Epszteyn: ´Hay un desprecio profundo por la administración pública´

Por
eduardoepszteyn
Viernes, 14/12/2012
Diario Z - 15/02/2012
El nuevo auditor porteño dice que ¨el macrismo está acostumbrado a gobernar con prepotencia¨. Y, en medio de la discusión por los subtes y colectivos, asegura que hay que hacerse cargo del transporte que empieza y termina en la Ciudad.
Que la Auditoría no sea una morgue. Ése es el desafío que se impuso Eduardo Epszteyn, ex legislador ibarrista, cuando le tocó, el diez de diciembre del año último, asumir como integrante de uno de los organismos colegiados que debe controlar la gestión de Mauricio Macri. Epszteyn cree que hasta ahora la Auditoría se ha encargado de revisar las decisiones del Ejecutivo con tanto atraso que cuando los informes están listos puede ocurrir que el funcionario aludido ya no esté en funciones. ¿Cómo cambiar el funcionamiento del cuerpo? ¿Cómo acercar a los vecinos una institución que casi nadie conoce? En diálogo con Diario Z, Epszteyn habló de su rol actual y de la coyuntura política de la Ciudad. En pleno conflicto político por el traspaso del transporte, aseguró que el jefe de Gobierno porteño debería controlar el servicio ¨y no lo está haciendo¨.
Mauricio Macri judicializó el traspaso del subte y el gobierno nacional quiere que el Congreso ratifique el acta acuerdo. ¿Cuál es su opinión respecto de la disputa?
No cabe duda de que el transporte público que empieza y termina en la Ciudad de Buenos Aires debe ser jurisdicción de la Ciudad. La cuestión de los recursos es otra discusión. Macri los tiene. Hay que pensar en un rediseño de los mecanismos de control y hay que discutir el financiamiento. Se puede analizar la implementación de un subsidio cruzado: que el subte se financie con la recaudación por peaje. Que el auto particular subsidie el uso del transporte público. Hoy la recaudación por peajes está fuera del presupuesto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Lo importante es que la Ciudad debería controlar el servicio y no lo está haciendo.
¿Cómo termina esto?
Confío en que prime la racionalidad y que Macri decida gestionar en vez de hacer campaña. La gente está esperando que le resuelva el tema. No me parece que esta cuestión la deba resolver la Justicia, sino la política.
Usted habla como auditor. ¿Qué hace un auditor?
Ejerce el control externo al Poder Ejecutivo. El Poder Legislativo elige a los auditores. En general, el pueblo no está presente en el momento en el que el poder político toma las decisiones en las que se manejan fondos públicos. El auditor lo que se hace es llegar después a ver cómo se tomó esa decisión. La mirada del auditor, su trabajo, representa al vecino. La tarea se realiza ex post: una vez que la administración pública tomó las decisiones que tomó. En general, la auditoría está revisando la gestión del año anterior e incluso la de dos años antes. Cuando no es eficiente el trabajo se atrasa. El gran desafío es traer la auditoría a un control lo más cercano posible, incluso concomitante en algunos casos (es una discusión que tenemos que dar porque yo creo que la ley nos habilita para, en algunas cuestiones, ir a mirarlas en el momento en el que se producen) y por otro lado para actualizar. Cuando uno ve que la cuenta de inversión de la ciudad de Buenos Aires, que tiene que ver con los niveles de ejecución del gobierno porteño -y opera como indicador de eficacia- está atrasada tres años, somos conscientes de que tenemos que adelantar mucho trabajo. Ésa es una gran prioridad: actualizar la información para que la auditoría no sea una morgue donde estamos estudiando los cadáveres y haciendo medicina forense porque ya se fue el funcionario, porque ya pasó el tiempo, etcétera.
¿En qué tema están trabajando ahora?
Estamos trabajando con el bloque kirchnerista en algunas propuestas que tienen que ver con mejorar el plan de auditoría de este año que tiene que terminar de aprobar la Legislatura para que eso sea utilizado como un insumo para que el interbloque kirchnerista pueda pelear un mejoramiento del plan. En total somos siete auditores de diferentes fuerzas políticas. El otro gran desafío es abrir la auditoría a la sociedad: que la gente sepa que existe, que la gente sepa qué hace y que haya un ida y vuelta con los vecinos de la ciudad de Buenos Aires. Porque si vos hacés una encuesta hoy y les preguntás a los vecinos qué hace un auditor, nadie tiene la menor idea. A mí me nombraron auditor y mi viejo me preguntó ¨hijo, qué es eso¨. Si el padre de uno no sabe, estamos en problemas.
