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Sobre llovido, mojado
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Lunes, 17/12/2012
CARAS Y CARETAS 19-03-2010

Por Sebastián Hacher
Los que viven en la calle prefieren que los rodeen los mosquitos antes que los empleados del gobierno porteño que supuestamente se ocupan de ellos: de los insectos saben defenderse, a los otros les tienen terror.
Roherto todos le dicen Palomino. Es un hombre de Formación castrense, al rigida, que en algún momento dejo Santa Fe para perderse en la urhe porteña. Aquí se obsesionó con las aves. A veces es su protector; otras se siente uno mas de la bandada. Empezó por salvar a una paloma que tenía el ala rota, más tarde rescató un pichón caído dei nido y pronto se enamoró de ellas. El 1 de octubre último, cuando la Unidad de Control del Espacio Púhlicv (Uccp) hizo un operativo en la ranchada de Pasco y la autopista, Palottiino caró sus mascotas en g un carrito de supermercado y escapó. Ya tenía experiencia: semanas antes, los muchachos de la Ucep las habían metido en un camión de hasura. Y eso para él era un crimen imperdonable.
Además de Palomino, aquella noche debajo de la autopista di rni an dos familias. Caria Baptista, de 30 años y embarazada de siete meses, había sido desalojada de un hotel junto a su marido y sus cinco hijos. Su vecina de ranchada, Cristina Cisneros, vivía allí con su marido y un perro llamado Bruce Lee. Cuando dos tipos agarraron sus colchones, Carla y Cristina se aferraron a ellos como los náufragos a la tabla que los mantiene a flote.
La respuesta fue una lluvia de golpes. A Cristina le dejaron varios nutretones. Carla estuvo a punto de perder su embarazo. Miguel Varela, un vecino del barrio, fotografió el operativo y su denuncia se convirtió en caso testigo. Basada en el testimonio de Carla, la Justicia porteña prohibió que la Ucep actúe en operativos en la vía pública. Pocas semanas después, el entonces ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad, Juan Pablo Piccardo, anunció el fin de la Ucep y el traslado de toda atención a personas sin techo a la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, en particular al programa Buenos Aires Presente (BAP), un organismo integrado por asistentes sociales y psicólogos que, hasta la aparición de la Ucep, era la cara visible del Estado frente a la gente que duerme en calle.
Sin embargo, a casi cuatro meses de aquella noticia, poco ha cambiado. En la ranchada de Paseo y la autopista, Cristina Cisneros clasifica cartones sentada sobre el colchón en el que pasa cl día entero. Es una mujer enorme, obesa y de piernas tan flacas que parecen de otra persona. Su marido y Bruce Lee duermen una siesta liviana. ¨En los últimos meses -dice ella tuvimos suerte: del gobierno de la ciudad nos vinieron a visitar sólo las moscas y los mosquitos¨. Palomino sigue dando vueltas por allí con sus pájaros, sin nadie que le dé una ulano. Y Carla tuvo a sii bebé en piena calle, donde todavía vive.
Preferir las moscas a la asistencia del Estado tiene una razón clara. ¨El RAP -explica Gonzalo Basile, presidente de la filial local de médicos del mundo- perdió mucha confianza de la gente durante ci accionar de la Ucep. En muchos lugares, ellos hacían primero un relevamiento y después venía la represión de la Ucep.¨ Los trabajadores del RAP por lo general no eran conscientes de la situación. ¨El nuestro -dice un operador de calle que pide reservar sii nombre- es un trabajo triste. Estamos en contacto con una realidad dura. Nos pagan mal, a veces cada tres meses, y ademiís nos toman ci pelo. Nos mandaban a atender a alguicn, hacíamos cl informe y al otro día lo desalo jaban. Era impresionante ver la vereda impecable, como si nunca hubiesen estado ahí.¨

