EL HOMBRE REDUCIDO A CAPITAL HUMANO DEL ENGRANAJE FINANCIERO
Por bienaventurados
Lunes, 21/01/2013
Se proclama la dignidad de la persona, pero las nuevas ideologías consideran al trabajador independiente y a su trabajo como bienes menores, y minan los fundamentos naturales de la sociedad, especialmente los de la familia. Por ello, el Papa indicó que el objetivo del trabajo para todos es una prioridad, incluso en tiempos de recesión económica. Estas fueron las reflexiones del Papa durante la audiencia que concedió a los participantes de la asamblea plenaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz, cuyo presidente es el cardenal Peter Turkson.
«A pesar de que la defensa de los derechos haya tenido enormes progresos en nuestro tiempo –explicó el Pontífice– la cultura contemporánea, caracterizada, entre otras cosas, por un individualismo utilitarista y un economicismo tecnocrático, tiende a menospreciar a la persona. Esta es concebida como un ser fluido, sin consistencia permanente».
«A pesar de estar inmerso en una red infinita de relaciones y de comunicaciones, el hombre de hoy, paradójicamente, es a menudo un ser aislado, porque es indiferente con respecto a la relación constitutiva de su ser, que es la raíz de las demás relaciones: la relación con Dios», prosiguió Benedicto XVI
«El hombre de hoy es considerado en clave predominantemente biológica o como ¨capital humano¨, ¨recurso¨, parte de un engranaje productivo y financiero que lo supera –indicó el Pontífice. Si, por un lado se sigue proclamando la dignidad de la persona, por otro nuevas ideologías, como la hedonista y egoísta de los derechos sexuales y reproductivos o la de un capitalismo financiero sin límites, que prevalece sobre la política y deconstruye la economía real, ayudan a considerar el empleado y su trabajo como bienes ¨menores¨ y a socavar los fundamentos naturales de la sociedad, especialmente la familia».
«La Iglesia –dijo el Papa– ciertamente no tiene la misión de sugerir, desde el punto de vista político y jurídico, la configuración concreta de un tal ordenamiento internacional, sino que ofrece a los que tienen esta responsabilidad aquellos principios de reflexión, criterios de juicio y orientaciones prácticas que pueden garantizar el marco antropológico y ético en torno al bien común».
El discurso de Benedicto XVI en la audiencia que concedió a los representantes de la Asamblea general del Pontificio Consejo Justicia y Paz.