dijo lo que todos sabemos, pero pocos se animan a gritar. Que la corrupción mata y que la corrupción es de ellos. Que la Presidenta habló para insultarlos más.
Desde la dignidad abolió cualquier falso relato. Abolió las excusas adolescentes, le dio un baño de removedor que no dejó rastros de su burda pintura. Paolo sinceró la revolución ferroviaria de Randazzo: humo, vergonzante humo. No solo las mentiras del Gobierno quedaron crudamente expuestas en la plaza., sino también las miserias de sus funcionarios. Son demasiado miserables.
Nunca más
El kirchnerismo es el gobierno más corrupto de la historia de la Argentina moderna, hace tiempo se menciona esto. Anoche, en Plaza de Mayo la afirmación fue avalada con ejemplos contundentes, y con 52 testimonios claves, gritando desde el cielo.
Sea quien fuere el próximo gobernante de este país, deberá tomar sobrada nota de lo que anoche ocurrió en la plaza. Se abrieron definitivamente las puertas para el impostergable ¨Nunca Más¨ de la corrupción en democracia.
Ya no hay forma de hacerse los distraídos. Ya no queda margen para pactos de impunidad. Esta gente no solamente se robó el país, sino que también mata.
El que quiera ser presidente y se precie de serio, deberá asumir, ordenar alerta en las fronteras y mandarlos a la Justicia. Como para empezar. De otra forma, la corrupción seguirá siendo, como hoy, la madre de todos los males de este país. Y no habremos comprendido absolutamente nada.
Por Fabián Ferrante
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