NÚMEROS CONTRADICTORIOS La principal función del RAP es incluir a los sin techo enn los dispositivos de atención de emergencia. Una posibilidad es derivarlos a un parador, donde adem ís de dormir en una cama pueden bañarse y comer. Entre hogares y paradores del Estado y de las organizaciones de la sociedad civil hay 489 cantas para varones y 34 para mujeres. Para familias en situaci(ín_de calle hay 140 camas en un nuevo parador en costanera sur. En este último, por falta de personal, las vacantes nunca se completan. En totai, ci número de plazas disponibles alcanza para alojar a la mitad de la gente que duerme a la intemperie.
Otra opción es incluidos en alguno de los planes asistenciales que se acunm1aron a lo largo de varias gestiones. El presupuesto para cl rubro, sin embargo, no crece al mismo ritmo que la cantidad de gente que lo necesita. ¨En 2009 -explicó a Caras y Caretas cl legislador porteño Eduardo Epsztcyn (Diálogo por Buenos Aires)- se dispusieron 63 millones de pesos para subsidios de emergencia habitacional, y se prevé incrementarlo a cien millones et 2010.¨ Según cl legislador Martín Houret (Igualdad Social), esto implica una disminución de recursos. ¨El número de personas en situación de calle -declaró- se duplicó y ci presupuesto que maneja Desarrollo Social porteño sólo subió un 48 por ciento respecto de 2009, unas cifra que, gracias al increinento de personas sin techo, cayó un 26 por ciento per cápita¨ Pero aun esos números son inciertos. El gobierno de la ciudad hace un operativo de una noche en la que varios operadores salen a pasar revista de cuántos hombres y mujeres (lucrtnen en plazas, estaciones, halls de edificios y denaís huecos. El último arrojó 1.400 personas. Para Médicos del Mundo ese número es irreal: sus propios estudios dicen que la cifra se acerca a los diez mil. Incluyen en ese número a gente que ¨sobrevive físicanietc en la calle, los recicladores y cartoncros, chicos de la calle, personas que habitan ell alhct;giies, hoteles y paradores tralnsitorios coli subsidio habitacional temporal en algunos casos, ocupantes precarios de casas y la gente quc vive en la calle de manera i nás global¨.
La diferencia de criterios no es menor: minimizar el problema implica realuéirlo casi a una cuestión estética. ¨A nosotros -dice el anónimo trabajador dei RAP-nos dan una hoja de ruta para aten der a la gente. A veces los funcio narios dei ministerio nos llaman porque hay gente dur iilietnlo ell al g( n lugar por donde va a pasar Macri u algún ministro, y la prioridad es sacarlos de ahí.¨ Pablo Díaz -un ex militar que ;in tes estaba a cargo de la recolección de residuos y ahora di rige cl RAP- suele presentarse en ese tipo de operativos. ¨Es un señor rubio, que siempre anda de traje -con tó a Caras y Caretas un indigente quc docente en la zona ele Con greso- y reparte su tarjeta. Nos promete darnos cosas y quiere que óiganlos que Macri es bueno.¨ Uno de los subsidios más comunes son los que se entregan mediante cl decreto de emergencia habitacional 690/ Gcba/06. Con esa norma, ci Ejecutivo porteño se autoinnpone dos Obligaciones: dar a lis beneficiarios un subsidio de 450 pesos durante cuatro meses, renovable a siete, y en ese período orientarlos para encontrar una solución definitiva al problema habitacional.
En la práctica, la entrega dei subsidio sirve para alquilar una habitación en un hotel, y nunca fue acompañada con un seguimiento posterior a las familias. Luego de varios amparos judiciales y de una recomendación de la Defenoría del Pueblo de la ciudad, la Justicia obligó al gohiern( a seguir pagándoles cl subsidio a las familias hasta que las oriente para obtener tila situación definitiva. ¨Nosotros mismos -explica cl operador del RAP- orientamos a la gente para que haga cl amparo. Como no hay ninguna solución a la vista, van a seguir en hoteles y cobrando ese subsidio hasta que ci gobierno tenga una política de vivienda claras¨ Pero eso parece lejos (le suceder. Según datos aportados porcl legislador Juan Cahandié (Encuentro Popular para la Victoria), ¨del total dec las construcciones implementadas a partir de 2007, ci 82 por ciento corresponde a las denominadas torres premium, es decir, c(» lglomenados que ofrecen servicios (pileta, SOlari(1ns, gimnasio, etc.) destinados a la población de ntás altos ingresos de la ciudad¨. Mientras tanto, ci Instituto de Vivienda de la ciudad, que debería dar solución a los problemas habitacionales de los porteños, sufrió un recorte presupuestario dei 33 por ciento. El mensaje de los números es claro: con Ucep o sin ella, laciudad está pensaba para los que pueden pagarla. Y para esconder a los Palomino debajo de la alfombra.


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