¿Para qué se puede acercar el vecino a la auditoría porteña?
Para todo. Cualquier denuncia que tenga, cualquier irregularidad que sienta que existe, nuestros despachos están abiertos. Nosotros sabremos cómo canalizar la demanda. Pero que se acerquen los vecinos nos sirve como insumo para saber cómo está funcionando la gestión, dónde hacen falta auditorías técnicas.
¿Y para qué sirven los informes que realiza la auditoría?
Nosotros giramos los informes al poder legislativo y en caso de que se detecten anomalías graves que den lugar a violaciones de la ley, la auditoría puede realizar denuncias penales.
¿Cómo se hace para separar la procedencia política de la tarea de auditar?
Por un lado, en el colegio de auditores hay varias fuerzas políticas representadas: somos tres representantes del bloque K, tres del macrismo y una de la Coalición Cívica. Eso produce un balance a la hora de la aprobación de los planes. Por otro lado, a mí no me preocupa el origen político. Me parece que está bien que la presidencia de la auditoría esté en manos de la oposición. Ahora, cuando hay irregularidades que son gravísimas aprendí que cuando uno trabaja con seriedad y demuestra que se cometen irregularidades, ante un delito evidente el funcionario se queda sin argumentos. Hay que trabajar con seriedad.
¿Qué errores repite Macri que quedan en evidencia a la hora de auditar?
Lo que se repite más que nada es un desprecio profundo por la administración pública. El macrismo es una fuerza que se caracteriza por tener muchos funcionarios que vienen del sector privado y no es lo mismo. Hay mucha decisión discrecional, sin fundamentos, mucho expediente con irregularidades. Acá en la auditoría estoy hace poquito, pero en la Legislatura, cada vez que yo pedí un expediente para mirarlo y me lo dieron encontré faltas graves. El expediente del Beara, el expediente del gimnasio, el cartel de Coca Cola, etc. Cada vez que fui a la Justicia gané porque había huecos legales serios porque el macrismo está acostumbrado a gobernar con prepotencia. La demostración clara es esto de los vetos: denota soberbia, denota prepotencia, denota falta de capacidad de negociación. Además creo que hay poca gestión, mucho show off y permanente victimización.
Y si hay poca gestión, ¿por qué gana Macri?
Esta ciudad tiene problemas culturales con el peronismo. Ahora: esta ciudad se benefició mucho con el gobierno de Kirchner. Ahora se va a ver con la quita de los subsidios cómo vivimos los porteños los últimos años: con nafta subsidiada, transporte subsidiado, servicios subsidiados. Con una calidad de vida sostenida en parte en base a subsidios nacionales. Ni qué hablar de los niveles de empleo. Y sin embargo el porteño le tiene como resistencia al kirchnerismo. Hay que terminar de dilucidar eso. Al kirchnerismo también le cuesta entender el funcionamiento del porteño. El gran desafío es intentar construir una fuerza política grande capaz de ganarle a Macri. Igual ahora Macri tiene el gran desafío hacia adelante que es mejorar la gestión. Tuvo cuatro años para aprender, vamos a ver si en este quinto empiezan a aparecer algunas obras de su gestión porque hasta ahora no se han visto.
Y quiere ser presidente.
Sí, pero me parece que va a tener grandes dificultades para articular un armado nacional.
Pero ahora pusieron a Emilio Monzó en ese rol.
No existe. ¿Quién es Monzó? Yo no lo conozco. No existe Monzó. No es con Monzó que se arma la cuestión nacional. Macri recibe de la última elección la posibilidad de ser el jefe de la oposición. Ése es el desafío que tiene Macri. Juntar una fuerza opositora en serio, que hasta acá aparentemente no se pudo. Políticos parados quedan dos: Cristina Kirchner y Mauricio Macri.
¿Y en la Ciudad cuál es el desafío para el progresismo a la luz de que Macri no pierde una elección desde hace años?
Para ganarle al macrismo hay que hacer algo más grande. Está demostrado que hay que construir una fuerza política más grande que lo que hoy representa el macrismo. El desafío es perforar la base electoral de Macri. Si algo hay que reconocerle al macrismo es que ha sabido construir una fuerza política de derecha en la capital. Porque el Pro hace diez años no existía en la política porteña.

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eduardoepszteyn